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martes, 3 de febrero de 2015

GRECIA Y SU INFLUENCIA EGIPCIA.

CURIOSIDADES:


EL CASTIGO DE LAS HIJAS DE DÁNAO


En el siglo V a.C., cuando el historiador griego Heródoto viajó a Egipto en busca de información para su historia de las guerras médicas, se encontró frente a frente con un mundo sin parangón con el de Grecia. Por un lado estaba el cambio de escala física: el inmenso río Nilo, el desierto, los grandes monumentos de la civilización faraónica... Por el otro, Heródoto quedó impactado por la profunda religiosidad y sabiduría de los sacerdotes y escribas de los templos de Sais y otras ciudades del Delta con los que conversó. Egipto se le apareció entonces como un país con una historia y unas tradiciones de insondable antigüedad; tanto que, en su opinión, la propia cultura griega debía de derivar de la egipcia en muchos aspectos. Por ejemplo, la mitología: «Los nombres de casi todos los dioses han venido a Grecia procedentes también de Egipto», aseguraba el cronista jonio.

Desde entonces, la fascinación por Egipto y su civilización milenaria ha sido una constante en el mundo occidental. La cultura egipcia siguió teniendo un prestigio inigualable en todo el mundo antiguo, aun después de que el país fuera conquistado sucesivamente por los persas, los macedonios y, finalmente, por los romanos. Y hasta cuando la cultura faraónica quedó borrada por el cristianismo y por el Islam, muchos siguieron creyendo en la sabiduría milenaria de Egipto. Por ejemplo, en el Renacimiento muchos filósofos creían que la ciencia secreta de la alquimia había sido inventada por Hermes Trismegisto, un sabio rey egipcio al que se identificaba asimismo con el dios egipcio Tot. En el siglo XVIII, la Ilustración situó igualmente en el antiguo Egipto los orígenes de la filosofía y el pensamiento racional; ¿No había hecho ya Tales de Mileto, el primer filósofo griego, un largo viaje a Egipto, un siglo antes que Heródoto? .Pero en esa misma época surgió en Europa una interpretación totalmente opuesta a la anterior. El renovado interés por el arte de la antigua Grecia, que en las artes plásticas dio lugar al estilo neoclásico, condujo asimismo a imaginar que los griegos habían creado una cultura absolutamente original, sin deudas con las civilizaciones de Egipto o de Oriente. Es lo que se denominó el «milagro griego», considerado como el acta de nacimiento de la cultura occidental. En los siglos XIX y XX tal sería la visión predominante sobre la cultura griega, una perspectiva eurocéntrica y que sin duda minusvaloraba las aportaciones de otras civilizaciones de la Antigüedad.

Rebelándose contra este planteamiento, en 1987 un profesor norteamericano, Martin Bernal, publicó una obra que desataría una gran polémica: Atenea Negra. Los raíces afroasiáticas de la civilización clásica. En ella, Bernal denunciaba motivos racistas y antisemitas en el triunfo de lo que llamaba el «modelo ario», la idea de que la cultura occidental tenía un origen exclusivamente griego, por tanto indoeuropeo. Basándose en un sinfín de argumentos míticos, históricos y lingüísticos, Bernal proponía reafirmar la influencia de Egipto y de Fenicia como elementos fundamentales en la formación de la cultura griega.

Una de las tesis más aventuradas de Bernal era la de que los egipcios conquistaron y colonizaron Grecia durante el II milenio a.C. El estudioso norteamericano veía un reflejo de este hecho en el mito de las cincuenta hijas de Dánao. Según la leyenda, Belo, rey mítico de Egipto, tenía dos hijos gemelos, Dánao y Egipto, los cuales tenían a su vez respectivamente cincuenta hijas y cincuenta hijos. El rey Egipto ordenó a sus hijos que se casaran con sus sobrinas, pero éstas huyeron con Dánao a Grecia, adonde las siguieron sus pretendientes. Al final se casaron, pero los jóvenes fueron asesinados en la noche de bodas, excepto uno, de quien descenderá el héroe Perseo.

Naturalmente, las lecturas históricas de los mitos son de dudosa validez, pues en ellos los hechos históricos se transforman combinándose con elementos ficticios. Resulta difícil de aceptar, por tanto, que el mito de las Danaides sea una prueba de la conquista y colonización de Grecia por los egipcios, entre otras cosas porque las Danaides no eran extranjeras, sino que volvían a la patria que había abandonado una de sus antepasadas, la heroína Ío.

Además, las pruebas documentales que aporta Bernal no parecen sostener su teoría de una colonización egipcia. Por ejemplo, la lista de lugares de Creta y del Egeo que se encuentra en la base de una estatua del templo funerario de Amenhotep III no se puede leer como una relación de territorios bajo el poder del faraón, pues el resto de los nombres que aparecen en el templo incluyen naciones que no eran vasallas de Amenhotep, como Asiria o Hatti. El conjunto de lugares y pueblos mencionados constituye más bien una especie de mapa del mundo conocido, presentado idealmente como rindiendo homenaje al faraón.

No por ello dejó Egipto de desempeñar un importante papel en el desarrollo del mundo helénico. Si la colonización egipcia de Grecia no parece haber existido nunca, están bien testimoniados, en cambio, intensos contactos comerciales entre ambas culturas. En la Edad del Bronce
(II milenio a.C.), tanto la Creta minoica como las ciudades micénicas mantuvieron relaciones con el Egipto de los Imperios Medio y Nuevo. Así lo demuestran los numerosos objetos procedentes del Egeo que se han encontrado en Egipto y, a la inversa, objetos egipcios hallados en el Egeo. En muchos casos, las ciudades fenicias debieron de funcionar como intermediarias, pero también sabemos de individuos griegos que residían en Egipto, al menos temporalmente, y de egipcios instalados en Grecia, seguramente con fines comerciales. Ésa es también la imagen que la Odisea transmite de Egipto, una tierra de infinitas riquezas en la que fondean Menelao, rey de Esparta, y su esposa Helena a su regreso de la guerra de Troya y desde donde volverán a su reino cargados de objetos preciosos. Asimismo, el rey de Ítaca Odiseo, en una de las historias que inventa para esconder su identidad, se presenta como un cretense que residió siete años en Egipto, donde amasó una gran riqueza, antes de embarcarse en una empresa comercial con un fenicio.

Durante el período arcaico, los contactos entre Grecia y Egipto alcanzaron un momento álgido con la fundación de Náucratis, una colonia comercial griega en el delta del Nilo. Autorizada por el faraón, se trataba de una colonia compartida por varias ciudades griegas con intereses comerciales en Egipto. Pronto Náucratis se hizo famosa en Grecia como un lugar de grandes oportunidades y donde llevar una vida de lujo y placer. La ciudad era conocida por sus prostitutas de lujo, como la legendaria Rodopis, a quien la poetisa Safo acusó de robar sus riquezas a su hermano, un comerciante griego establecido en la colonia. Una leyenda atribuía a Rodopis la construcción de la tercera de las grandes pirámides de Gizeh, la de Micerino.

