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martes, 5 de mayo de 2015

TEOTIHUACÁN

MISTERIOS DE LA HISTORIA:





La ciudad de los dioses fue concebida por los hombres, se dice que hace casi 2.000 años. Lo que vemos hoy en Teotihuacán se le sumaban varios edificios más, hasta cubrir unos 20 kilómetros cuadrados en su máximo apogeo. En aquel entonces, dos avenidas se cruzaban de forma perpendicular, dividiendo la ciudad en cuatro sectores, tantos como puntos cardinales. Ellos concibieron, como hicieron otros pueblos en América, la ciudad como el centro de la creación; los mexicas en Tenochtitlán, los incas con Cuzco, la capital de su imperio, el Tahuantinsuyo, formado por cuatro provincias; Antisuyo, Chinchasuyo, Collasuyo y Cuntisuyo. En esas ciudades se establecía la comunicación con los dioses.


TEOTIHUACÁN


En su centro se erigían los templos, y adosados a ellos, los palacios de los gobernantes, quiénes eran los encargados de gestionar las instrucciones que recibían de los dioses, únicos intérpretes de su voluntad. En el centro de la cruz que dividía la ciudad, se establecía el enlace con las fuerzas ultra terrenas, era en ese lugar donde los ciudadanos debían ir a rendir culto y dar de alimento a sus dioses, que desde allí distribuían para la totalidad de la ciudad la energía espiritual. Si la conexión era interrumpida y los dioses o los fieles dejaban de acudir a ese lugar, la ciudad dejaba de tener ningún sentido, se iría desvaneciendo. Por ello, el posterior abandono de las ciudades americanas en el transcurso del tiempo debe encontrarse en las decisiones de los sacerdotes, y no en lo político o lo económico, es decir, en lo espiritual.

Hoy en día, solo queda una avenida de las dos originales que partía la ciudad en cuatro sectores. Y es la considerada más importante; “la calle de los muertos” o como la llamaban los aztecas “Miccaotli”, porque pensaban que en los templos  y las plataformas a ambos lados de ella eran depositarios de ilustres personajes. Mide unos 45 metros anchura y prosigue recta a lo largo de cuatro kilómetros. Fue concebido el conjunto para impresionar a los que peregrinaban de todos los rincones del estado para celebrar las ceremonias colectivas.

En los 1000 años que esa vía estuvo activa de rebosante actividad, se construyeron palacios y templos sobre templos.  Por su estructura anduvieron gentes desconocidas, como los sus dioses hoy olvidados. En su mayor apogeo se calcula que la ciudad albergó unos 250.000 habitantes. Desgraciadamente, nada quedó escrito por esas gentes, no sabemos que sintieron los señores de Teotihuacán, aquellos que no el pueblo no podía mirar de enfrente, los omnipotentes sacerdotes y reyes. Una de sus residencias fue el plació de Quetzalpapalotl, que es el más lujoso que queda en ruinas. Papalotl significa mariposa y el quetzal es un pájaro de hermoso plumaje, que simboliza el cielo; pero lo que viene representado en el palacio no es uno ni otro, sino un águila joven, sin apenas plumas, símbolo solar y de la vida que empieza, que renace en su capacidad creadora. 

Existen unas columnas que rodean el patio interior, donde el águila reina entre bandas de ojos, que son las estrellas, los ojos de la noche. Su religión fue una de vida, de la fertilidad, de la renovación de la tierra, el sol era el elemento masculino generador, y la tierra, regada por las aguas, la eterna madre fecundada.


