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domingo, 26 de abril de 2015

CHAN CHAN

 MISTERIOS DE LA HISTORIA:




Si se viaja a Perú puedes ir a una provincia llamada Libertad. Se sabe que los primeros habitantes de la zona ya corrían por aquellas tierras hace unos 12.000 años y que tras el descubrimiento de una mujer y un niño es conocido que desde hace unos 4.500 años las gentes de la zona cultivaban la tierra y hacían sus vestidos.


CIUDADELA DE CHAN CHAN


Su capital es Trujillo. Fue fundada en 1534 por Don Diego de Almagro, que le dio el nombre de Trujillo en recuerdo de la ciudad donde nació Francisco Pizarro. Las nuevas ciudades en América trazadas por los españoles se hicieron con calles rectas y plazas amplias donde se levantaban iglesias y conventos y casas solariegas. En las fachadas de Trujillo, hoy sobreviven balcones trabajados con madera y con celosías y la existencia de algunas rejas idénticas a las de muchas ciudades españolas.

La mayor parte de los pobladores de hace cuatro siglos y medio fueron extremeños que hicieron de Trujillo una copia mejorada de sus pueblos, con calles rectas y anchas, pero con cierto gusto a ciudad española. Se fue haciendo grande y en el Siglo XVII era codiciada por piratas ingleses y holandeses, y por esta razón, el virrey, el duque de Pelata, mandó edificar una muralla que rodease la ciudad para defenderla. De hecho, junto a Lima, fueron las dos ciudades amuralladas del Perú. Pero Trujillo en 1820 fue la primera en proclamar la independencia y la primera en izar la bandera nacional.

Pero esto está muy reciente en el tiempo y lo que queremos exponer es algo anterior a la época de la conquista, e incluso de los incas. Trujillo no es el objetivo, sino otra ciudad legendaria y mucho más vieja; la mítica Chan Chan, una ciudad de barro que fue la capital de un imperio y el centro espiritual y administrativo de su territorio, el más seco del planeta que se extendió por 1.300 kilómetros de costa, desde el río Tumbes al norte, hasta el rio Chillón en el sur.

Esa tierra es estéril, eternamente sedienta, aunque siempre bañada por las aguas del Océano Pacífico. Es una tierra calcinada y de dunas, atraviesa por ríos que nacen de la sierra, pero portantes de agua durante unos meses del año. No obstante, hubo una serie de hombres que aprovecharon esa agua para realizar canales y acequias, y cuando faltaba el agua, hacían crecer las plantas con humedad del interior de la tierra. Existen en Chan Chan unos grandes fosos con paredes forradas de piedra; los wachakes, de tierra permeable que rezumaba agua un poco salobre que puede ser ingerida. Otros wachakes menos profundos proporcionaban humedad al terreno para cultivar. Hoy en día solo quedan los más grandes, pero debieron ser centenares los que hubo, lo de hoy son un conjunto de montículos ocres, donde ya no crece nada. Lo que queda son los restos de una ciudad que se extendía por 20 kilómetros cuadrados donde residían más de 50.000 personas ataviadas con vestimenta de alegre color.


RUINAS DE CHAN CHAN


Hoy en día, sus muros, apenas reconocibles, fueron los palacios y templos, talleres donde se fundían los metales; el bronce para armas, el oro y la plata para ornamentos. A la sombra de esos muros se instalaron puestos de alfareros y pescadores. Por sus calles, hoy en silencio, se oía el bullicio de las voces y las pisadas, el movimiento de mercancía… risas y canciones, porque sus gentes eran locuaces y alegres, y era un centro de peregrinación, de intercambio y demostraciones artísticas ante un público entregado. En cualquier cruce, hubo tiendas donde se vendió ropa de algodón. Un algodón que fue tan importante como el maíz o la patata, que era tejido e hilado y desconocido para la mayoría de los europeos, solo Herodoto se refirió al que se cultivaba en la India como planta exótica que en vez de fruto daba lana.