Estos contactos comerciales favorecieron la llegada al mundo griego de influencias culturales egipcias. Así, en la arquitectura se han evocado orígenes egipcios para el orden dórico, y en las artes plásticas la huella egipcia se aprecia en las pinturas minoicas de la isla de Tera (Santorini) y en las esculturas de muchachos jóvenes, los célebres kouroi, típicas de la época arcaica. Del mismo modo, la influencia egipcia sobre la filosofía, las matemáticas o la medicina griegas parece haber sido considerable, aunque exista incertidumbre en cuanto a su extensión y hoy tienda a valorarse más la importancia de las civilizaciones del Próximo Oriente en la formación de la cultura griega. Comoquiera que sea, algunas tradiciones griegas presentaban a los egipcios como maestros de Grecia, y esa creencia se ha mantenido desde los romanos hasta Bernal. Hasta qué punto tienen razón sigue siendo objeto de debate, uno más de los misterios por resolver del antiguo Egipto. 



FUENTE- Jesús Carruesco. Instituto Catalán de Arqueología Clásica. Universidad de Tarragona,

martes, 26 de agosto de 2014

LA PESTE DE ATENAS


CURIOSIDADES:


Tucídides, historiador ateniense nacido entre el 460 a.c. y muerto el 396 a.c. nos relata la peste que aconteció en el año 430 a.c. sobre Atenas, que causó grandes estragos sobre la ciudad. El fue testigo directo durante el azote, sino como deja anotado, fue afectado por la enfermedad, lo que le permite dar de primera mano una relación de los síntomas de la peste, así como describir lo que él vio. El texto forma parte de la Historia de la guerra del Peloponeso en su libro segundo, ocupa los capítulos XLVII al LIV.






Así se celebraron las exequias de este invierno transcurrido el cual terminó el primero de esta guerra. Y tan pronto comenzó el verano los dos tercios de las fuerzas de los peloponenses y de sus aliados, como el primer año, invadieron el Ática. Los mandaba Arquídamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios. Acampando, devastaron el territorio. No hacia aún muchos días que estaban allí cuando comenzó a declararse la epidemia entre los atenienses; se dice que había atacado ya antes muchos lugares, Lemmnos entre otros, pero una plaga tan terrible y una tal mortandad de gente no se recordaba en ninguna parte. Los médicos, que no la conocían y la trataban por primera vez, no podían nada contra ella, sino que ellos mismos eran sus primeras víctimas, pues eran lo que más se acercaban a los enfermos, y tampoco valía otra ciencia humana. Hicieron plegarias en los templos, consultaron oráculos y recurrieron a prácticas semejantes, pero todo fue inútil y acabaron por renunciar, vencidos por el daño.

El mal comenzó primero, según dicen, en Etiopia, más arriba de Egipto; descendió después a Egipto, a Libia y a la mayor parte del imperio del Rey. En Atenas cayó de improviso y primero atacó a la población del Pireo; por esto corrió el rumor de los peloponenses habían tirado veneno en los pozos, ya que allí aún no había fuentes. En seguida llegó a la ciudad alta y entonces la mortandad fue mucho mayor. Sobre esta epidemia, cada cual, médico o profano, diga según su parecer cuál fue el origen probable y cuáles las causas que cree de fuerza suficiente para provocar perturbación tan grande. Yo, por mi parte diré sus características y mostraré los síntomas a vista de los cuáles, si volviese a sobrevenir, teniendo una idea previa, mejor se podría diagnosticar. Porque yo mismo padecí la enfermedad y vi a otras personas afectadas por ella.


ATENAS SE HALLABA EN UNA ÉPOCA DORADA.


Aquel año, según reconocía todo el mundo, fue un año exento de las enfermedades ordinarias, y si había algunos casos todos se resolvieron a los que estaban buenos de buenas a primeras les venían unas fuertes fiebres de cabeza, rojez e inflamación en los ojos, y , por dentro, la garganta y la lengua inmediatamente se inyectaban en sangre, la respiración era irregular y el aliento, fétido. Después de estos síntomas sobrevenían estornudos y ronquera y en no mucho tiempo el mal bajaba al pecho y producía una fuerte tos. Cuando se fijaba en el estómago lo revolvía y seguían todos los vómitos de bilis que han especificado los médicos, acompañados de un gran malestar. A la mayor parte de los enfermos les vino también dolencia sin vómitos, que producía violentos espasmos, que en unos cesaban inmediatamente y en otros mucho después. Por fuera, el cuerpo no era muy caliente al tacto ni tampoco estaba pálido, sino rojizo, lívido y lleno de pequeñas flictenas o úlceras; pero por dentro escocía tanto que los enfermos no podían soportar el contacto con los vestidos y sábanas más ligeras, ni estar de otro modo sino desnudos, y con gran anhelo se hubiesen sumergido en agua fría. Y así lo hicieron tirándose en los pozos, muchos que no estaban vigilados, acometidos por una sed inextinguibles; pero era igual beber mucho que poco. Además, la falta de reposo y el insomnio les daba una angustia continua. El cuerpo, mientras duraba la enfermedad, no se marchitaba, sino que resistía desesperadamente el malestar; de manera que, o bien la mayoría morían a los nueve o siete días consumidos por el fuego interno cuando aún tenían alguna fuerza, o bien si escapaban a este término, el mal bajaba hacia el vientre y se producía una ulceración violenta acompañada de una diarrea rebelde a consecuencia de la cual la mayoría sucumbían de debilidad. El mal, fijado primero en la cabeza, comenzando de arriba, recorría todo el cuerpo, y los que sobrevivían a sus más graves ataques quedaban con señales de ello en las extremidades, porque atacaba las vergüenzas, las puntas de las manos y pies, y muchos salieron del trance perdiendo estos miembros, y algunos hasta los ojos. A otros, cuando se restablecían, les sorprendía un olvido de todo y no se conocían a sí mismos ni a sus amigos.

El carácter general de la enfermedad es imposible de escribir, y sus ataques eran de una violencia que la naturaleza humana no resiste, pero sobre todo el siguiente detalle demostró que era diferente de las afecciones ordinarias; los pájaros y cuadrúpedos que se alimentan de carne humana, entonces cuando había muchos cuerpos sin enterrar, o no se acercaban, o si los probaban, morían. Y la prueba; la desaparición de estas aves de rapiña fue manifiesta, y no se les veía junto a los cadáveres, ni en ninguna otra parte. Los perros, que conviven con el hombre, permitían mejor la observación de los efectos.

