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martes, 16 de septiembre de 2014

LA PAZ ENTRE FRANCIA Y ESPAÑA 1559



 CURIOSIDADES:





Uno de los mayores logros diplomáticos conseguidos por España en la historia es el referido en la paz de Cateau – Cambrésis, que los historiadores suelen comparar con el tratado de Tordesillas de 1494. La corona consigue afianzar su supremacía en Italia, con presencia en los ducados de Milán, y los reinos de Sicilia, Cerdeña y Sicilia, el marquesado de Finale y de los presidios toscanos, que se obtuvieron después de la guerra de siena del 1555.




ASI QUEDÓ EL MAPA EUROPEO TRAS LA PAZ

Esta paz trajo una profunda revisión de las alianzas en Europa occidental. Llevaba la diplomacia española porfiando por una alianza con Inglaterra, ante la perspectiva del enemigo secular, Francia. Se iban a producir unos cambios fundamentados en 1554 con el matrimonio del príncipe Felipe, viudo de Maria Manuela de Portugal, con la reina inglesa María Tudor. Si bien, cinco años después, se iba a negociar la boda del ya rey de las Españas, que queda otra vez viudo, con la princesa Isabel de Valois, hijo del rey de Francia, que sería llamada por el pueblo Isabel de la Paz, puesto que se interpretaba de ese matrimonio que la dote más importante que portaba era el fin de cuatro décadas de guerras encadenadas.



MARIA TUDOR

Aún a pesar de lo dicho, en la política exterior antes de virar hacía Francia, se sigue apostando por la alianza con Inglaterra. Así, siendo Felipe II viudo otra vez, en 1558 presenta su candidatura ante Isabel Tudor, la hija de Ana Bolena, que había nacido en 1533. No resultaba una belleza ante los ojos, pero era joven, de unos 25 años, el rey le llevaba sólo seis. No resultaba ser algo molesto como fue casarse con Maria, que si era ya vieja. De este hecho hace mención el duque de Feria y en un párrafo en una de sus cartas a Felipe II:



GOMEZ III SUAREZ DE FIGUEROA CONDE Y i DUQUE DE FERIA

“Quando V.M. se casó con S.M. que haya gloria, lo sintieron los franceses en extremo, y también sentirán ahora que V.M. case con ésta, y tanto más cuanto que hay más esperanza de tener hijos ésta por su edad y disposición, que estas dos cosas tiene muy mejores que la Reina que haya gloria…”. Si bien en otro comentario le señala lo siguiente: “.. .en las otras disposiciones le hacía S.M. ventaja incomparable…” referente al aspecto religioso y el amor hacía España que profesaba Maria de Tudor que en Isabel no es así.

Sin embargo, esto último no impide a Felipe II dar órdenes a su embajador en Inglaterra, conde de Feria, para comenzar negociaciones. ¿se parece este caso al planteado en 1553 con Carlos V en la boda anterior? ¿Con las mismas condiciones? Sobre todo en la cuestión de los hijos, si los hubiere, deberían heredar Flandes e Inglaterra conjuntamente.

Se debe añadir que hay diferencias entre los dos proyectos de boda. Con María Tudor existía la condición de que el catolicismo fuera oficial en Inglaterra cuestión aparentemente sencilla puesto que Maria era católica. Pero con Isabel y sus mejores seguidores su pensamiento religioso había sido dirigido a un campo reformado, el anglicanismo, que chocaba con los sentimientos y posición de Felipe II. En las negociaciones pensaba Felipe II presentar una serie de exigencias con pocas compensaciones debido a que mandó salvar la vida en los tiempos de Maria en el trono de las manos del verdugo, sumando a esto la presión que se podía ejercer en Roma al Papa para que declarase como ilegítima a Isabel. Es más, hecho que podría conducir a Francia ir en apoyo de aquella que tenía mejores derechos a la subida al trono, según la ley romana, y que era católica, la princesa Maria Estuardo. 




