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miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA RETIRADA ALIADA DE AGOSTO DE 1914

CURIOSIDADES:


 
Bien es sabido que en los primeros días de agosto de 1914 comenzó la primera guerra mundial. Las divisiones alemanas entraron en Bélgica a través de las fronteras francesas, de suerte que a final de mes la situación en Francia era crítica, acechando las huestes alemanas la capital París. Forzado, el gobierno francés deja parís en Septiembre, se traslada a Burdeos. 

He leído esta tarde en Amiens los periódicos de la mañana, de París. Para mí, que conocía una parte de la verdad, me parecía increíble que un gran pueblo tenido en semejante ignorancia de la situación que no se halla directamente ante sus ojos. Los periódicos transmiten, como una charla infantil, cosas que decían de la guerra, en las tertulias de sus países, hace una semana. Ni una palabra de la caída de Namur, los diarios ingleses que traen la noticia no pueden circular en París, y el Daily Mail parisiense se vio obligado a publicar una negativa de la declaración del Departamento de Prensa inglesa que lo había publicado, y considerable charla sobre los nuevos acontecimientos del Mosa.



SOLDADOS ALEMANES ATRAVIESAN BRUSELAS


Esto no está bien. Pleitearé con el censor inglés para que deje pasar mi mensaje. Le garantizo que respecto ala situación de tropas, no tengo nada que decir que no sea ya conocido por el Estado Mayor alemán. No hay ninguna razón, ni táctica ni estratégica, para que no se publique una palabra de cuanto yo escribo. Y para obtener mi información no he roto ninguna promesa ni obligación. Me he movido lejos y de prisa en el Norte de Francia, entre el miércoles por la mañana y la hora que en esto escribo. El coche ha sido avisado y detenido quizás un centenar de veces; pero los pálpeles que llevábamos nos han permitido pasar por todas partes. Por otra parte, es importante que la nación sepa y compruebe ciertas cosas. Verdades amargas, pero podemos hacerles frente. Debemos limitar las pérdidas, comprender la situación, poner los pies en firme.

Para comenzar, digamos que el honor está a salvo. En todas las ocasiones duras que hemos presenciado, dechado y muestra de las más fieras luchas de la historia, no vi el miedo en el rostro de un solo hombre. Era un ejército roto y en retirada, pero no un ejército perseguido. Ni en las declaraciones de los oficiales, ni en lo que me dijeron otros oficiales no comisionados, ni tampoco en lo de los demás, hay una sombra de desmoralización. Nadie puede responder de todos, pero cada regimiento británico, y toda batería, que se sepa hasta el presente, ha cumplido con su deber. Y nunca ha habido más terrible deber.

Desde el último lunes por la mañana el avance alemán ha sido de la más increíble rapidez. Como os escribía ya, las fuerzas británicas sostuvieron una terrible lucha, que puede denominarse la acción de Mons, aunque cubría un gran frente, el domingo. El ataque alemán fue resistido hasta el límite extremo; una división entera tuvo que entrar en lucha después de una larga marcha, y sin tiempo para excavar trincheras. Los auxiliares franceses del ala derecha esperaban habérselas tan bien que ni siquiera se notase habían establecido contacto; pero no puedo decir si estaban igual unas cuantas horas más tarde.

Más a la derecha, a lo largo del Sambre y en el ángulo del Sambre y el Mosa, los franceses, después de varios días de largo y valiente batallar, fueron rotos. Namur cayó, y el general Joffre se vio forzado a ordenar una retirada a lo largo de toda la línea. Los alemanes, cumpliendo unos de los mejores preceptos de toda guerra, no dieron un momento de descanso al ejército en retirada. La persecución fue inmediata, infatigable, continua. Aeroplanos, zepelines, coches acorazados y caballería fueron lanzados, como una flecha disparada de un arco, y sirvieron a la vez para fatigar a las columnas en retirada, y también para informar plenamente al Estado Mayor de los movimientos de las fuerzas aliadas.


SOLDADOS BRITÁNICOS QUE PARTICIPARON EN LA BATALLA DE MONS


Las fuerzas británicas retrocedieron por Bavai, en un frente entre Valenciannes y Maubeuge; después por Le Quesney, donde tuvo lugar una lucha desesperada, continuamente hacia el Sur. Los regimientos fueron gravemente maltratados, y el ejército roto se abrió camino a la desesperada en muchos puntos, hacia atrás y siempre hacia atrás, por la masa de enemigos, que estaban dispuestos a sacrificar la vida de cuatro de sus hombres por la de un soldado británico. No puedo decir, después de lo ocurrido, dónde están todas y cada una de sus unidades; pero había cosas que era indudablemente justo que se dijeran, y las he dicho.

Esta noche escribo oyendo el rugido de los cañones. Toda la tarde la artillería estuvo batiendo los caminos del Este. Un aeroplano alemán voló sobre nosotros esta mañana, y fue derribado.