Dejando aparte otras muchas particularidades ya que cada una era diferente de la otra, tales fueron, en conjunto, las características de la enfermedad. Y durante aquel tiempo no se hizo sentir ninguna otra enfermedad habitual; y la que se presentaba acababa en esta. Unos morían por abandono y otros, a pesar de todas las atenciones. No se encontró casi ni un solo remedio que se pudiese aplicar con segura eficacia, pues lo que iba bien a uno perjudicaba a otro.  Ninguna constitución, fuese robusta o débil, se mostró capaz de resistir el mal, sino que a todas indistintamente las arrebataba cualquiera que fuese el régimen seguido. Pero lo más terrible de toda la enfermedad era el desánimo de quien se sentía enfermo, porque, abandonándose a la desesperación se entregaba mucho más fácilmente y no intentaba resistir, y también al hecho de que, contagiándose los unos a otros, morían como ovejas. Esto es lo que causaba más gran mortandad. Ya que, si por miedo no se querían visitar unos a otros, los enfermos morían abandonados, y muchas casas quedaron vacías porque nadie se preocupaba de ellas. Sucumbían precisamente los que presumían de sentimientos humanitarios. Por pundonor no se quejaban, entrando en casa de los amigos, cuando hasta los familiares, vencidos por el exceso del mal, acababan por cansarse de los lamentos de los moribundos. No obstante, los que se habían salvado de la enfermedad eran los que más se apiadaban del moribundo y del enfermo, porque tenían experiencia y se sentían ya seguros; y es que el mismo hombre no era atacado dos veces, al menos con afección mortal. Y recibiendo las felicitaciones de los demás, ellos mismos, en el exceso de la alegría del momento, tenían para el porvenir la vana esperanza de que ya no morirán  nunca más de otra enfermedad.

Acentuó la angustia para los atenienses, en medio de la calamidad presente, la evacuación de los campos a la ciudad, sobre todo para los refugiados. Pues como no había casas para ellos y vivían, en pleno verano, en barracas hacinadas, la mortalidad se producía en medio de la confusión; mientras iban muriendo quedaban, ya cadáveres, unos sobre otros, y se arrastraban medio muertos por las calles, y junto a todas las fuentes por anhelo de agua. Los templos estaban llenos de cadáveres de los que allí mismo morían, porque la violencia del azote era tal que los hombres, no sabiendo qué sería de ellos, tendían a no hacer caso de la religión ni de la decencia. Todas las costumbres  que antes se observaban en los entierros fueron trastornadas y enterraban a cada cual como se podía. Muchos, por falta de lo necesario, pues habían tenido ya muchos muertos, recurrían a modos de enterrar indecorosos. Unos depositaban sus muertos sobre piras que no eran suyas, anticipándose a los que las habían construido, y les prendían fuego; otros tiraban el muerto que llevaban sobre otro, que ya ardía, y se iban. 




LA PLAGA DE ATENAS


La plaga introdujo también en la ciudad otros desórdenes más graves. La gente buscaba, con especial osadía, placeres que antes se ocultaba, porque veían tan bruscos cambios en los ricos, que morían súbitamente, y de los que antes no tenían nada y que de repente adquirían los bienes de los muertos. Y así, considerando igualmente efímeras la vida y la riqueza, creían se habían de aprovechar rápidamente y con afán. Nadie tenía ánimo para perseverar en un noble propósito por la incertidumbre de si moriría antes de poder alcanzarlo. El placer inmediato y todos los medios que a él conducen, se constituyó en lo bello y lo útil. Ni el temor a los dioses, ni la ley humana les retenía, porque al ver que todos morían y por otra parte nadie esperaba vivir hasta que se hiciese justicia y recibir el castigo de sus delitos. Más grave era la sentencia dictada que pendía ya sobre sus cabezas, y antes de que cayese, era natural que sacasen algún provecho de la vida.

Tal era la apesadumbrante calamidad que había caído sobre los atenienses; dentro de la ciudad la gente moría, y fuera, se devastaba el territorio. En medio de la desgracia, como es natural, entre otras cosas se acordaron de este verso, que los más viejos debían haber oído cantar hacía tiempo: “Vendrá la guerra dórica y con ella la peste”.

Es verdad que surgió una discusión sobre si no era loimós (peste) la palabra usada en el antiguo verso, sino limós (hambre), pero dadas las circunstancias, prevaleció la opinión de que era peste, pues la gente conformaba el recuerdo a los males que sufría. Pero si jamás vuelve a estallar una nueva guerra dórica después de esta y acontece una plaga de hambre, probablemente recitarán el verso en este segundo sentido. Los que no conocían trajeron también a colación el oráculo dado a los lacedemonios cuando, al preguntar al dios si habían de ir a la guerra, les respondió que la victoria seria de ellos si combatían con todas las fuerzas, y les dijo que él, el dios, se pondría de su lado. Se imaginaban pues que los acontecimientos correspondían al oráculo porque la epidemia se declaró acto seguido que los peloponenses hubieron invadido el Ática, y no penetró en el Peloponeso, al menos en forma digna de mención, sino que produjo sus mayores estragos en Atenas y después en las otras localidades más pobladas. Esta es la historia referente a la epidemia.


jueves, 10 de julio de 2014

ENEAS LA ODISEA DEL HÉROE TROYANO.

CURIOSIDADES:


REPRESENTACIÓN DE LA CAÍDA DE TROYA


En la historia de la guerra de Troya tal como la narra Homero, Eneas aparece como un personaje secundario, eclipsado por héroes más luminosos como el griego Aquiles o el troyano Héctor. Tiempo después, sin embargo, la literatura latina, particularmente el poeta Virgilio, lo convertiría en protagonista de una dramática epopeya con la que quedaron unidos dos grandes momentos de la Antigüedad: la caída de Troya y la fundación de Roma.
Aunque los autores latinos lo consideran troyano, Eneas procedía de otra ciudad de Asia Menor, Dardania, fundada por Dárdano, hijo del dios Zeus. Según la leyenda, Anquises, un descendiente de Dárdano, estaba en una ocasión apacentando el ganado en el monte Ida cuando la diosa Afrodita lo vio y se prendó de él. Eneas, el fruto de sus amores, se casó más tarde con Creúsa, la hija del rey Príamo, y ésa fue la razón de que, cuando los griegos de Agamenón y Aquiles pusieron sitio a Troya, Eneas acudiera a defender la ciudad al frente de los dardanios.

Eneas tuvo una participación activa y constante en los diferentes combates que se mantuvieron en la costa de Troya, a pesar de que se quejaba de la poca estima de Príamo. La Ilíada cuenta cómo Eneas resultó herido por una inmensa piedra que le lanzó el griego Diomedes. Afrodita acudió en ayuda de su hijo, pero, poco avezada en las lides guerreras, también resultó herida. Sólo gracias a Apolo, que logró por tres veces detener al gigantesco Diomedes, Eneas pudo salvar su vida. En otra ocasión, el dardanio se propuso rescatar el cadáver de su cuñado Alcátoo, atemorizando para ello a varios guerreros griegos, como Idomeneo.