Chan Chan fue la capital del imperio Chimú. Sus descendientes directos son los yungas que viven en la costa norte. “El Dios creador vino del mar y enseñó a las gentes de Yunca a construir ciudades y templos. Les enseñó a abrir canales y a ensanchar los valles de la costa para que crecieran en los campos la yuca y el maíz, el algodón y las pitas, el melón y la calabaza”. Fue el mítico Tacaynamo, el fundador de la primera dinastía Chimú, que un día llegó al valle del río Moche, y se le suele representar sobre una balsa de madera arrastrada por dos nadadores. Es uno de esos dioses maestros que aparecen en las diferentes tradiciones americanas y a los que se alude como proveniente de las estrellas, unas veces; y otras, del otro lado del mar. Este Dios, llegó a la tierra de los yungas; les enseñó una forma de vida diferente y les condicionó para poder conquistar otros pueblos y consolidar un imperio y una ciudad desde donde gobernarlos.

Después de este Dios, dicen que hubo nueve reyes, antes de que el imperio y la ciudad fueran conquistados por los incas. Por eso, en Chan Chan existen 9 ciudadelas. Una de ellas es la que denominan Tscdhudi, que ha sido parcialmente reconstruida por los arqueólogos para dar una idea de cómo podían ser aquellos tiempos. 

Cada rey construyó su propia ciudad dentro de la ciudad; no eran palacios sino recintos en que vivían la familia real, los sacerdotes, los sirvientes; donde había lo necesario para poder vivir independientemente si es menester, wachake con agua, plazas para las ceremonias, un palacio, almacenes, santuarios y una zona militar. Aparece la muralla, para aislarse del resto de la ciudad, que mide kilómetro y medio de perímetro y en su parte más alta llega a los doce metros de altura. 

En su interior, la capital mostraba abiertas plazas de gran sencillez, llenas de luz, pintadas de brillantes de colores. Zócalos, cenefas, frisos, donde animales esquemáticos daban sustancia a las paredes lisas. Abundaban la decoración peces y aves marinas, lógico por otra parte, puesto que del mar vivían. Y entre los jardines, un día murió el rey que habitaba en la ciudadela y ya no quedó nada sino silencio y soledad. Una vez que el rey moría las puertas de la ciudad se sellaban, con todos los servidores dentro, y la ciudadela se transformaba en una inmensa tumba y su sucesor iniciaba la construcción de una nueva.

Los palacios, almacenes y plazas quedaban abandonados a la muerte. Y se dice que los únicos que la visitaban era los dioses, que acudían a recolectar las almas de los que quedaban allí encerrados. Fuera, en el cementerio del pueblo, las almas de este no debieron ser tan felices y sus huesos fueron profanados una y otra vez por los huaqueros, buscadores de tesoros, cubriendo la tierra sacaba de unas tumbas y trasladadas a otras, convirtiendo el cementerio en un gran caos donde los arqueólogos están trabajando ahora.


RECONSTRUCCIÓN 3D CHAN CHAN


Sin embargo, no vayamos a pensar que las tumbas de los grandes señores se encontraron a salvo, ni mucho menos. Desde los incas, con mayores riquezas en su interior, poco ha ido a los museos, el resto de máscaras mortuorias, de orejeras, prendedores, collares y otros mil objetos de plata y oro fueron fundidos a lo largo de los últimos cinco siglos por todos los que saquearon dichas tumbas. En las tumbas de Chan Chan debió haber grandes cantidades enterradas. En 1566 el Rey de España recibió 268 kilos de oro procedentes de la zona, lo que se llamó el “quinto” que era reservado a la corona. Si se tiene en cuenta que la quinta parte era de lo que oficialmente se extraía, no es extraño pensar que la cantidad en su totalidad pasara de las dos toneladas y media de oro.