MARIA ESTUARDO

Como se aprecia, Isabel podía perder el trono, y quizá la vida y Felipe II se podría encontrar delante de un bloque formado por Francia, Inglaterra y Escocia haciendo peligrar los países bajos que los rodeaban por todas partes.

De esta forma, le convenía a Felipe II ser aliado de Isabel, y estos argumentos serían llevados por Carranza, en la misión que Felipe II le hizo llevar cerca de su padre Carlos V, ya en Yuste, en el 58, del porqué de su apoyo a Isabel Tudor. Felipe II pensaba que Isabel Tudor estaba en peligro y dependía de su protección. Por tanto, presenta una serie de exigencias. Una es que Isabel abandone sus veleidades religiosas, aunque le llevara a distanciarse de muchos de sus seguidores. Y que en segundo lugar, los hijos del matrimonio, si los hay, que nadie piense que los hijos habrían de heredar también los países bajos, pues él ya tenía un hijo, Don Carlos, de quince años de edad. Y en tercer lugar, Felipe II tendría libertad de movimientos para salir de Inglaterra tantas veces como quisiera, en función de que debía gobernar otros reinos.




ISABEL TUDOR

Estas condiciones son las de alguien que se cree fuerte, pero Felipe II estaba mal informado. De esas exigencias, la de que Carlos sería el heredero a los países bajos es curiosa, puesto que ya estaban recogidos en el tratado matrimonial con Maria Tudor en el 1554. Carlos V en aquel tratado había creído que esa condición persuadía a los ingleses de que aquella boda les era favorable, para convencer a aquellos que no quería aquel matrimonio en Inglaterra. Y Carlos V llegó a la conclusión de lo difícil que era mantener a los Países Bajos bajo la monarquía católica y era preferible aquella alianza, para poder salvaguardar Flandes del acoso francés. 

Carlos V le dijo a su embajador Simón Renard “Es nuestro propósito que Inglaterra y estos Estados anden juntos, para ayudarse en todo momento…” 



FELIPE II

A la boda inglesa con Isabel Tudor el embajador, el conde feria, le decía a Felipe II: “cuánto más pienso en este negocio  (le escribía desde Londres), entiendo que él consiste en el marido que esta mujer tomare, porque si es tal cual conviene, las cosas de la religión irán bien y el reino quedará amigo de V.M.; si no, todo será borrado”.

Es decir, lo que estaba en juego era apuntalar lo que se logró bajo el reinado de Maria Tudor, o todo se iría por la borda. La clave de esto era la boda de la nueva reina. El conde de feria, falto de información, añade a Felipe II: “Si determina casar fuera del Reino, ella porná los ojos en V.M….”. Pero no era una cuestión que estuviera madura como se interpreta desde la contestación que da Felipe II a su embajador: “Lo que agora os puedo decir es que, por ser negocio de tan grande importancia y consideración…, quiero mirar y pensar mucho en ello…” . Por lo que la negociación se mantenía abierta. “Y entretanto, vos porcederéis en esto con la Reina por la vía que llévais… de manera que ni la déis esperanza ni la desconfiéis, sino que se vaya así entreteniendo el negocio hasta que yo me determine…”




ANTONIO PERRENOT DE  GRANVELA

Lo que se entendía por la protección a Isabel era dilatar las negociaciones, sin acabar de cerrar la boda. ¡Qué era lo que deseaba la Reina inglesa! Y sólo cuando Felipe II se dio cuenta que Isabel iba desatando sus ataduras poco a poco a Roma, le pareció oportuno amenazar con romper negociaciones matrimoniales. Y creía que esto sería suficiente para preservar sus intereses, pero poco a poco se fue convenciendo que esto no sería así. En ese punto intentó ya cerrar el acuerdo, pero obtenía respuestas dilatorias por parte de Isabel. Además, el pueblo inglés no quería que esta casara con un pretendiente extranjero. Aunque no se cerrara la boda, si que podía mantenerse la amistad. En esos tiempos Isabel llamaba a Felipe II: “frátre consanguíneo et amico nostro charissimo”. Sabiendo esto, y Felipe II, no le gustaba en realidad la boda pareció complacido comentando : “yo he quedado satisfecho”. De forma que la diplomacia de Felipe quedaba en libertad para negociar otra boda para el rey. Pusieron la vista en una hija de Enrique II.

