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miércoles, 26 de noviembre de 2014

CABEZA DE VACA EN EL NORTE DE AMÉRICA

 CURIOSIDADES:





Corría el 1 de mayo de 1528, la costa oeste de Florida. En esas está Álvar Nuñez Cabeza de Vaca, el tesorero de Carlos I de España y alguacil mayor, y Pánfilo de Narváez, gobernador y el que ejerce la comandancia de la expedición, mirándose fijamente, aún sabiendo que el último es tuerto. El joven Cabeza de Vaca, con sólo treinta y cuatro años, mantiene una actitud prudente, aunque desafiante a su jefe, de casi sesenta años, de carácter de fuego e impulsivo. 

-“Vamos a penetrar tierra adentro, no me importa que esos indios posean flechas capaces de atravesar un nogal, en absoluto, nosotros tenemos lo que hay que tener, y nos acompaña el poder de nuestro Salvador Jesucristo, mejores hombres en la lucha…”. Comenta Pánfilo.

-“Con todos mis respetos, señor, yo estimaría conveniente permanecer junto a nuestros navíos, que están bien vigilados y fondeados en lugar seguro. Estimo prudente esto porque si nos alejamos de la costa perderemos de nuestra vista las embarcaciones y podríamos no volver regresar.”. Le dice Cabeza de vaca a su superior.

-“Será posible, con el oro y el maíz sembrado que hay por ahí, no te das cuenta de nuestra situación, tanta hambre en nuestros hombres, solo los mantiene el deseo de riqueza… no querrías que acabase todo en motín. Además… veo que no eres tan valiente como había estimado… correrías como una mujer si te toparas con un simple ratoncito… no eres más que un estorbo, Cabeza de Vaca.”. Le arroja estas últimas palabras a la cara.

El semblante de Cabeza de Vaca adquiere un tinte rojizo, de ebullición. El sabe que esas palabras son injustas, puede parecer un cobarde pero piensa en querer más aventurar la vida que poner su honra en esa condición.


LA RUTA QUE SIGUIÓ LA EXPEDICIÓN DE NARVÁEZ


Diremos que Cabeza de Vaca era un hombre inteligente y culto que ya participó en su juventud en la batalla de Ravena en Italia y en la toma del alcázar de Sevilla durante la revuelta de los comuneros de Castilla. Su apellido, es un orgullo para él, se dice que proviene de un antepasado materno del siglo XIII, que ejercía de pastor, un tal Martín Alhaja, que dispuso una cabeza de vaca devorada por los lobos como marca de paso a través de un pasaje secreto entre montañas. Esto ayudó a las tropas cristianas a derrotar a los musulmanes en la batalla de Navas de Tolosa. Por ello, Cabeza de Vaca, decidió usar el apellido de su madre en lugar del de su padre, Francisco de vera.

Seguiremos comentando que la expedición dirigida por Pánfilo de Nárvaez salió del puerto de Cádiz, concretamente de Sanlúcar de Barrameda, con el objetivo de conquistar y gobernar los territorios comprendidos entre el río de Las Palmas, actual Rio Grande, hasta el cabo de Florida.

La expedición constaba que cruzó el atlántico estaba integrada por cinco navíos, con unos 600 hombres a bordo. Pararon en la isla de Santo Domingo, La Española, para abastecerse de víveres y de caballos. De los 600 hombres, unos 140 se quedaron en aquella isla para hacer fortuna. Después de esto, la siguiente parada fue en Santiago de Cuba, donde se pudo alistar a nuevos hombres, y conseguir más caballos y armas. Sin embargo, en la villa de Trinidad, localizada en el centro sur de la isla se vieron sorprendidos por un temporal que destruyó a dos navíos y arrasó la localidad, de forma que perdieron unos 60 hombres y 20 caballos. Viendo la catástrofe, los hombres desmoralizados se decidió posponer la expedición una vez pasase el invierno.

Así, a principios de 1528 se embarcaron unos 400 hombres y 80 caballos en cuatro navíos y un bergantín. Fue unos días después, cuando divisaban la Habana, se vieron a alejarse de la isla por una nueva tempestad que les empujaría hasta la costa de Florida. Costeando por el litoral dieron con la bahía de Tampa, donde divisaron un campamento de indios.