El duelo más destacado que libró Eneas en Troya fue contra el mismísimo Aquiles. Según cuenta Homero, cuando el héroe griego decidió regresar al combate para saciar su sed de venganza contra el príncipe troyano Héctor,  Apolo lanzó a Eneas contra él. No era la primera vez que ambos se encontraban cara a cara, pues tiempo atrás el terrible caudillo griego había llegado hasta el monte Ida, donde Eneas pastoreaba a sus rebaños, con el fin de robarle. Así, cuando Aquiles vio a Eneas de nuevo ante él, le preguntó amenazante si su afán de lucha venía motivado por el deseo de ocupar el trono de Príamo y le recordó que ya lo había puesto en fuga anteriormente. Pero Eneas no se arredró y le recordó que ambos eran hijos de diosas. Se entabló el combate, y de seguro Eneas habría perecido a manos de Aquiles si Poseidón no hubiese intervenido envolviéndolo en una nube y llevándoselo en volandas a un lugar seguro. Entonces el dios del mar profetizó que los troyanos sobrevivirían a través de la estirpe de Dárdano; la orgullosa Troya sería destruida, pero Eneas se salvaría para fundar un nuevo pueblo.

Cuando los griegos entraron en Troya y saquearon la ciudad, Eneas se retiró al monte Ida cargando sobre sus hombros a su padre Anquises y llevando de la mano a su hijo Ascanio. En cambio, su esposa Creúsa, que se había quedado rezagada mientras huía de las llamas, murió en el intento. Eneas permaneció un tiempo reinando en el Ida, hasta que dos hijos de Príamo que habían permanecido a salvo durante el sitio se adueñaron de la zona. Entonces Eneas emprendió el largo viaje por el Mediterráneo que Virgilio relató en su Eneida del mismo modo que Homero había relatado el viaje de Ulises en la Odisea; sólo que, en el caso de Eneas, la travesía no fue tanto un regreso como un viaje hacia lo desconocido, hacia la realización de una profecía que cambiaría el curso de la historia.

Los supervivientes se dirigieron a Tracia, al norte del mar Egeo. Al llegar allí, mientras cortaban leña para hacer un sacrificio, Eneas vio cómo de las ramas manaba sangre y al momento una voz le narró la terrible historia de Polidoro, un hijo pequeño de Príamo al que éste había enviado a Tracia al comienzo de la guerra, pero que había sido asesinado por su tutor, Polimestor, para quedarse con su oro. La voz animó al héroe a dejar aquel lugar maldito y seguir su camino cuanto antes.

A continuación Eneas marchó hasta la pequeña isla de Delos, donde un oráculo le anunció que debía dirigirse a la tierra de sus antepasados, pero sin especificarle cuál era ésta. Eneas recordó entonces que Dárdano, el fundador de su ciudad natal, procedía de Creta, por lo que decidió dirigirse hacia allí. En la isla, una terrible peste lo obligó una vez más a partir, pero antes tuvo una visión en la que sus dioses familiares le dijeron que la tierra originaria de Dárdano se hallaba en Italia. El héroe, por tanto, puso rumbo hacia occidente.
Durante el trayecto, una tempestad lo arrojó a las Estrofíades, las islas de las monstruosas Harpías, al oeste de Grecia. Los viajeros se enfrentaron con estos seres, que tenían el aspecto de bellas mujeres aladas, y hasta lograron ponerlas en fuga. No obstante, la harpía Celeno les vaticinó que serían presa del hambre antes de que pudieran levantar los muros de su nueva ciudad. Luego siguieron bordeando la costa griega hasta llegar a Butrinto, en la actual Albania, donde vivía Héleno, otro hijo de Príamo que se había salvado de la destrucción de Troya. Héleno reveló a Eneas que debería asentarse donde encontrara una cerda blanca con treinta lechones, si bien antes debía visitar a la Sibila de Cumas, una sacerdotisa de Apolo que formulaba sus oráculos oculta en una gruta cerca de Nápoles. Todas las señales indicaban, pues, que Italia era la meta del viaje.


EL MÉDICO LÁPIX CURANDO HA ENEAS
De nuevo en el mar, Eneas decidió evitar el paso por el estrecho de Mesina, situado entre las monstruosas Escila y Caribdis, y prefirió bordear Sicilia por el sur. En la isla falleció su padre Anquises. Al intentar proseguir la travesía, una tempestad lo desvió y lo arrojó a las costas de Cartago. Allí, Afrodita se apareció a su hijo para comunicarle que no sintiera miedo, pues los cartagineses, en especial su reina Dido, les recibirían hospitalariamente. Y, en efecto, por intervención de Afrodita, Dido se enamoró de Eneas y quiso que ambos unieran sus pueblos y linajes. Pero Zeus se opuso y envió a Hermes (Mercurio) para advertir a Eneas de que debía continuar su viaje y cumplir con su destino. El héroe obedeció, para desesperación de Dido, que se suicidó.

De regreso a Sicilia, se celebraron unos grandes juegos funerarios en memoria de Anquises. Las mujeres troyanas, cansadas de tantos pesares, decidieron prender fuego a las naves y poner, así, fin al periplo. Pero Eneas obtuvo de Júpiter que enviara una tempestad para extinguir el fuego. Además, la sombra de Anquises se apareció ante Eneas para comunicarle que debía llegar hasta Cumas y descender a los infiernos. De nuevo, Eneas cumplió fielmente la consigna, y en Cumas logró que la Sibila le abriera las puertas del Hades. Allí se encontró con la sombra de Dido, por lo que supo de las terribles consecuencias de su partida de Cartago, pero también vio a su padre, quien en los Campos Elíseos le reveló el glorioso destino del pueblo que debía fundar en Italia.
Espoleado por sus palabras, Eneas se afanó en llegar hasta la desembocadura del Tíber y, tras remontar el río, puso finalmente los pies en una ciudad llamada Palanteo. Aún corrió más peripecias, hasta su muerte gloriosa y su consagración como héroe, pero aquél había sido el término de su viaje, pues Palanteo se alzaba en lo alto  de la colina Palatina, el lugar en el que un descendiente de Eneas, Rómulo, fundaría la ciudad de Roma.

FUENTE-Francisco García Jurado. Profesor Titular de Filología Latina. Universidad Complutense de Madrid,

domingo, 11 de mayo de 2014

EL PARTENÓN.

CURIOSIDADES:


ACRÓPOLIS EN 1863

cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa colina de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo alto, dominando el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy dañado que está el espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa Atenea, el templo que fue el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles, en los tiempos de mayor gloria de la democracia ateniense. El Partenón perdió gran parte de sus columnas y todo su techo, y de su magnífica decoración y sus relieves escultóricos casi nada queda. Sus ruinas revelan una larga y azarosa historia. Aun así sigue impresionando al visitante, por mucho que antes lo haya visto reproducido en mil ocasiones.