Las razones que empujaban a Francia y España  hacia la paz era el cansancio de guerras entre ellos. Los problemas económicos que acarreaban en aquellos las guerras, que no declaraban un claro vencedor. Y eso hasta el punto que el 12 de febrero de 1559 Felipe II ordenó a Granvela desde Bruselas que no se rompieran negociaciones por estar muy endeudado y por que le llegaban avisos desde España de que ya no le podían enviar más dinero.



ENRIQUE II DE FRANCIA

Aún añadir que para ambos reyes, el problema religioso se había instalado en sus reinos, por un lado los brotes luteranos en la corona de Castilla, y por otro lado el avance de los hugonotes en Francia. Por ello, Enrique II de Francia deseaba detentar un mayor control religioso en sus dominios, y Felipe II regresar a España para lo mismo. En esta época Enrique II decidió que el tema italiano podía dejarse de lado. Italia, rica y vulnerable, que tantas discordias había traído a Francisco I y Carlos V, también atrajo a Enrique II pero la expedición de Guisa acabó en fracaso mientras las expediciones francesas en el norte habían sido beneficiosas para Francia; Verdún, Metz, Toul y Calais. En 1558 la diplomacia francesa acuerda una boda entre el delfín Francisco con un joven princesa hermosa; Maria Estuardo, reina de Escocía. Y en tras la muerte de María Tudor, accedía Isabel al trono inglés, de dudosa legitimidad por lo que se podía formar un bloque entre Francia, Escocía e Inglaterra. Era algo que hasta ese momento se quería mantener en secreto por lo que se abandonaba la vieja idea de controlar Italia. 

No obstante, en la corte parisina tenemos al duque de Guisa y sus seguidores a favor de la guerra, contrarrestado por otro partido que clamaba por la paz capitaneado por Montmorency, debido a que a este la paz le podría permitir recuperar la libertad perdida, al caer prisionero en la batalla de San Quintín.

En las primeras negociaciones de paz establecidas en la abadía de Cercamps, dirigidas por Francia por el condestable Montmorency y por España por el obispo Antonio Perrenot de Granvela, junto al duque de Alba, Ruy Gómez de Silva, el príncipe de Orange y el presidente del Consejo de Estado de Los Países Bajos. En estas conversaciones tuvo, sin embargo, un gran protagonismo Cristiana de Dinamarca, la prima carnal de Felipe II, como hija de Isabel de Austria, la hermana del emperador casada con el rey danés Cristián II. Después de la batalla de Gravelinas, y con la excusa de visitar a su primo, el duque de Lorena, prisionero de Francia, obtuvo un salvoconducto francés. En la entrevista celebrada en Peronne, en el 58, asistida por el cardenal de Lorena y por Granvela, que después serían dos principales negociadores de la paz de Cateau – Cambrésis. Posteriormente, en enero de 1559 , Cristina propuso que las negociaciones empezadas en Cercamps se trasladasen a Cateau – Cambrésis. Para España, aparte de los demás intereses tenía que defender a sus dos aliados; Saboya e Inglaterra. No había problema en devolver las plazas conseguidas en la guerra en la frontera de Flandes, pero si las condiciones en la devolución al duque de Saboya del Piamonte y la cuestión de Calais. Si Calais se perdía para Inglaterra, sería el comienzo del enfriamiento y posterior distanciamiento entre Inglaterra y España. 