“Los indios de aquel pueblo vinieron a nosotros, y aunque nos hablaron… no los entendíamos; mas hacíannos muchas señas y amenazas, y nos pareció que nos decían que nos fuésemos de la tierra, y con esto nos dejaron.”, según contó Cabeza de Vaca en su relato. Allí pudieron ver que habían cajas de los mercaderes de castilla, pero al abrirlas con horror descubrían que contenían un cadáver, cubierto con cuero de venado pintado. Con ello se dieron cuenta que no eran los primeros hombres blancos en pisar aquella tierra, sino que otros españoles se habían encontrado con un destino funesto.

Pues volviendo al principio, la discusión entre Pánfilo y Cabeza de Vaca, terminó en la decisión de adentrase tierra adentro en busca de la famosa provincia Apalache, según contaban los indios, repleta de oro. Para poder ir hasta allí contrataron un guía entre los indios a cambio de baratijas, cascabeles y cuentas de gran valor para ellos. El terreno era pantanoso, repleto de árboles gigantes.
Guiados por el indio llegaron hasta un río ancho y profundo dominado por una corriente muy fuerte, y tras detenerse a hacer acopio de madera talando algún árbol, construyeron una canoa, de forma que necesitaron un día para poder cruzarlo. Juan Velázquez, un miembro del grupo, pensó que era buena idea atravesar el río a lomos de un caballo, desgraciadamente ambos fueron engullidos por las corrientes del río, de suerte que con la carne del caballo recuperada muchos iban a poder comer esa noche.



CABEZA DE VACA PERDIDO CON LOS SUYOS TRAS EL NAUFRAGIO


Los días fueron dejando atrás el fuego expedicionario de encontrar el oro, y el hambre se iba abriendo pasos a través de los intersticios de sus mentes hasta conquistar sus voluntades. Además, se añadía las acometidas de los indios, que se acercaban a rastras sin producir ningún ruido. “Ven y oyen más y tienen más agudo sentido que cuantos hombres yo creo hay en el mundo. Usan arcos gruesos y largos, y por lo visto no fallan casi nunca el tiro. Siempre preparados, pasaban la noche despiertos con sus arcos y una docena de flechas a mano, si era necesario. Eso sí, sienten un temor absoluto por los caballos.”. Relata en sus memorias Cabeza de Vaca.

Finalmente, los aventureros arribaron a Apalache, una tierra que a simple vista les pareció despoblada y muy pobre. Trataron amistosamente con muchos indios, que les indicaron que debían dirigirse al pueblo de Aute, donde podrían hallar maíz, frijoles y calabazas, así como pescado, al estar cerca del mar. Eso hizo, y una vez en Aute, pudieron descansar varios días para luego encaminarse hasta la costa. Pero el hambre azuzaba tenaz, y pasados unos pocos días ya habían acabado con todos los caballos para su sustento, y el lugar fue conocido como la Bahía de los caballos. La gente comenzó a morir por desnutrición, otros flechados por los indios, así que decidieron los sobrevivientes continuar por mar.

Para ello fabricaron primero herramientas, y al cabo de un mes y medio tenían construidas cinco barcas. Se echaron a la mar, pero la navegación fue un suplicio, llegando a beber agua salada, padeciendo una fuerte tormenta y recibiendo más ataques de los indios. Llegaron hasta la desembocadura del Mississippi, el mayor río de todos que los recibió con su abrazo de muerte. La fuerte corriente reinante los llevó mar adentro y las barcas se fueron dispersando.

Al amanecer de ese día, Cabeza de Vaca se encontró frente a la barca del gobernador. “Él me respondió que ya no era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le pareciese que era para salvar la vida”. Es lo que le dijo el gobernador a Cabeza de Vaca. Esto ya era la demostración palpable que la expedición constituía un fracaso. Dos de las barcas se perdieron en las profundidades del océano, una de ellas la del propio Pánfilo de Narváez, una tercera zozobró y sus tripulantes se unieron a la de Cabeza de Vaca. 