En 1592, la Corona de España recibiría otros 124 kilos de oro en concepto de quinto. Y aún va a quedar mucho por extraer de las huacas y de la tumbas de Chan Chan y del valle del rió Moche. Sin embargo, el adobe de Chan Chan se está perdiendo debido a que en esa zona de Perú casi nunca llueve, no sobra la piedra y hace calor, por eso el adobe es ideal para construir. Esa tierra seca recibe cada 25 años, la lluvía, pero como un castigo que inunda los campos, arrasa los poblados y permite disolver las ruinas de adobe como si fuera un helado puesto al sol. En 1925, la lluvía torrencial redujo a Chan Chan a un montículo arcilloso apenas reconocible. En los cincuenta pasó lo mismo y en 1983 volvió a acontecer. Esas lluvias fueron nefastas para la conservación de las ruinas ya que está constituida de barro, si bien, unas casas cimentadas de piedra no han sufrido tanto con estas lluvias.

Para contrarrestar esto se debería perfeccionar el sistema de drenaje para evacuar aguas rápidamente y derivarlas hacia plazas muy amplias. Desgraciadamente, los arqueólogos sin estos recursos instalados, verá como gran parte de esta ciudad de barro irá desapareciendo hasta que no quede nada.


sábado, 18 de abril de 2015

TENOCHTITLÁN

 CURIOSIDADES:




Hubo un pueblo que fue elegido por su Dios dándole instrucciones de abandonar el lugar en donde residía para ir a una “tierra prometida”. Este Dios acompañó a aquel pueblo en su éxodo, haciéndole conocer el camino, y cuatro de aquellos que pertenecían a ese pueblo portaban con ellos un arca que servía para ponerse en contacto con Dios. Y no hicieron el camino en línea recta sino que fueron dando tumbos durante años y más años, se vieron obligados a guerrear con todos los pueblos que se encontraban por su camino, y que al llegar a la tierra prometida, exhaustos, lo primero que hicieron fue levantar un templo por orden de ese Dios, y nos referimos con esto no al pueblo hebreo como imaginarán sino al pueblo mexica.


RECINTO CEREMONIAL DE TENOCHTITLÁN


En un pasado mítico del pueblo azteca, que por orden de su Dios Huitzilopochtli, cambiaron su propio nombre por el de los mexicas, es oscuro, pero tiene un éxodo parecido al de los hebreos. Puede ser un paralelismo  casual o bien una interpretación que dieron los misioneros españoles al conocer poco a poco su historia y la emparejaron en gran medida con la del pueblo hebreo exagerando estas semejanzas, pero es posible que el Dios de los mexicas usara una técnica similar a la empleada por Yahvé con el pueblo hebreo. En todo caso, y atendiendo a la tradición, el pueblo mexica dejó su lugar de origen, Aztlán, en el año 1168, para comenzar aquello que se ha llamado “la gran migración”.

Existe el Códice Boturini donde vienen reflejados una serie de ideogramas que apuntan el suceso. En su parte izquierda, la salida de la isla; a su derecha, las ocho tribus encontradas en “el cerro Colhuacán”, las que iniciaron el éxodo; y en su centro se puede ver, la cueva de una montaña, en donde Huitzilopochtli, lo podemos encontrar de forma esquemática representado dentro de un arca de espadañas, dándole instrucciones sobre su éxodo. En un lado de la montaña, un glifo con una fecha, el uno cuchillo de pedernal, correspondiente al año 1168. Aztlán no tiene nada que ver con la legendaria Atlántida; y significa en azteca “el país del color blanco”, o país del alba o del norte, que alude al amanecer, a los primeros tiempos. Otros han traducido la palabra Aztlán por “junto a las garzas”. No se sabe a ciencia cierta dónde estaba situado; unos piensan que en el sur de los Estados Unidos y otros en la isla de Janitzio, en el mexicano lago de Pátzcuero. En todo caso, el éxodo duró unos 200 años hasta llegar a la tierra prometida.