El Partenón se erigió entre 442 y 432 a.C., dentro del programa de reconstrucción impulsado por Pericles en la Acrópolis. La ciudadela había sido arrasada en 480 a.C.  por los persas, que pegaron fuego a sus muros y destruyeron el antiguo Partenón, pero Pericles decidió reconstruirla con un nuevo esplendor que expresara el poderío de Atenas. Ese plan incluía la construcción de la gran escalinata de los Propileos, el vecino templo de Erecteo, el templete dedicado a la Victoria y el espectacular Partenón, en honor de la diosa patrona y protectora de la polis, Atenea Virgen (Parthénos). Los arquitectos Ictino y Calícrates habían construido un templo sin par, y Fidias, el gran escultor y amigo de Pericles, revisó con ejemplar maestría el genial proyecto.


Durante los siglos siguientes, las diversas crisis y la decadencia política de Atenas fueron despojando a su Acrópolis de sus múltiples riquezas y de grandiosos monumentos. Sometida al dominio romano, algunos ilustres visitantes lograron adquirir allí famosas estatuas. A la destrucción contribuyó además un enorme incendio que tuvo lugar en el

siglo III d.C. Pero, sin duda, lo que más afectó a la conservación de los templos de la Acrópolis fue la llegada triunfal del cristianismo. A finales del siglo IV, el emperador Teodosio prohibió el culto a los dioses «paganos» y cmo consecuencia, la morada de la diosa Atenea –cuya estatua revestida de oro y marfil, esculpida por el genial Fidias, ya había desaparecido– fue reutilizada y consagrada como iglesia de la Virgen María.


A fines del siglo XII, cuando Atenas era ya tan sólo una pequeña ciudad de provincias, el arzobispo Miguel Coniata podía felicitar a sus fieles por acudir a adorar allí, en el espléndido templo de Nuestra Señora de Atenas, ya no a la falsa virgen Atenea, madre de Erictonio, sino a la Virgen María, madre del Salvador. La estructura del edificio no cambió mucho, pero la nueva sensibilidad religiosa introdujo algunos cambios en el interior y en las fachadas: se construyó un altar con baldaquino, se levantó un muro que cerraba los espacios laterales entre las columnas, se cambió la orientación de la entrada y se añadió una torre junto a la puerta. La decoración interior se enriqueció con brillantes mosaicos y en torno al altar se construyó un pequeño ábside, cerrando así la entrada oriental del antiguo Partenón.


Durante más de dos siglos, entre 1204 y 1456, la Acrópolis de Atenas estuvo en poder de distintos invasores procedentes de Europa occidental, desde francos a catalanes, para acabar en manos de una familia de banqueros florentinos, los Acciaiuoli. El Partenón dejó de ser una iglesia bizantina para convertirse en una catedral católica, y en su extremo sudoccidental se erigió una torre a modo de campanario. En ese tiempo llegaron a la ciudad algunos viajeros que nos dejaron descripciones del antiguo monumento. Un tal Niccolò de Martoni estuvo en Atenas en 1395 y escribió sobre ella en su Libro del peregrino. Más tarde, Ciríaco de Ancona la visitó dos veces, en 1436 y en 1444, y dejó noticias y algunos dibujos muy interesantes sobre el edificio.


Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia, visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler, quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como «la más elegante mezquita del mundo».


Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio. El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.


La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro y al pillaje durante muchos decenios.

Y entonces llegó lord Elgin, quien entre 1801 y 1811, a través de sus agentes, despojó al Partenón de sus relieves –una gran parte del friso de la

procesión de las Panateneas– así como de las espléndidas estatuas sobrevivientes del frontón oriental, el único que se ha conservado. Su espléndido botín se puede ver en la sala del Museo Británico dedicada al Partenón. Su actuación fue, y sigue siendo, objeto de enconadas discusiones, ya que privó a Atenas de un incomparable tesoro artístico, pero, por otro lado, puso a salvo esos restos del arte clásico transportándolos a Londres.


Desde su independencia en 1831, Grecia ha cuidado con especial esmero de la Acrópolis, eliminando todo lo que no era antiguo y tratando de recobrar el primitivo esplendor de antigua nobleza del conjunto. A comienzos del siglo XX se recompuso la silueta del Partenón, volviendo a erigirse muchas de las columnas truncadas y caídas, al tiempo que se recogieron y expusieron todos los fragmentos y reliquias del recinto en un museo. El nuevo Museo de la Acrópolis, inaugurado en 2009, es la coronación de un admirable empeño. Grecia aún mantiene la reclamación al Gobierno británico de los mármoles que se llevó lord Elgin. Y en ese nuevo museo hay una sala esperándolos, dispuesta para albergarlos cuando regresen. 


FUENTE- Carlos García Gual. Catedrático de Filología Griega. Universidad Complutense de Madrid,

lunes, 31 de marzo de 2014

LA BATALLA DE LAS TERMOPILAS.

La Batalla de las Termopilas es quizás uno de los Acontecimientos mas Relevantes de la Civilización de occidente en la antigüedad. Esta Batalla ensalza el valor del Pueblo Griego en su lucha contra el Poderoso Ejército Persa, el mas colosal Jamás Visto. Jerjes no entendió al Igual Que su padre 10 años antes, la idea de libertad del pueblo Griego que los unía y nunca renunciarían a ella, por eso en la Batalla de las Termopilas como en las posteriores batallas de Platea o Salamina Grecia conseguiría definitivamente librarse de la amenaza que representaban los persas.
LEONIDAS

Pero Pongámonos en antecedentes antes de meternos en plena batalla. Las Guerras Médicas fueron cruentas arrebatando la vida de cientos de miles de hombres tanto del lado Griego de como del Persa, el pueblo Persa avanzaba en busca de nuevas tierras a las que someter, en el 490 a.d Darío I invadió la tierra Helena pero en la batalla de Maratón cerca de la ciudad de Atenas  fue derrotado, aquella batalla es recordada por la proeza de Filípides un soldado Griego que pasaría a la historia por recorrer sin descanso los 42 kilómetros que separaban  Atenas de Esparta pidiendo ayuda para enfrentarse a la amenaza que se cernía sobre el pueblo Griego, algo determinante para la victoria, tiempo después esta acción instauró una disciplina dentro de las olimpiadas a la que se le dio el nombre de Maratón. Tras la derrota, los Persas se vieron obligados a regresar a casa con el rabo entre las piernas, la resistencia ofrecida por lo Griegos fue superior a la Esperada.