CRISTINA DE DINAMARCA

Se sustituyó al duque de Feria como embajador en Inglaterra por el obispo Quadra que recibiría de Granvela desde la abadía de Cercamps lo siguiente: “En lo de Calais, temo que hallaremos mayor dificultad allá de lo que algunos se piensan, y jamás seré yo de parecer que de aquí les persuadamos que le dexen, pues aunque por su culpa le perdieron, en fin, fue por nuestra sociedad.”.

Hay un hecho trascendental en que las negociaciones entre Francia y España tuvieran buen puerto debido a que Felipe II, harto de aspirar a rey consorte de Inglaterra, dio su visto bueno para una tercera boda a sus diplomáticos en Francia con la muy joven Isabel de Valois, tenía 13 años. Y si se había fijado en un principio casar a su hijo Carlos con esta, fue desplazada por los intereses en juego por su padre Felipe II.

De esta forma, la paz fue firmada en Cateau – Cambrésis los días 2 y 3 de abril de 1559. Francia y España acordaban la devolución de sus respectivas conquistas en las fronteras de Flandes; San quintín volvía a Francia, y Marienbourg a España. También se recobró el estado tapón entre el delfinado Francés y el Milanesado español, siendo devuelto el Piamonte al duque de Saboya, y Francía devolvía Córcega a Génova, pero tendría en su poder Calais durante 8 años, y una cláusula de pago de 500.000 escudos sin al término de dicho plazo no la devolvía, como así ocurrió después. Se establecían acuerdos matrimoniales entre Felipe II e Isabel de Valois, y la del duque Manuel Filiberto de Saboya con Margarita, la hermana de Enrique II. Finalmente, en unas fiestas en París, Enrique II perdería la vida en un torneo caballeresco. Con lo que Francia entraba en un período de inestabilidad. El 20 de agosto de 1559, Felipe II regresaba a España.




REPRESENTACIÓN DE LA PAZ DE CADEAU-CAMBRESIS

Antes, en las instrucciones de 5 junio de 1558 al arzobispo de Toledo, Carranza, en su misión en Valladolid con la princesa Juana, y en Yuste con el emperador Carlos V, una cuestión a tratar era el gobierno de Flandes, donde Felipe II era reacio a dejar a Manuel Fibiberto, lo consideraba una persona poco grata para los naturales. Este general y su rey no mantenían buenas relaciones. Era un problema, tras la vacante dejada por la reina viuda de Hungría, la posición de mando en aquellas tierras no tenía las manos más adecuadas en el duque de Saboya. Felipe II piensa en el regreso de su tía, era uno de los principales encargos a Carranza: “…cierto, no sé en qué podría la dicha Reina servir más a Dios ( dice Felipe II a su hermana Juana) que en venir a regir y gobernar estos Estados, y si se podría escusar, sin cargo notable de consciencia, teniendo la obligación natural que tiene mirar por ellos..”.



ISABEL DE VALOIS

En todo caso se firmó como se ha dicho la paz en abril de 1559 y esta se recibió con alegría entre los vasallos de Felipe. Así desde el mes de marzo, en Napoles, se rezaba por ella porque se temía que apareciere la armada turca, como pasó en 1558. Se puede dar constancia de esto en una carta de Ayala a Granvela: “el correo partió de Bruselas a los cinco del presente, llegó con la buena nueva de la paz, de que se ha reçibido el contentamiento que es razón. Bendita sea Nuestro Señor que asy lo ha hecho, que bien creo que v.s. haurá sido mucha parte en ello, como tan zeloso de su servicio y de Su Mag.; y lo del casamiento es cosa muy açertada y con que se perpetúan más estos negocios… Este correo lleva póliças de DCCC mil ducados, como allá lo verá v.s., por los despachos que van, y queda lo de acá de manera que ha sido bien necesaria la paz”.