RECREACIÓN DE TENOCHTITLÁN


Su Dios los guió en forma de una gigantesca águila. Hubo jefes mexicas que optaron por establecerse en Coatepec y no continuar con el éxodo, como contestación el intolerante Dios Huitzilopochtli los mató arrancándoles el corazón. Y este Dios se comunicaba con sus elegidos: “…traían un ídolo que se llamaba Huitzilopochtli, el cual traía cuatro ayos que le servían, a quienes él decía muy en secreto todos los sucesos de su itinerario y camino, avisándoles de todo lo que les había de suceder. Y era tanta la reverencia y el temor que a ese ídolo tenían, que otro ninguno de ellos, no le osaba tocar ni llegar. El cual venía metido en un arca de juncos, que hasta el día de hoy no hay quien sepa ni haya visto de estos naturales, la forma de este ídolo”. “…divisaron un tunal y encima de él, un águila, con las alas extendidas hacia los rayos del sol, que tenía en las uñas un pájaro hermoso de plumas resplandecientes”.  En todo caso esa era la señal según les fue avisado por su Dios como el fin de sus penalidades; la llegada a la tierra prometida. Y donde se posó el águila, lo mexicas lo escogieron como su lugar de residencia y se pusieron a edificar una ciudad. Hoy los restos de esa ciudad están en una gran proporción enterrados por otra gran ciudad; la ciudad de México D.F.

Corría el 21 de febrero de 1978; unos obreros de la compañía de electricidad rompieron el cemento de la calle para realizar una obra. Después de haber excavado unos dos metros, toparon con una piedra labrada que les impidió proseguir con sus trabajos. Esta piedra resultó ser un monolito de más de tres metros de diámetro, con una mujer hecha pedazos en bajo relieve. Así, comenzó a salir la vieja ciudad enterrada, edificada en medio de la isla, en medio del lago Texcoco, y que según los cronistas de la época, fue digna de admiración, su centro de ritual, donde se alzaban templos y pirámides. Allí se podía encontrar el templo mayor, para Tlaloc y Huitzilopochtli, y los templos de Tezcatlipoca y del poderoso Quetzalcóalt. Desde ese centro espiritual se controlaba la vida espiritual y social de las gentes de Tenochtillán. En los mercados de esta ciudad se podían encontrar todo tipo de productos agrícolas, llegados de tierras conquistadas, y mercancías labrados por artesanos; tejidos de maguey, algodón, talabartería, cerámica pintada, espejos de pirita, escobas, cestos… En los ordenados puestos de los mercados se agolpaba un gentío multicolor que usaba semillas de cacao como moneda, vigilados por la policía, que impartía justicia rápida y contundente.

Esta ciudad era la capital de un imperio. El pueblo mexica pasó de ser tributario de los tepanecas, que gobernaban la zona cuando llegaron, a ser los conquistadores y tener bajo su yugo a unos 350 pueblos de los que recibían cuantiosos tributos. Debieron disponer de un poderoso ejército, en constante guerra, para sofocar rebeliones. Fue por ello un pueblo guerrero y la guerra su actividad más importante. Y es que se imprimaron de carácter sumamente guerrero de Su Dios principal, Huitzilopochtli, el que nació mediante concepción milagrosa, de Coatlicue, la diosa de terrible aspecto, cuya cabeza está formada por un par de serpientes, la diosa del collar de manos y corazones, la de la falda de serpientes, vestida con todo el simbolismo que en la cultura mexica corresponde a la Diosa madre tierra en su función generadora. Según los mexica, ella ya tenía 400 hijos cuando quedó encinta de Huitzilopochtli; y los 400 instados por Goyolxauhqui, querían matarla por tan dudosa embarazo, pero el Dios Huitzilopochtli, nacido ya armado, se vengó de sus hermanos. La primera que va a conocer su cólera fue Goyolxauhqui, a la que corta la cabeza con una serpiente de fuego y después arrojó su cuerpo por la ladera de un monte despedazándose en su trayecto. Esta escena es lo que encontraron en 1978 los trabajadores de la compañía eléctrica; una gran losa circular con la imagen descrita. 