PIRÁMIDE DEL SOL


Teotihuacán fue una ciudad de paredes pintadas. Sus templos y palacios fueron revestidos exteriormente de estuco policromado como en el Egipto o Creta. Se daba una gran relevancia al arte, el trazo de las formas. Ellos cultivaban filosofía y espiritualidad, en constante armonía con la naturaleza y, por ello, no es de extrañar el profuso y exquisito gusto por decorar sus estancias. Puede ser que nunca conozcamos el auténtico sentido de lo que quieren representar en sus grabados. Es posible que no representen como afirman los textos oficiales, al dios de la lluvia, Tlaloc, sino al sol, el águila recién nacida, el joven sol del equinoccio de la primavera, rodeado de toda la expresión de vida que su llegada significa, y una visión de paraíso de Tlaloc, con las almas jugando a las canicas o la pelota, risueña. Y no nos vaya a suceder que confundamos como le puede pasar a un africano bosquimano que cuando ve la representación sagrada de la última cena de Jesús, contempla un banquete de amigos en donde el homenajeado pronuncia unas palabras sin la significación que posee para los cristianos. Por ello, cuando miramos en retrospectiva nos damos cuenta que lo que hacemos es proyectar nuestro pensamiento o concepto de las cosas, quedándonos en la forma pero ignorando, probablemente, el contenido, y cuando afirmamos sin dudar que una representación de pasado significa aquello o lo otro, no hacemos más que decir “tonterías” consecuencia de nuestro ímpetu por explicar y ordenarlo todo, sin poseer todas las herramientas y evidencias que nos presten a un juicio justo.

Las ruinas de Teotihuacán no provienen de una sociedad agrícola, sin metales, ni instrumentos técnicos, sino de un grupo aparte, separado de esa sociedad, un grupo pequeño que manejaba profundos conocimientos en geometría, física, matemática, espiritualidad. Eran las gentes elegidas que sabían lo que se debía hacer, el para qué y cómo hacerlo. La gran mayoría de las gentes fueron la mano de obra. El considerar que los sacerdotes eran hombres emplumados y pintados que encendían el fuego en honor de unos dioses en forma de serpiente o de pájaros es falso. Estos hombres eran inteligentes, intuitivos, de gran capacidad de reflexión. Fueron respetados y temidos, acumuladores de información, separados del resto, investigadores, pensaban y deducían. La sociedad, mientras tanto, combatía, cazaba, recolectaba, y los sacerdotes eran como sus científicos. Su ciencia era para ellos y no era compartida. 


PIRÁMIDE DE LA LUNA


De esa conocimiento salieron los edificios colosales de Teotihuacán, que dejaron sin habla a los aztecas, cuando arribaron a la ciudad abandonada por primera vez, las pirámides. La más grande, es la pirámide del sol”, de 228 metros en cada lado de la base y una altura actual de 65 metros. Lo que fue un monumento erigido a un Dios ha quedado en la actualidad como un monumento al pueblo que la levantó. La fachada principal de “la pirámide del sol” se ilumina como una antorcha al atardecer, porque así fue dispuesto en función del recorrido del sol y porque estaba cubierta de estuco y pintada de brillantes colores. La pirámide cumple sus funciones de calendario solar y desde otros lugares de Teotihuacán se puede saber al contemplarla en qué momento se producen los equinoccios y solsticios. Sus constructores pudieron recoger en ella, y en la de la luna, datos astronómicos y terrestres, como hicieron los egipcios con la gran pirámide. Sin embargo, con el paso del tiempo, la pirámide perdió altura y no se pueden dar las medidas exactas.