En el 485 a.d llega al Trono Jerjes I,  y en su cabeza estaba muy presente la humillación sufrida por su padre en Maratón y no estaba dispuesto a que eso quedase así, el pasaría a la posteridad como el que conseguiría someter al pueblo Griego. Para tal propósito reclutó el mayor ejercito jamás visto por el hombre , algunas fuentes nos hablan de tal echo pero las cifras son muy variables ya que no se ponen de acuerdo algunas sostienen que eran 250.000 y otras 2.000.000 de hombres, como vemos el baile de cifras es bastante significativo, pero por pura lógica la cifra mas elevada habría que descartarla, si bien es sabido que en muchos casos se exageraban el número según los intereses de  cada contendiente, por eso lo mas verosímil es que las fuerzas totales se acercaran mas a los 250.000 hombres teniendo en cuenta que este número de soldados tampoco es poca cosa.


Las levas de Reclutamiento recorrieron todos los rincones del imperio, dentro de este formidable contingente se encontraban los Inmortales o Meloforos un grupo de soldados que formaban parte de la élite y guardia personal dey rey, y que habían jurado lealtad hasta la muerte, ( como curiosidad hay que aclarar que el nombre de los Inmortales se le dio por parte de Herodoto haciendo hincapié en los 10.000 inmortales de la guardia de Jerjes I es posible que entre ellos no utilizaran este nombre, posiblemente ellos mismos utilizaran el termino de amigos ) ellos encabezarían la vanguardia del ejército, todos los preparativos estaban a punto Jerjes I rápidamente se Puso en marcha, el mundo Griego estaba de nuevo en peligro.
INMORTALES PORTANDO DIFERENTES ARMAS

Mientras los Griegos se reunían en un congreso Panhelénico en la ciudad de Corinto, donde se expuso todas las nefastas noticias que llegaban del otro lado del Bósforo. Hay que tener en cuenta que la situación que vivían los pueblos Griegos entre si no pasaba por sus mejores momentos, las continuas luchas, entre ellos habían levantado muchas cuentas pendientes, pero la situación precisaba que todos fueran capaces de dejar a un lado todo lo pasado y luchar juntos. La Inminente Amenaza que se les venia encima así lo requería, tras la finalización de la reunión  las Ciudades de Atenas y Esparta ponían la totalidad de sus ejércitos a disposición de la nueva alianza firmada, por contra las otras ciudades como Tespia o Tebas aportaron lo que buena mente pudieron. Al mando de Todo estaría Leónidas I rey de Esparta.

Pasemos hablar ahora de quienes eran los Espartanos y de donde venían. Siglo II a.d el pueblo Dorio tomo posesión de la región de Lacedemonia un Territorio hostil, acosados ​​por los pueblos que ya vivían  en esa tierra, el pueblo Dorio creo un sentimiento de unidad muy fuerte dedicado en exclusiva a las guerra, eso les tendría que valer para prevalecer ante todas las amenazas a las que se veían obligados a enfrentarse, ese sentimiento será la fragua que forjara el carácter Espartano, ya que estos son los herederos Directos de los Dorios.

Lacedemonia contaba con la defensa natural del rio Eurotas que se encontraba a unos 35 kilómetros del mar, lo que creaba un paso único de entrada y salida, si se conseguía controlar ese paso, los espartanos se podrían defender ante cualquier ataque, curioso es saber que las ciudades  Espartanas no contaban con la defensa de murallas ya que decían que las mejores murallas posibles eran sus propios escudos.

La población Espartana nunca llegaría a ser muy numerosa, y la culpa la tendrían ellos mismos, ya que bajo las estrictas normas de la Agogé les dejaban pocas opciones, una de esas leyes servía para decidir si un recién nacido era apto o no para formar parte del grupo, nada mas nacer era examinado y si por desgracia poseía algún tipo de problema o mal formación, era llevado a la cima del monte Teijeto y era arrojado desde lo mas alto, Esparta no aceptaba a nadie que no cumpliera escrupulosamente con la ley. esto y las continuas racias con otros pueblos no le facilitaban las cosas. Un ejemplo claro lo tenemos  cuando Roma conquistó Grecia en 146 a.c el pueblo Espartano apenas tenía hombres para su defensa. Tal era la exigencia y rigurosidad, en la vida de la Sociedad Espartana que no entendían otra manera de vivir la austeridad se reflejaba en todo incluso en sus viviendas.
Pero que tipo de adiestramiento recibían los hombres Espartanos?. Una vez pasado la prueba del nacimiento en la que formar parte del pueblo a los niños se les dejaba que corretearan y jugaran libremente por las calles, esta libertad no era muy duradera ya que con 6 o 7 años eran reclutados por el ejercito y comenzando con su adiestramiento.
ENTRENAMIENTO ESPARTANO
En el ejército estaba dividido en varios Estadios a la hora del adiestramiento, entre los 8 y los 11 Eran considerados chiquillos o Lobeznos, con esta edad ya se les adiestraba para que se preparasen para morir si era necesario ,era tanto la exigencia del adiestramiento que algunos no conseguían aguantarlo y estos eran arrojados desde el monte Teijeto o simplemente morían, luego entre los 12 y 15 años se les conocía como muchachos,  en otro grupo encontramos a los que estaban  entre los 16 y 20 años Llamados Irenes, de estos habían diferentes Grados 1º 2º y 3º. A partir de los 20 años ya se les podía considerar con lo necesario para formar parte del ejército, pero antes tenía que pasar una última prueba, la caza del hombre por el hombre la Critia, esta consistía en cazar a un ilota  ( esclavo ) al que si conseguía sobre vivir a la caza se le concedía la libertad, pero como podemos imaginar esto pocas veces pasaba, una vez cazado al ilota los demás soldados abrazaban al joven por haber conseguido su primer baño de sangre y se convertía por derecho en un hoplita pasando a formar parte del ejército.  Y si no morían en batalla conseguían licenciarse con 60 años, pasando a formar parte activa del senado o como profesores de los nuevos lobeznos. Otra curiosidad de la rigurosidad de la ley Espartana es que hasta los 30 años no se les permitía el matrimonio. Como podemos ver era una vida dedicada completamente al ejército.


En la batalla de las Termopilas el ejército Espartano no era muy numeroso, podía contar con una fuerza de 8.000 hombres distribuidas en 6 divisiones o Mora, al mando de estas se encontraba un Polemarca estas divisiones estaban a su vez divididas en 6 Lojos. La infantería Espartana atacaba de manera compacta formando un bloque muy heterogéneo en la clásica formación de falange, las armas que portaban eran sus temibles lanzas o Dory muy largas, echas de fresno las cuales manejaban con suma maestría, también portaban una espada o Xiphos de doble filo con la hoja recta algo mas ancha en la parte superior y por último pero no por eso menos importante era el escudo o Aspis que tenía forma de cuenco a causa de la cobertura de la madera, con un borde exterior casi plano el cual normalmente se reforzaba con bronce, y del que también eran grandes expertos en su uso tanto para defenderse cono para tacar con el. Para ver la importancia del escudo en Esparta podemos ver lo que le decía una madre a su hijo cuando marchaba a la guerra, retorna con él o sobre él, La leyenda nos cuenta que tras el regreso de un Espartano de un batalla portaba una herida en la espalda y su madre al verlo lo mató  en ese mismo instante ya que entendió que su hijo dio la espalda al enemigo huyendo de la lucha, hasta ese punto se podía llegar por mantener el honor.
Y quien era Leónidas I ?.
Leónidas I era el rey militar de Esparta, pertenecía al linaje de los Agidas, instruido bajo el rigor mas absoluto era el prototipo de hombre Espartano, de mente lucida y dispuesto a morir si era preciso ya que la batalla era lo que daba sentido a su vida.