Navegaron cuatro días en unas condiciones calamitosas hasta embarrar con violencia, y los marineros se fueron arrastrando por la orilla cuál muertos vivientes. Algunos indios que los vieron… “comenzaron a llorar recio, y tan de verdad, que lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de media hora”. Relató Cabeza de Vaca. En aquel lugar se encontraron con los capitanes Andrés Dorantes y Alonso del Castillo, y con toda la gente que formaba la quinta embarcación. Habían llegado a la isla que llamaron “de Mal Hado” en la actual Galveston, Texas., allí padecieron de hambre extrema y varios de ellos recurrieron al canibalismo. 

Cabeza de Vaca enfermó por aquel entonces, y permaneció un año con una tribu de indios fuera de la isla, donde se quedaron con él Hiéronimo de Alaniz y Lope de Oviedo, el resto partió hacia México. Posteriormente, se trasladó con los indios charruco, que moran en los montes, donde pasó unos seis años con ellos, ejerciendo de mercader, viajando tierra adentro llevando conchas de caracolas que eran usadas por los indios para cortar un tipo de fruta y debía regresar con pieles, con sílex para las puntas de las flechas o con caña resistente para las saetas. En ese tiempo no abandonó el lugar por Lope de Oviedo, que no quería regresar, y no sabía nadar. 

Más tarde, fueron informados por los indios que se habían visto más cristianos por la zona que eran maltratados por unos nativos. Estos eran el capitán Alonso de Carrillo, Andrés Dorantes y el Estebanico el negro, natural de Amazor, Marruecos, el primer africano que pisó esas tierras. Se encaminaron hasta allí, y tras recibir un recibimiento a base de palizas, y apuntaron los arcos a sus corazones, amenazando con matarles. Todos eran cautivos, y se hallaban en un punto cercano a la desembocadura del río Guadalupe en Texas. Entre los cuatro intrigaron para escapar de allí. Con lo que llegada la estación de las tunas emigraron con la tribu, decidieron permanecer meses con ellos para no establecer sospechas de que pensaban escapar. Cuando decidieron finalmente que el día había llegado, se vieron frustrados debido a una riña entre varios indios sobre una mujer. Con lo que debieron esperar otro año para poder partir y dejar a aquellos indios, como se relata en el siguiente enlace:




En su viaje entre indios hacía el oeste llegó un punto que vio un paisaje accidentado, con sierras despuntando en el horizonte y allí pudo ver los indios más blancos que hubiera visto hasta entonces. Aunque pensaban que estaban cerca del mar, se aventuraron entre las montañas, evitando la costa, donde había indios muy peligrosos. Fueron atravesando los actuales estados de Nuevo México y Arizona, costeando el golfo de California, pasando por Culiacán y llegando a Sinaloa. Alcanzaron el rio Petután, donde hallaron un poblado deshabitado con signos de que había habido cristianos allí y no muy lejos de allí encontraron a cuatro de ellos a caballo, que quedaron atónitos al descubrir que iban acompañados de indios y casi desnudos. El pueblo estaba abandonado porque los cristianos habían aterrorizado a los indios que moraban en él, y los acompañantes de Cabeza de Vaca eran unos 600 entonces, que se encontraron con el resto de los soldados en la provincia llamada La Nueva Galicia. Los cristianos quisieron esclavizar a los indios que acompañaban a Cabeza de Vaca, pero estos se rebelaron, “que los cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía el sol, y ellos de donde se pone, y que nosotros sanábamos los enfermos y ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros veníamos desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos y con lanzas; y que nosotros no teníamos codicia de ninguna cosa”. Relató Cabeza de Vaca sobre lo que dijeron los indios.

Los soldados españoles escoltaron a los hombres de Cabeza de Vaca hasta Veracruz, donde casi 10 años, después de la partida, Cabeza de Vaca embarcaba para España.


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA:


WE CAME NAKED AND BAREFOOT. THE JOURNEY OF CABEZA DE VACA ACROSS NORTH AMERICA. AUSTIN. UNIVERSITY OF TEXAS, PRESS 2003

CABEZA DE VACA, ALVAR NUÑEZ. NAUFRAGIOS Y COMENTARIOS. ESPASA-CALPE 2005