LA DISPOSICIÓN DE LA MOLÉCULA DEL AGUA EN FORMA DE PIRÁMIDE


En 1974, se descubrió una cámara subterránea, que llega justo debajo del centro de la pirámide, tres más debajo de la base. Se supone que la pirámide fue construida en aquel lugar a razón de esa cavidad; sin embargo, no se encontró nada que aporte luz de su relevancia, pero podría ser que nadie haya dado con la clave, en caso de sí que haya algo que lo explique. Pero nada quedó escrito por los sacerdotes que si sabrían el porqué de la construcción de las pirámides, de esa cueva… Lo que es curioso, es que en diferentes partes del mundo y en el tiempo se han construido pirámides; Egipto, Mesoamérica, Sudamérica, Croacia, China, Oriente medio, Camboya. En diferentes ambientes; selváticos, desierto, escarpadas montañas. Si negamos que no hubo contacto entre estos diferentes pueblos en forma de relaciones comerciales y de otro tipo; solo nos queda aceptar, admitir la existencia que un pueblo enviara una serie de misioneros del conocimiento, tal como parece indicar las leyendas de América, o admitir que los responsables intelectuales de las pirámides, llegaron cada uno por su cuenta a la conclusión de que esa forma es la más adecuada para aquello que pretendían. Que podrían pretender sino alcanzar un estado de iluminación, una apertura de consciencia, acaso no la inmortalidad... Los que han experimentado con la forma piramidal, dicen que los procesos de introspección y de concentración son más fáciles de conseguir, así como otros procesos psíquicos que bajo otras formas geométricas no se llegan a alcanzar. Y qué decir, si en lo primero no es posible medir si en lo siguiente: la forma piramidal parece que retrasa los procesos físicos; como es la precipitación de los coloides, lo que nos indica que el envejecimiento de las células es mucho más lento.

sábado, 18 de abril de 2015

TENOCHTITLÁN

 CURIOSIDADES:




Hubo un pueblo que fue elegido por su Dios dándole instrucciones de abandonar el lugar en donde residía para ir a una “tierra prometida”. Este Dios acompañó a aquel pueblo en su éxodo, haciéndole conocer el camino, y cuatro de aquellos que pertenecían a ese pueblo portaban con ellos un arca que servía para ponerse en contacto con Dios. Y no hicieron el camino en línea recta sino que fueron dando tumbos durante años y más años, se vieron obligados a guerrear con todos los pueblos que se encontraban por su camino, y que al llegar a la tierra prometida, exhaustos, lo primero que hicieron fue levantar un templo por orden de ese Dios, y nos referimos con esto no al pueblo hebreo como imaginarán sino al pueblo mexica.


RECINTO CEREMONIAL DE TENOCHTITLÁN


En un pasado mítico del pueblo azteca, que por orden de su Dios Huitzilopochtli, cambiaron su propio nombre por el de los mexicas, es oscuro, pero tiene un éxodo parecido al de los hebreos. Puede ser un paralelismo  casual o bien una interpretación que dieron los misioneros españoles al conocer poco a poco su historia y la emparejaron en gran medida con la del pueblo hebreo exagerando estas semejanzas, pero es posible que el Dios de los mexicas usara una técnica similar a la empleada por Yahvé con el pueblo hebreo. En todo caso, y atendiendo a la tradición, el pueblo mexica dejó su lugar de origen, Aztlán, en el año 1168, para comenzar aquello que se ha llamado “la gran migración”.

Existe el Códice Boturini donde vienen reflejados una serie de ideogramas que apuntan el suceso. En su parte izquierda, la salida de la isla; a su derecha, las ocho tribus encontradas en “el cerro Colhuacán”, las que iniciaron el éxodo; y en su centro se puede ver, la cueva de una montaña, en donde Huitzilopochtli, lo podemos encontrar de forma esquemática representado dentro de un arca de espadañas, dándole instrucciones sobre su éxodo. En un lado de la montaña, un glifo con una fecha, el uno cuchillo de pedernal, correspondiente al año 1168. Aztlán no tiene nada que ver con la legendaria Atlántida; y significa en azteca “el país del color blanco”, o país del alba o del norte, que alude al amanecer, a los primeros tiempos. Otros han traducido la palabra Aztlán por “junto a las garzas”. No se sabe a ciencia cierta dónde estaba situado; unos piensan que en el sur de los Estados Unidos y otros en la isla de Janitzio, en el mexicano lago de Pátzcuero. En todo caso, el éxodo duró unos 200 años hasta llegar a la tierra prometida.