Las obras dieron con el mismísimo templo mayor de Tenochtitlán, la antigua capital de los aztecas mexicas. Un templo doble, que fue dedicado a Huitzilopochtli, el Dios del sol y la guerra; y a Tlaloc, dios de la llovía, de la tierra fecundada por las aguas. Con dos santuarios reservados a los sacerdotes, que se accedían por dos escaleras independientes. El templo era cubierto por otro nuevo cada 52 años, que se construía conservando como núcleo el anterior.


SACRIFICIO RITUAL MEXICA O AZTECA


El templo doble era dedicado a dos dioses distintos pero a su vez complementarios. Es un principio constante en todas las religiones; una figura masculina solar masculina y generadora de vida, y otra femenina, lunar, acuática, como el germen de la vida. El templo mayor de los Mexica fue el verdadero centro espiritual y social. Fue un escenario de cruentos sacrificios y cuyas escaleras se cubrieron una y otra vez de la sangre derramada de los mejores guerreros capturados. Y esta sangre iba a alimentar a los dioses. Esto representó el convenio entre el Dios y los mexica que implicaba un continuo sacrificio de victimas para continuar la expansión del imperio. Los cráneos eran atravesados por las lanzas de los Tlompantli a millares. Se colocaba la espalda de la victima sobre la piedra del sacrificio, y cuatro sacerdotes sujetaban sus piernas y brazos de forma que el abombado pecho quedase accesible al cuchillo que manejado con destreza por el sumo sacerdote daba un gran tajo que dejaba al descubierto el corazón para ser a continuación arrancado. Si la víctima había demostrado hasta el momento un gran arrojo en la lucha, era objeto de importantes atenciones hasta que llegaba el momento de la ejecución; no en vano esta víctima era el alimento para los dioses. Y también, cómo no, su uso era la justificación de dominación social hacia la expansión. Antes, otras culturas como la olmeca y la maya, realizaban sacrificios simbólicos, pero a partir de los olmecas esto cambió. Ejecuciones rituales que los aztecas llevaron a su nivel más obsceno.

Después llegaron los conquistadores españoles acabando con un etapa histórica y comenzando otra. Los aztecas o mexicas, desnudos de ciencia y cultura fueron incorporando en su marcha la filosofía y el arte de los pueblos que fueron conquistando. Apenas dejaron nada a Mesoamérica excepto un orden social impuesto con fuerza, pero sus templos, sus esculturas, su cosmogonía… posee el sedimento de las gentes anteriores a ellos que florecieron en ese lugar del mundo; las gentes que edificaron Teotihuacán; los mayas, que dieron lugar a una selva con templos y relieves prodigiosos; los olmecas, que trabajaron la piedra y la elevaron a la condición de legado áureo.


viernes, 27 de marzo de 2015

UN GIGANTE HACE 1.00 AÑOS.

NOTICIAS:


RESTOS DEL GIGANTE DE LUCENA



Hace un milenio, un gigante vivió en una población judía empotrada en la al-Ándalus musulmana del sur de la península Ibérica. La rocambolesca historia de su hallazgo se remonta al 20 de octubre de 2006, cuando un vecino de Lucena (Córdoba) sacó a su perro a pasear. La zona sur del pueblo estaba removida por las obras para construir una nueva carretera de circunvalación. Después de corretear por el terreno, el perro regresó con algo extraño en la boca. Era un fémur humano.
Nervioso, el dueño de la mascota llamó a la Policía Municipal y, en medio del desconcierto, el fémur acabó también rodeado por agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, presentes en el pueblo, de 43.000 habitantes. Daniel Botella, el arqueólogo municipal, recuerda que le llamaron aquella misma noche. Había más huesos desperdigados. “En un principio se pensó que eran fosas de la Guerra Civil”, recuerda. Pero, tras una buena inspección, se llegó a otra conclusión: aquello era un enorme cementerio judío con centenares de tumbas. Y en una de ellas se encontraban los restos de un gigante que murió a los 30 años y fue enterrado, desnudo y envuelto en un sudario, con la cara mirando a Jerusalén.
“La maquinaria pesada utilizada para construir la nueva carretera de Lucena se llevó parte de sus piernas por delante, así que no podemos confirmar su estatura”, reconoce el antropólogo Joan Viciano, que estudió sus restos cuando trabajaba en la Universidad de Granada. Sin embargo, los científicos hallaron una “mandíbula enorme” y otros huesos de gran tamaño que sugieren “un probable caso de gigantismo”, según los resultados de años de investigación que se acaban de publicar en la revista especializada Anthropologischer Anzeiger.
El presunto gigante vivió alrededor del año 1050, según dataciones con carbono 14 en puntos cercanos a su tumba. Era el ocaso del Califato de Córdoba. El pueblo de Lucena se llamaba entonces Eliossana (“Dios nos salve”, en hebreo) y vivía su máximo esplendor. Funcionaba como una ciudad judía independiente del poder islámico de Córdoba, Sevilla y Granada. “Los musulmanes y los cristianos tenían prohibida la entrada al interior de su recinto amurallado”, explica Botella, director del Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena. Según Ibn Hawqal, un viajero musulmán del siglo X, Lucena era la ciudad en la que los judíos castraban a los esclavos para destinarlos a los palacios de los mandatarios musulmanes.