Pero un pequeño problema se presentó para Leónidas, justo por aquel tiempo se estaba celebrando la festividad de la Carnea lo que prohibía cualquier tipo de acción militar, lo que se consideraba sacrilegio, pero en esta ocasión los éforos viendo la situación cedieron en el envío de tropas para poder hacer a los Persas, el único inconveniente era que Leónidas no podría contar con todo el ejército, por eso sabiendo que se dirigía a una muerte más que segura decidió reclutar a 300 hombres de la guardia real los Hippeis con la condición de que todos tuvieran descendencia y luego durante la marcha ir reclutando mas efectivos, la idea estaba clara aguantar todo lo que se pudiera y esperar la incorporación del grueso del ejército espartano. La leyenda de la batalla de las Termopilas cuenta que los espartanos fueron a consultar al oráculo de Delfos cual sería el resultado de la batalla y este les dijo o bien Esparta sería saqueada por los Persas o tendrían que sufrir la muerte de un rey descendiente del mismísimo Heracles una clara alusión a Leónidas que le consideraban descendiente de Heracles.

Leónidas hombre inteligente estudió la situación y tomó la decisión de ofrecer una resistencia efectiva ante el avance Persa, la batalla campal estaba descartada ya que no disponía de los hombres necesarios para ello, pero donde luchar? el lugar apropiado lo encontró en las Termopilas un paso estrecho situado a 160 km de Atenas junto a unos acantilados donde en algunos puntos podía contar con 15 m de ancho esto le proporcionaría a Leónidas la igualdad de las fuerzas ya que el poderoso ejército Persa no podría usar la baza de la superioridad numérica.


En el  verano del 480 a.d Leónidas ordena la marcha y en el camino fue reforzando sus tropas con contingentes de diferentes ciudades alcanzando la cifra de 5.000 hombres, como podemos ver los 300 Espartanos no estaban solos. Leónidas llegó unas semanas antes de la llegada de los Persas con lo que le dio tiempo de preparar bien la defensa arreglando un viejo muro construido por los Focios para defenderse de sus eternos enemigos los Tesalianos, es entonces que a Leónidas le llegan noticias de un pequeño paso en la montaña con el que los Persas podrían rodear las Termopilas, con lo que decide enviar a 1.000 soldados Focios para su defensa ahora solo quedaba esperar.
EJERCITO PERSA
Finalmente le ejército persa apareció cruzando el golfo Maliaco acercándose  al paso protegido por Leónidas, la visión de semejante poder Persa acongojo algunos griegos que en un consejo de urgencia propusieron la retirada hasta el istmo de Corinto, he intentar bloquearlos allí, pero los Focios se indignaron ante tal propuesta, de todas maneras Leónidas no pretendía huir, de su resistencia dependía el devenir de su pueblo y no pensaba faltar a su promesa de Espartano de vencer o morir.
Leónidas pasa revista a sus hombres, todos saben por que están ahí que es lo que se espera  de ellos. el momento de la batalla esta próximo. Por otro lado Jerjes I se sitúa con sus tropas delante del paso y ante el asombro de los Griegos espera durante cuatro días, en ese tiempo Jerjes I mando un emisario para negociar ofreciéndoles la libertad y el título de amigos del pueblo Persa, pero Leónidas rechazó la oferta el embajador ante la respuesta del griego increpó al Griego diciéndole que lanzasen sus armas al suelo a lo que Leónidas respondió Ven a buscarlas tu.
En el quinto día Jerjes lanzó un primer ataque mandó a la infantería ligera que estaba compuesta por  soldados de Media y de Juzestán, los Griegos formaron junto al muro, de esta manera todo el paso quedaba cerrado, el choque fue terrible entre la dos fuerzas, todo y la superioridad numérica de los Persas, los Espartanos aguantaban la línea sin mostrar la más mínima señal de debilidad, estaban convencidos de la superioridad de sus tácticas  en combate y sobre todo estaban mejor equipados, tanto por su armadura como por las armas que portaban, los Persas por contra iban con escudos de mimbre, espadas cortas y lanzas arrojadizas muy poco efectivas contra los escudos Espartanos. Los Griegos se mantuvieron hombro con hombro formando una muralla con sus escudos  y mientras ensartaban con sus largas lanzas los frágiles escudos  Persas que se deshacían tras las acometidas, para colmo sus cortas lanzas evitaban que pudiera llegarse a una lucha cuerpo a cuerpo ya que en ningún momento se pudieron acercar a los fuerzas Griegas, las primeras filas parecían que no avanzaban, las líneas de atrás esperaban pacientemente su turno de luchar pero no obtenían ningún resultado, de esta manera no podían hacer vales su superioridad numérica, los Espartanos no desfallecían ya que rotaban constantemente entre los que se encontraban en primera fila con los hombres de atrás evitando  de esta manera el cansancio.


Fueron tantos los Persas que murieron que el mismísimo Jerjes se levantó de su silla en varias ocasiones no podía dar crédito a lo que estaba viendo, La primera oleada Persa que había mandado fue destrozada por completo, mientras que las bajas Espartanas apenas fueron unas pocas. Hay que decir que esta manera de actuar de los Persas en las batallas era algo normal ya que normalmente el primer ataque que realizaban se basaba en el envío de gran cantidad de hombres con la intención de intimidar al adversario, y si por casualidad fallaba mandaba a los Inmortales, que normalmente ponían fin a toda resistencia, pero los Espartanos no temían a nada ni a nadie, y por otro lado estaban mucho mejor preparados que los ejércitos a los que se enfrentaban los Persas en el Medio y lejano Oriente.
PRIMER COQUE PERSA-ESPARTANO
Jerjes viendo el desastre dio orden de que los Inmortales atacasen 10.000 hombres más, aquí Leónidas opto por cambiar de estrategia ya que estos no eran simple soldados como los de la infantería ligera, si no la élite del ejército Persa, para asombro de todos dio la orden de retroceder al ver esto los Inmortales se lanzaron en su persecución de una manera alocada rompiendo por completo la formación pensando que los Espartanos huían, fue entonces cuando Leónidas dio la orden de dar media vuelta  y acometer contra los Persas algo que les pillo totalmente por sorpresa, esta acción de una falsa retirada valió para repeler nuevamente el ataque Persa.