RECREACIÓN DE TENOCHTITLÁN


Su Dios los guió en forma de una gigantesca águila. Hubo jefes mexicas que optaron por establecerse en Coatepec y no continuar con el éxodo, como contestación el intolerante Dios Huitzilopochtli los mató arrancándoles el corazón. Y este Dios se comunicaba con sus elegidos: “…traían un ídolo que se llamaba Huitzilopochtli, el cual traía cuatro ayos que le servían, a quienes él decía muy en secreto todos los sucesos de su itinerario y camino, avisándoles de todo lo que les había de suceder. Y era tanta la reverencia y el temor que a ese ídolo tenían, que otro ninguno de ellos, no le osaba tocar ni llegar. El cual venía metido en un arca de juncos, que hasta el día de hoy no hay quien sepa ni haya visto de estos naturales, la forma de este ídolo”. “…divisaron un tunal y encima de él, un águila, con las alas extendidas hacia los rayos del sol, que tenía en las uñas un pájaro hermoso de plumas resplandecientes”.  En todo caso esa era la señal según les fue avisado por su Dios como el fin de sus penalidades; la llegada a la tierra prometida. Y donde se posó el águila, lo mexicas lo escogieron como su lugar de residencia y se pusieron a edificar una ciudad. Hoy los restos de esa ciudad están en una gran proporción enterrados por otra gran ciudad; la ciudad de México D.F.

Corría el 21 de febrero de 1978; unos obreros de la compañía de electricidad rompieron el cemento de la calle para realizar una obra. Después de haber excavado unos dos metros, toparon con una piedra labrada que les impidió proseguir con sus trabajos. Esta piedra resultó ser un monolito de más de tres metros de diámetro, con una mujer hecha pedazos en bajo relieve. Así, comenzó a salir la vieja ciudad enterrada, edificada en medio de la isla, en medio del lago Texcoco, y que según los cronistas de la época, fue digna de admiración, su centro de ritual, donde se alzaban templos y pirámides. Allí se podía encontrar el templo mayor, para Tlaloc y Huitzilopochtli, y los templos de Tezcatlipoca y del poderoso Quetzalcóalt. Desde ese centro espiritual se controlaba la vida espiritual y social de las gentes de Tenochtillán. En los mercados de esta ciudad se podían encontrar todo tipo de productos agrícolas, llegados de tierras conquistadas, y mercancías labrados por artesanos; tejidos de maguey, algodón, talabartería, cerámica pintada, espejos de pirita, escobas, cestos… En los ordenados puestos de los mercados se agolpaba un gentío multicolor que usaba semillas de cacao como moneda, vigilados por la policía, que impartía justicia rápida y contundente.

Esta ciudad era la capital de un imperio. El pueblo mexica pasó de ser tributario de los tepanecas, que gobernaban la zona cuando llegaron, a ser los conquistadores y tener bajo su yugo a unos 350 pueblos de los que recibían cuantiosos tributos. Debieron disponer de un poderoso ejército, en constante guerra, para sofocar rebeliones. Fue por ello un pueblo guerrero y la guerra su actividad más importante. Y es que se imprimaron de carácter sumamente guerrero de Su Dios principal, Huitzilopochtli, el que nació mediante concepción milagrosa, de Coatlicue, la diosa de terrible aspecto, cuya cabeza está formada por un par de serpientes, la diosa del collar de manos y corazones, la de la falda de serpientes, vestida con todo el simbolismo que en la cultura mexica corresponde a la Diosa madre tierra en su función generadora. Según los mexica, ella ya tenía 400 hijos cuando quedó encinta de Huitzilopochtli; y los 400 instados por Goyolxauhqui, querían matarla por tan dudosa embarazo, pero el Dios Huitzilopochtli, nacido ya armado, se vengó de sus hermanos. La primera que va a conocer su cólera fue Goyolxauhqui, a la que corta la cabeza con una serpiente de fuego y después arrojó su cuerpo por la ladera de un monte despedazándose en su trayecto. Esta escena es lo que encontraron en 1978 los trabajadores de la compañía eléctrica; una gran losa circular con la imagen descrita. 

Las obras dieron con el mismísimo templo mayor de Tenochtitlán, la antigua capital de los aztecas mexicas. Un templo doble, que fue dedicado a Huitzilopochtli, el Dios del sol y la guerra; y a Tlaloc, dios de la llovía, de la tierra fecundada por las aguas. Con dos santuarios reservados a los sacerdotes, que se accedían por dos escaleras independientes. El templo era cubierto por otro nuevo cada 52 años, que se construía conservando como núcleo el anterior.