COMPARATIVA ENTRE MANDÍBULA NORMAL Y LA ENCONTRADA EN LUCENA

Aquel judío de 30 años debió de llamar la atención en un poblado en el que la estatura media era de 1,69 metros. La longitud de su mandíbula era de 10 centímetros, frente a los 7,5 de media del resto de esqueletos hallados en la necrópolis. El equipo de científicos que ha analizado sus restos compara el caso con el de Cornelius Magrath, un gigante irlandés que vivió entre 1736 y 1760. Era tan alto que, cuando murió, los alumnos del Trinity College de Dublín, la universidad más antigua de Irlanda, robaron su cadáver para estudiarlo. Se levantaba 2,17 metros sobre el suelo. Su mandíbula medía 11,3 centímetros.
La hipótesis de los científicos es que el grandullón de al-Ándalus padecía una enfermedad rara que hace que una glándula en la base del cerebro, la hipófisis, fabrique demasiada hormona del crecimiento. Si el problema aparece en un niño, se denomina gigantismo. En los adultos se conoce como acromegalia y en España se registran tres o cuatro casos anualmente por cada millón de habitantes. Los investigadores creen que la patología del gigante judío, posiblemente producida por un tumor en la hipófisis, comenzó alrededor de los 15 años.
El gigante se movió en un entorno piadoso y de estudio. “Cualquier judío que quisiera tener un buen currículo venía a estudiar a la Escuela Talmúdica de Lucena: astronomía, poesía, leyes, medicina”, señala Botella, que dirigió las excavaciones de la necrópolis. Aparecieron 346 tumbas, 196 de ellas con restos humanos. La Eliossana hebrea debió de alcanzar los 2.500 habitantes, calcula el arqueólogo.
Los judíos no destruyen los documentos en los que figura el nombre de su dios, sino que los almacenan hasta que se pudren en depósitos conocidos como genizas. En la sinagoga de Ben Ezra, en El Cairo, se encontró a finales del siglo XIX una geniza con documentos desde el siglo IX, incluidos varios procedentes de Lucena que iluminan la época en la que vivió el gigante andalusí. “Se hallaron formularios para divorcios, compraventa de mulas, préstamos hipotecarios, venta de viñedos”, narra Botella, que subraya que la ciudad acogió a “los judíos más relevantes” de al-Ándalus tras el Sitio de Córdoba en 1013 y la Masacre de Granada de 1066, una matanza de miles de sefardíes ejecutada por musulmanes.
Entre aquellos judíos relevantes destacaría el gigante, al menos físicamente. Los científicos le han bautizado TB-5, pero es imposible saber cuál fue su nombre real y a qué se dedicó. Sus restos, como los de los demás muertos, aparecieron sin ajuar funerario. Solo se encontró una lápida alrededor del gigante, perteneciente a otra tumba, que conserva una inscripción en hebreo, escrita con la torpeza de un niño al que se le acaba el papel y va encogiendo las letras: “Rabí Lactosus duerma en paz. Descanse en paz hasta que venga el Consolador que anuncia la paz en la puerta de la paz. Decidle: descanse en paz”.