Tenemos también el texto de Francisco de Ibarra, desde Milán,: “… todo el mundo la vendize, juzgando las condiciones con que se han acabado por tan aventajadas. No se quexará S.M. de que le hayan casado con mujer fea y vieja y por quién haya de esperar a entrar en nuevos trabajos, sino que le han satisfecho en lo uno y dado la vida en lo otro, como bueno médicos…”.
Sin embargo, aquí podemos citar un testimonio desde lado francés, desde Augsburgo, el secretario Gámiz, al servicio de Fernando I, da la noticia a Gravela de que los franceses no estaban demasiado contentos con la paz: “estos embaxadores franceses aún la niegan y amenazan a quienes la han publicado con partidos tan vituperosos a su Rey.”

Por tanto, fue un escándalo esta paz para los franceses en aquel tiempo, y recibido con alegría por los españoles en tanto que fue más ventajosa para los últimos que cristalizó con el dominio sobre Italia, mientras Francia fracasaba en su gran proyecto sobre Inglaterra. Tras la paz, parece claro que en esos momentos España será la primera potencia en Europa.

En esas fechas, el 8 de mayo de 1559 tras concluir el primer parlamento convocado por la reina Isabel en Inglaterra fue introducir de nuevo declarar al reino inglés dentro de lo que conocemos por la iglesia anglicana. De esta forma, Isabel fue declarada cabeza de la Iglesia. El conde de Feria, en contacto con el Partido católico inglés, tenía la sensación que este giro de Isabel y el gobierno presidido por Cesil, iban a causar problemas para el país, porque podía ser atacado por Francia con la bendición de Roma. De forma que se convenció que en lugar de mantener la política de Felipe de apoyar la reina, se debería hacer lo contrario: “yo querría, cuando le daba cuenta de la grave situación religiosa en Inglaterra, que tal obra se hiciese por manos de V.M. no se nos pase Dios a los enemigos.”.

El duque de Feria pensaba que la guerra civil en Inglaterra era inminente, y con el peligro que los católicos, si Felipe no lo oía, buscaran la protección del rey francés. Felipe II ante esto pidió a sus asesores, que estaban negociando la paz en Cateau – Cambrésis, es decir, Granvela, Alba Y Ruy Gómez de Silva, con la excusa de llevar a don Carlos a Flandes, y poder de esta forma hacer desembarco en Inglaterra: “esta armada, puesta así a punto, podría servir en este medio que S.M. acá estuviese, para pasar a Inglaterra, ofreciéndose la necesidad, toda la gente de pie y de a caballo española que S.M. aún tiene, la que para este efecto habría de entretenerse, aunque para otro no fuese menester más.”. Se aconsejaba apoyar al Duque de Feria con dinero suficiente para apoyar al partido católico y dando instrucciones de que tuviera a Isabel de que  la amistad de España seguía vigente.

También: “esto a fin que cuando todavía nasciese rompimiento entre católicos y hereges, S.M. se halle confidente a entrambas partes, o a lo menos no sospechoso a la Reina y a los suyos, porque con esto no se les dé ocasión de acudir a los franceses y llamarlos en su ayuda, antes que S.M. se pueda haber apoderado de la tierra.”.

Tal empresa se inició pero no se llevó  a cabo, sin embargo, llegó a oídos de Isabel que la temió, y se preparó para lo que pudiera pasar, y esto fue de conocimiento de Quadra que dice: “he entendido que la Reina ha mandado por toda la costa hasta Cornualles, proveer de gente y encomendado que la tengan apercibida en diversas partes como es su costumbres, para lo que fuese menester…”. El gobierno de Isabel no escondía esto, declaraban que lo hacían en virtud de que un temporal arrojara a Felipe II a sus costas, y de esta manera poder hacer un buen recibimiento, y así se lo indicaron a Felipe II, pero Quadra apuntó que había otro motivo: “Otros piensan que esta gente la han apercibido por miedo que tienen de V.M.”.



fuente: felipe II y su tiempo