SACRIFICIO RITUAL MEXICA O AZTECA


El templo doble era dedicado a dos dioses distintos pero a su vez complementarios. Es un principio constante en todas las religiones; una figura masculina solar masculina y generadora de vida, y otra femenina, lunar, acuática, como el germen de la vida. El templo mayor de los Mexica fue el verdadero centro espiritual y social. Fue un escenario de cruentos sacrificios y cuyas escaleras se cubrieron una y otra vez de la sangre derramada de los mejores guerreros capturados. Y esta sangre iba a alimentar a los dioses. Esto representó el convenio entre el Dios y los mexica que implicaba un continuo sacrificio de victimas para continuar la expansión del imperio. Los cráneos eran atravesados por las lanzas de los Tlompantli a millares. Se colocaba la espalda de la victima sobre la piedra del sacrificio, y cuatro sacerdotes sujetaban sus piernas y brazos de forma que el abombado pecho quedase accesible al cuchillo que manejado con destreza por el sumo sacerdote daba un gran tajo que dejaba al descubierto el corazón para ser a continuación arrancado. Si la víctima había demostrado hasta el momento un gran arrojo en la lucha, era objeto de importantes atenciones hasta que llegaba el momento de la ejecución; no en vano esta víctima era el alimento para los dioses. Y también, cómo no, su uso era la justificación de dominación social hacia la expansión. Antes, otras culturas como la olmeca y la maya, realizaban sacrificios simbólicos, pero a partir de los olmecas esto cambió. Ejecuciones rituales que los aztecas llevaron a su nivel más obsceno.

Después llegaron los conquistadores españoles acabando con un etapa histórica y comenzando otra. Los aztecas o mexicas, desnudos de ciencia y cultura fueron incorporando en su marcha la filosofía y el arte de los pueblos que fueron conquistando. Apenas dejaron nada a Mesoamérica excepto un orden social impuesto con fuerza, pero sus templos, sus esculturas, su cosmogonía… posee el sedimento de las gentes anteriores a ellos que florecieron en ese lugar del mundo; las gentes que edificaron Teotihuacán; los mayas, que dieron lugar a una selva con templos y relieves prodigiosos; los olmecas, que trabajaron la piedra y la elevaron a la condición de legado áureo.


jueves, 12 de marzo de 2015

LOS PALACIOS DE MOCTEZUMA

 CURIOSIDADES:




En lo del servicio de Moctezuma y de las cosas de admiración que tenía por grandeza y estado, hay tanto que escribir, que certifico a V. A. que yo no sé por dó comenzar, que pueda acabar de decir alguna parte de ellas; porque, como ya he dicho, que más grandeza puede ser, que un señor bárbaro como éste tuviese contrahechas de oro y plata y piedras y plumas todas las cosas que debajo del cielo hay en su señorío, tan al natural lo de oro y plata, que no hay platero en el mundo que mejor lo hiciese; y lo de las piedras, que no basta juicio a comprender con qué instrumentos se hiciese tan perfecto; y lo de pluma, que ni de cera ni en ningún broslado se podía hacer tan maravillosamente.


REPRESENTACIÓN DE MOCTEZUMA EN UN BIOMBO COLONIAL


El señorío de tierras de este Moctezuma tenía, no se ha podiod alcanzar cuánto era, porque a ninguna parte, doscientas leguas de un cabo y de otro de aquella su gran ciudad, enviaba sus mensajeros, que no fuese cumplido su mandado, aunque había algunas provincias en medio destas tierras con quien él tenía guerra. Pero por lo que se alcanzó, y yo dél pude comprehender, era su señorío tanto casi como España, porque hasta sesenta leguas desta parte del Putunchan, que es el río de Grijalba, una ciudad que se dice Cutamán, que había desde la gran ciudad a ella doscientas y treinta leguas; porque las ciento y cincuenta yo he fecho andar a los españoles. Todos los más de los señores destas tierras y provincias, en especial los comarcanos, residían, como ya he dicho, mucho tiempo del año en aquella gran ciudad, e todos o los más tenían sus hijos primogénitos en el servicio del dicho Muteczuma.