VIDEO:

jueves, 5 de marzo de 2015

EL PANTEÓN ROMANO

CURIOSIDADES:




Recordáis aquella visita a Roma y visteis aquel monumento de aparente sencilla estructura; una cúpula esférica con una fachada monumental. Pudisteis contemplar la luz de la cúpula que ha inspirado a numerosos arquitectos de prestigio, como puede ser Christopher Wren, cuya cúpula en la catedral de Londres de San Pablo, de unos 35 m de diámetro está lejos de los 44 metros del monumento romano, el panteón. El monumento más grande jamás edificado por los romanos y la cúpula más grande de los monumentos en la Tierra. 

En la antigüedad no existen muchas referencias al panteón, a pesar que en 1632 el Papa Urbano VIII mandó colocar una placa donde reza: “el más celebrado edificio del mundo entero”, y cuando aparecen estas referencias es de forma ambigua sobre su función y aspecto. El panteón fue erigido en tiempos de Agripa, la mano derecha del emperador Augusto, y la versión que podemos contemplar es la tercera versión del edificio, que data de los tiempos de Adriano (117 – 138 d.c.). Se desconoce en profundidad el verdadero aspecto de las dos versiones anteriores, si bien lo poco que se sabe por algunos textos, existirían capiteles y cariátides de bronce de Siracusa, inexistentes en la versión de Adriano.


EL PANTEÓN ROMANO VISTO DESDE ARRIBA SE VA APLANADO DIFERENTE DE LA FORMA SEMCIRCULAR DEL INTERIOR.


La función del panteón es según la que ofrece el cónsul romano Casio Dio en el 229; nos dice que el nombre de panteón se justifica a partir de la existencia en su interior de estatuas de todos los dioses y que su cúpula se parece a la bóveda celeste. También nos relata como el emperador Adriano llevó en su interior diversos actos públicos y que el panteón original conservaba en su interior estatuas de julio César y Augusto. Existe cierta controversia entre los historiadores que no se ponen de acuerdo para decir si el templo fue para los dioses, o si fue un monumento para exaltar la gloria de Augusto, o recinto de audiencias del emperador o como un lugar de culto y simbolismo al cosmos. Es común que los templos hagan alusiones a los símbolos celestes y que la estatua del emperador sea contenida en ellos.

La estructura del Panteón planteaba ciertos interrogantes tanto de función y de cómo se construyó, o porqué se mantiene en pié. La cúpula y la rotonda, son de 6 metros de grosor, y se fabricaron de cemento no armado romano de gran calidad descansando sobre un anillo de cemento compacto de piedra travertina de 4,5 metros de profundidad, que se asienta a su vez en una gruesa base de arcilla. La cúpula es de 44 metros de diámetro, es semicircular por su cara interior y se eleva a una distancia de 22 metros sobre el nivel del suelo, de los que dos terceras partes están recubiertos con cinco filas concéntricas de 28 cuadrados. Si se observa desde el exterior presenta una aspecto más aplanado, el tambor de la rotonda prosigue hasta alcanzar los 30 metros de altura a la vez que va aumentando el grosor de la parte inferior de la cúpula con la inclusión de siete anillos escalonados. De esta forma el grosor de la cúpula pasa de 6 metros en la parte inferior a 1,5 metros en la zona del ojo central en la parte más elevada. La totalidad del monumento va bajando de peso conforme gana altura debido a la gradación del material empleado, desde la piedra travertina y toba, con un peso de 1750 kilos por metro cuadrado, al ladrillo en la parte más alta de la cúpula, la piedra pómez y una variedad de tova más ligera, con unos 1350 kilos por metro cuadrado.