Un chofer militar me dijo que el eje de su coche se rompió y tuvo que abandonarlo. Apenas había salido fuera del coche cuando se lo voló un obús. La Cuarta División, en unidades diseminadas, con el enemigo en los talones, cuanto de lo que quedaba de viente mil excelentes soldados, se infiltraba hacia el Sur.

Nuestras pérdidas son muy grandes. He visto los fragmentos de varios regimientos. Dejadme repetir que no hay aquí ningún fallo en la disciplina, ni pánico, ni uniformes amañados. Todos tienen un buen temple y no se dejan dominar de los nervios. Llega un grupo de hombres, un docena más o menos. Llega, bajo el Mando correspondiente. Los hombres están cansados de marchar, y deberían sentirse débiles de hambre, pues desde luego, ningún comisario puede evitar tal caso, pero no obstante, están firmes y de buen humor, y a menudo, se informan entre sí y preguntan noticas de su regimiento.

Vi a dos hombres dándose tales nuevas, después de saludarse amistosamente: “Mal trago hemos tenido, señor” era la frase usada en su regimiento. El otro dijo: “Temo que hayamos perdido mucho, señor”, cuando el otro le preguntó cuántos sobrevivían.

Manifiestamente, todas las divisiones estaban en acción. Algunas han perdido casi todos sus oficiales. Los regimientos quedaron rotos en pedazos y una buena disciplina y espíritu mantuvieron juntos aquellos fragmentos, aunque no sabían que había sido de las demás partes con las que antes habían formado un espléndido conjunto.



SOLDADOS FRANCESES TRAS UNA ZANJA


Hay algo que parece claro respecto a esta lucha: primero, el carácter colosal de las pérdidas alemanas. Confieso que al leer los partes diarios, el París, acerca de cuán mayores eran las pérdidas alemanas que las de los aliados, no me extrañó mucho. He observado en gran manera que el modo de guerrear de los europeos del Este. Cada uno cree haber aniquilado al adversario, y esto me ha vuelto muy escéptico en tales materias. Pero tres días entre los combatientes me han convencido de que en este caso, la historia no mentía.

Está claro también que aunque el Estado Mayor francés sabía que sus fronteras orientales eran tan perfectas que obligaron a Alemania a contornearlas para buscar un lugar débil, y aunque sabían que Alemania no se atrevería a enfrentarse a Inglaterra y a ultrajar la opinión internacional violando la neutralidad de Bélgica, no obstante, subestimaron la fuerza del golpe germano a través de Bélgica. Todas las estimas hechas sobre el efectivo del ejército alemán en Bélgica necesitan revisión, y tras la pantalla, en Alsacia y Lorena había estacionadas probablemente muchas menos de las que se supuso, o de lo contrario, Malhausen no hubiese tenido que ser reconquistada dos veces.

Los jefes alemanes en el Norte hacían avanzar sus hombres como si tuvieran de ellos un efectivo inagotable. Del valor de estos hombres no es necesario hablar. Avanzan en secciones profundas, tan poco extendidas que les permite permanecer casi en orden cerrado, con poco miramiento en el cubrirse., lanzándose adelante tan pronto como su artillería ha abierto fuego tras ellos en nuestras posiciones. Nuestra artillería abre largas brechas en el centro de las secciones, de modo que frecuentemente no queda nada de ellas excepto las alas. Pero apenas se hace esto, cuando aparecen más alemanas, saltando sobre sus propios muertos y rehacen la sección. La pasada semana su superioridad numérica fue tan grande que no se les podía detener más que a  las olas del mar. Sus granadas son bastante malas, aunque sus artilleros son excelentes en puntería. Por otra parte, sus cañones motorizados son de las más mortífera eficacia, y muy numerosos. Sus disparos de rifle no son de primera clase, pero sus número hace que al fin todo acabe en un ataque a la bayoneta. Son superiores en número de hombres y en cañones, en especial en cañones motorizados; usan el sistema, del mayor éxito, de acompañar el ataque con aeroplanos y zepelines; motores llevando cañones, y caballería. Los elementos de su presente éxito residen en su extrema movilidad.



ZEPELIN QUE BOMBARDEÓ LIEJA EL 6 DE AGOSTO


En resumen: el primer gran esfuerzo alemán ha tenido éxito. Debemos enfrentarnos con el hecho de que la fuerza expedicionaria inglesa, que llevó el gran peso de la ofensiva, ha sufrido terribles pérdidas y requiere de un inmediato e inmenso refuerzo. La fuerza expedicionaria británica, ha ganado, en verdad, una gloria imperecedera, pero necesita hombres, hombres y más hombres. El ataque sobre París no puede ser descartado del campo de las posibilidades. YO vi la abalanza amenazadora moviéndose hoy rápidamente. Queremos refuerzos y los queremos ahora. Si el jefe del Estado Mayor alemán, después de contar sus pérdidas humanas, ha de hallar que le han quedado bastantes hombres aún para intentar otro asalto con alguna esperanza de éxito, es de lo más dudoso. Su ejército ha hecho un colosal esfuerzo y se ha movido con extraordinaria velocidad. Es posible que sus límites hayan sido alcanzados.



fuente_ARTHUR MOORE en THE TIMES