En todos los señoríos destos señores tenía fuerzas hechas, y en ellas gente suya, y sus gobernadores y cogedores del servicio y renta que de cada provincia le daban, y había cuenta y razón de lo que cada uno era obligado a dar, porque tienen caracteres y figuras escritas en el papel que facen, por donde se entienden. Cada una destas provincias servía con su género de servicio, según la calidad de la tierra: por manera que a su poder venía toda suerte de cosas que en dichas provincias había. Era tan temido por todos, así presentes como ausentes, que nunca príncipe del mundo lo fue más. Tenía, así fuera de la ciudad como dentro, muchas casas de placer, y cada una de su manera de pasatiempo, tan bien labradas cuanto se podría decir, y cuales requerían ser para un gran príncipe y señor. Tenía dentro de la ciudad sus casas de aposentamiento, tales y tan maravillosas, que me parecería casi imposible poder decir la bondad y grandeza dellas…

Tenía una casa poco menos buena que ésta, donde tenía un muy hermoso jardín con ciertos miradores que salían sobre él, y los mármoles y losas dellos eran de jaspe, muy bien obradas. Había en esta casa aposentamientos para se aposentar dos muy grandes príncipes con todo su servicio. En esta casa tenía diez estanques de agua, donde tenía todos los linajes de aves de agua que en estas partes se hallan, que son muchos y diversos, todas domésticas; y para las aves que se crían en la mar eran los estanques de agua salada, y para los dios, lagunas de aguas dulce; la cual agua vaciaban de cierto a cierto tiempo por la limpieza, y la tornaban a henchir por sus caños. Y a cada género de aves se daba aquel mantenimiento que era propio a su natural y con que ellas en el campo se mantenían. De forma que a las que comían pescado se lo daban; a las que gusanos, gusanos; a las que maíz, maíz; y  las que otras semillas más menudas, por consiguiente se las daban. E certifico a V.A. que a las aves que solamente comían pescado se les daba cada día diez arrobas dél, que se toma en la laguna salada. Había, para tener cargo destas aves, trescientos hombres, que en ninguna otra cosa entendían. Había otros hombres que solamente entendían en curar las aves que adolecían. Sobre cada alberca y estanque de estas aves había sus corredores y miradores muy gentilmente labrados, donde el dicho Moctezuma se venía a recrear y a las ver. Tenía en esta casa un cuarto en que tenía hombres, mujeres y niños, blancos de su nacimiento en el rostro y cuerpo y cabellos y cejas y pestañas. Tenía otra casa muy hermosa, donde tenía un gran patio losado de muy gentiles losas, todo él hecho a manera de un juego de ajedrez. E las casas eran hondas cuando estado y medio, y tan grandes como seis pasos en cuadra; e la mitad de cada una destas casas era cubierta el soterrado de losas, y la mitad que quedaba por cubrir tenía encima una red de palo muy bien hecha; y en cada una de estas casas había un ave de rapiña; comenzando de cernícalo hasta a águila, todas cuantas se hallan en España, y muchas más raleas que allá no se han visto. E de cada una destas raleas había mucha cantidad, y en lo cubierto de cada una destas casas había un palo, como alcándara, y otro fuera debajo de la red, que en el uno estaban de noche y cuando llovía, y en el otro se podían salir al sol y al aire a curarse. A todas estas aves daban todos los días de comer gallinas, y no otro mantenimiento. Había en esta casa ciertas salas grandes, bajas, todas llenas de jaulas grandes, de muy gruesos maderos, muy bien labrados y encajados, y en todas o en las más había leones, tigres, lobos, zorras y gatos en diversas maneras, y de todos en cantidad; a los cuales daban de comer gallinas cuantas les bastaban.