Una anécdota curiosa de esta batalla vienen de las palabras de un Espartano llamado Dienekes que antes de entablar batalla dijo a sus compañeros que los arqueros Persas eran tantos que sus Flechas cubrirían el sol con ellas volviendo el día noche y que de este modo sería que mejor ya que no tendrían que pelear bajo el sol y podrían luchar a la sombra, como es lógico para los Espartanos el arco estaba considerado un arma poco honorable ya que evitaba el enfrentamiento directo. 
La mañana del segundo día despuntaba y Jerjes mandó una nuevo ataque contra los Espartanos, equivocadamente pensaba que los Griegos estarían fatigados y con muchas  bajas y heridos tras el día anterior y un nuevo ataque podría poner fin al conflicto, nuevamente la infantería ligera Persa era repelida. Como era posible cuatro miserables Griegos estaban consiguiendo frenar al formidable ejército Persa esa situación era de locos. En su desesperación mientras reflexionaba en su campamento Jerjes  recibió noticias de alguien que demandaba ser recibido.
La tragedia para los Griegos vino a modo de traición, un Tesalio de nombre Efialtes informo al monarca Persa de la existencia de un paso escondido en las montañas, cuales fueron sus motivos ?, la motivación más antigua del mundo la codicia el vil metal, tras la traición el nombre de Efialtes fue estigmatizado y se tradujo por pesadilla, llegó incluso a convirtiéndose en el la palabra utilizada para los traidores en Grecia.

Por fin una buena noticia, rápidamente Jerjes manda que se prepare una expedición de 20.000 hombres, al mando pondría a Hidarnes uno de sus comandantes, esa misma noche junto a de inmortales intentará cruzar el paso para rodear a los Griegos, dicho paso  rodeaba la colina del monte Anopea, consiguiendo de esta manera flanquear los acantilados, próximo a ese camino escondido se encontraba dos ramificaciones una que se dirigía a Focia mientras la otra bajaba al golfo de Alpeno.

Diodoro cuanta que un hombre de Cime,  aprovechó para escapar durante la noche del campamento Persa y reveló a Leónidas todo lo que estaba pasando, pero Herodoto no menciona nada de este suceso lo que si dice es que los Espartanos se enteraron gracias a unos desertores del bando Persa capturados por los Griegos.


Al amanecer del tercer día, los hombres que Leónidas había mandado para proteger el paso, se percataron del avance Persa, estos por su lado se sorprendieron mucho  al ver soldados Griegos guardando el camino ya que no esperaban encontrar a nadie, en un principio se temieron lo peor que los Espartanos le estuvieran esperando, pero Efialtes le tranquilizó confirmándole que no eran ellos, los Focios por su parte decidieron retirarse a una colina próxima para intentar preparar una mejor defensa, pero los Persas no tenían tiempo que perder y se abalanzaron sobre ellos abrieron paso con sus flechas los Focios pronto se retiraron, esa misma mañana Leónidas convocó un consejo, la situación era desesperada alguna voces pedían retirarse de inmediato, pero esa palabra no existía en el vocabulario  Espartano y él junto a sus hombres aguantarían todo lo que pudieran. Leónidas tenía un objetivo y estaba dispuesto a cumplirlo pero entendió que perder a mas hombres era totalmente innecesario y ordeno a otros que se retiraran ya que esas tropas podrían ser útiles más adelante, un contingente de 700 Tespianos se negaron a dejar solo a Leónidas También se quedaron 400 Tebanos. Esa misma noche mientras se acicalaban los soldados Espartanos, Leónidas mandó una proclama a sus hombres diciendo : Griegos mañana comeremos con Hades en el mismísimo infierno, la situación era clara morir hasta el último hombre.
Despuntando las primeras luces de la mañana Jerjes  mira a los cielos  y lanza unas oraciones a los dioses, tras finalizar las plegarias, manda que las tropas se preparen para la marcha, mientras Hidarnes junto a los Inmortales ya ocupaban posiciones en la retaguardia de los Griegos. Leónidas nuevamente cambió de estrategia y formo a sus hombres por delante del muro al descubierto esta vez serían ellos los que tomarían la iniciativa atacando, con esta acción intentaría causar el mayor número de bajas posibles entre los soldados Persas.
Jerjes cuando llega al campo de batalla sentado en su trono, ve como los Griegos se abalanzan sobre ellos, pero que locura es esa, hasta tal punto llega la arrogancia de esos Griegos, la respuesta Persa no se hace esperar y se lanzan al ataque, el choque fue terrible, el primero en caer fue Leónida y sus hombres formaron entorno a él, intentando evitar que su cuerpo fuera tomado por los Persas, las lanzas Griegas empezaron a quebrarse por el uso y las espadas terminaron por mellarse, los Inmortales avanzaban y los Griegos retrocedían poco a poco, hasta que llegaron al muro una vez allí los Tebanos arrojaron sus armas y avanzaron hacia los Persas con las manos en alto rindiéndose, el final estaba cerca una lluvia de flechas cubrieron el cielo poniendo fin a la batalla. Ni un solo Espartano quedaba en pie todos murieron alrededor de su rey. Posteriormente los Tebanos que se rindieron recibieron la marca real de Jerjes.
EL FIN PARA LOS ESPARTANOS
Finalmente el paso de las Termopilas estaba abierto, las bajas para los persas podrían rondar los 20.000 hombres mientras que para los Griegos fueron de 1.200 prácticamente la totalidad de ellos. Jerjes satisfecho pensó que el resto de la conquista no resultaría tan difícil, peo al igual que su padre 10 años antes se equivocaba ese verano fue terrible, para los intereses Persas, los Griegos enardecidos por lo sucedido en las Termopilas plantaron cara al invasor bárbaro consiguiendo derrotarlo en  las batallas de Salamina y Platea. De esta manera se ponía fin a las Guerras Médicas y se consiguió frenar el avance Persa, Grecia podía respirar tranquila.


Tras la victoria Griega la figura de Leónidas fue ensalzada como la de un héroe que dio su vida por la libertad de Grecia, como dijo Herodoto:
( Aquí se mantuvieron hasta el final, aquellos que todavía tenían espadas usándolas, y los otros resistieron con sus manos y sus dientes ).
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Desde luego, no es un épico cantar de gesta. todo lo contrario. Nos introducimos en la historia de Aristodomo el único superviviente Espartano de la batalla de las Termopilas, un valeroso combatiente que al retirarse a causa de las heridas, es despreciado por las gentes de Esparta ya que le consideran un cobarde.
Se narra la gesta de Leónidas y sus hombres en la terrible batalla de las Termópilas, para defenderse de la invasión de los Persas, dando mayor gloria a los vencidos que a los vencedores. Herodoto se encarga de contar toda la historia de lo sucedido, un libro muy recomendable.




Se narra la gesta de Leónidas y sus hombres en la terrible batalla de las Termopilas, para defenderse de la invasión de los Persas, dando mayor gloria a los vencidos que a los vencedores. Herodoto se encarga de contar toda la historia de lo sucedido, un libro muy recomendable.

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