REPRESENTACIÓN DEL ENCUENTRO DE MOCTEZUMA CON CORTÉS


Y para estos animales y aves había trescientos hombres que tenían cargo dellos. Tenía otra casa donde tenía muchos hombres y mujeres monstruos, en que había enanos, corcovados y contrahechos, y otros con otras deformidades, y cada una manera de monstruos en su cuarto por sí; e también había para éstos personas dedicadas para cargo dellos. E las otras cosas de placer que tenía en su ciudad dejo de decir, por ser muchas y de muchas calidades.


ESQUEMA DE UN PALACIO DE MOCTEZUMA SEGÚN INSTITUTO NACIONAL ARQUEOLÓGICO DE MÉXICO


La manera de su servicio era que todos los días luego en amaneciendo, eran en su casa más de seiscientos señores y personas principales, los cuales se sentaban, y otros andaban por unas salas y corredores que había en dicha casa, y allí estaban hablando y pasando el tiempo, sin entrar donde su persona estaba. Y los servidores destos, y personas de quien se acompañaban, henchían dos o tres grandes patios y la calle, que era muy grande. Y estos estaban sin salir de allí el día hasta la noche.

Y al tiempo que traían de comer al dicho Moctezuma, asimismo lo traían a todos aquellos señores, tan cumplidamente cuanto a su persona, y también a los servidores y gentes destos les daban sus raciones.

Había cotidianamente la dispensa y botillería abierta para todos aquellos que quisiesen comer y beber. La manera de cómo les daban de comer, es que venían trescientos o cuatrocientos mancebos con el manjar, que era sin cuento, porque todas las veces que comía y cenaba le traían de todas las maneras de manjares, así de carnes como de pescados, y frutas y yerbas que en o toda la tierra se podía haber. Y porque la tierra es fría, traían debajo de cada plato y escudilla de manjar un braserico con brasa, porque no se enfriase. Poniánle todos los manjares juntos en una gran sala en que él comía, que casi toda se henchía, la cual estaba toda muy bien estarada y muy limpia, y él estaba sentado en una almohada de cuero pequeña muy bien hecha.

Al tiempo que comían estaban allí desviados dél cinco o seis señores ancianos, a los cuales él daba de lo que comía. Y estaba en pie uno de aquellos servidores, que le ponía y alzaba los manjares, y pedía a los otros, que estaban más afuera lo que era necesario para el servicio. Y al principio y fin de la comida y cena siempre le daban agua a manos, y con la toalla que una vez se limpiaba nunca se limpiaba más, ni tampoco los platos y escudillas en que le traían una vez el manjar se los tornaban a traer, sino siempre nuevos, y así hacían de los brasericos.

Vestíase todos los días cuatro maneras de vestiduras, todas nuevas, yu nunca más se las vestía otra vez. Todos los señores que entraban en su casa no entraban calzados, y cuando iban delante dél algunos que él enviaba a llamar, llevaban la cabeza y ojos inclinados, y el cuerpo muy humillado, y hablando con él no le miraban a la cara; lo cual hacían por mucho acatamiento y reverencia. Y sé que lo hacían por este respeto porque ciertos señores reprehendían a los españoles, diciendo que cuando hablaban conmigo estaban exentos, mirándome a la cara, que parecía desacatamiento y poca vergüenza. Cuando salía fuera el dicho Moctezuma, que era pocas veces, todos los que iban con él y los que topaba por las calles le volvían el rostro, y en ninguna manera le miraban, y todos los demás se postraban hasta que él pasaba. Llevaba siempre delante sí un señor de aquellos con tres varas delgadas altas, que creo se hacía porque se supuese que iba allí su persona. Y cuando lo descendían de las andas, tomaba la una en la mano y llevábala hasta donde iba. Eran tantas y tan diversas las maneras y ceremonias que este señor tenía en su servicio, que sería necesario más espacio del que yo al presente tengo para las relatar, y aun mejor memoria para las retener, porque ninguno de los soldanes ni otro ningún señor infiel de los que hasta agora se tiene noticia, no creo que tantas ni tales ceremonias en su servicio tengan…


FUENTE_HERNÁN CORTÉS