En un primer momento se pensó que la cúpula era en realidad un monolito artificial, como si fuera una tapa de una cacerola, y que no ejercía ningún tipo de fuerza sobre la rotonda, por lo que los cambios en la estructura que se realizaron en forma de refuerzos exteriores y el artesonado servían para reducir la presión que ejercía el tambor sobre su parte baja. Sin embargo, en los años 30 se descubrió una serie de grietas antiguas en la sección baja de la cúpula con lo que se pensó que esta última tendía a abrirse hacia fuera como resultado de las presiones ejercidas, y que los refuerzos en la parte exterior de la rotonda y los anillos escalonados de la cúpula fuesen en realidad enormes aros de refuerzos para preservar que la base de la cúpula no se abriera hacia fuera por el propio peso. Actualmente, se cree que los diferentes intentos llevados a cabo para aligerar la parte superior eran una forma de disminuir la tendencia a abrirse hacia los lados, y no tanto la presión vertical. Se han hechos simulaciones informáticas para ver cómo pudieron construir los romanos el monumento y se ha llegado a la conclusión de que ante el temor que la cúpula se agrietara, se concibió a la cúpula como un conjunto de arcos sucesivos. Los anillos escalonados se convertían en unos elementos para garantizar la estabilidad del conjunto al añadir presión vertical, como los pináculos o los arbotantes góticos, y el aligeramiento de la cúpula reducía la presión hacia los lados. El artesonado solo sería de decoración.


EL CIRCULO DE LUZ PROCEDENTE DEL OJO CENTRAL ILUMINA EL INTERIOR ARTESONADO DE LA CÚPULA


No obstante, sería probable que las grietas de la cúpula y otras de la sección inferior se formaran en el proceso de construcción.  Hay un problema con la naturaleza pozzolánica del cemento romano que repele el calor durante la fase de endurecimiento, lo que genera tensiones térmicas en la estructura. Las numerosas cavidades existentes en la rotonda nos da idea que los romanos conocían parte de este problema. Lo que puede explicar la función de los 7 nichos y la puerta que divide el nivel inferior de la rotonda en ocho pilares, cada uno con una cámara semicircular labrada en su interior. Esto se va repitiendo tanto en la sección central como en la superior, donde nace la cúpula. Con lo que la función de estas cavidades sería endurecer el tambor de forma rápida y uniforme reduciendo muy poco la capacidad de la estructura para soportar el peso de la cúpula.

Se habla de otra problemática; en la construcción de la cúpula se uso armazón de madera que debió soportar el peso del cemento de aquella mientras no fuera resistente para sostenerse por sí misma. Se ha pensado en una enorme estructura de andamios de madera dispuestos en el mismo suelo del edificio o un complejo sistema de vigas voladizas que surgiera de la cornisa de la sección superior. Tanto uno como otro suponen un proceso de construcción en anillos sucesivos horizontales, lo que exige que todo el armazón fuera colocado a la vez. Si bien, otros piensan que debido a las grietas presentes, este armazón se habría construido en secciones verticales, con lo que parte del armazón se habría ido desplazando de forma horizontal a medida que cada una de las secciones se fuera manteniendo por si solas.

Por otra parte, ciertos estudios recientes han puesto al descubierto ciertos problemas de provisión de materiales que pueden explicar que ya desde el renacimiento se cuestionase de la torpe yuxtaposición de pórtico, bastante bajo, con el frontón muy alto, el bloque intermedio de forma rectangular, y la rotonda. Las columnas en granito del pórtico, con sus fustes de 11,8 metros de altura, presenten un aspecto descomunal, pero con dos metros más adicionales se habría resultado la desproporción existente de la fachada que no le da un aspecto armónico. Las columnas procedían de las canteras del Mons Claudianus y Asuán, en Egipto, con lo que es muy probable que hubiera ruptura del flujo de material al lugar debido a cualquier imprevisto.

A continuación hablaremos del hormigón. Hoy en día, nuestro hormigón puede durar unos cincuenta años cerca del mar. Los romanos usaron uno, que funciona después de 2.000 años, aún estando sumergido por el agua del mar. El secreto a esto es el que ha descubierto un equipo internacional dirigido por la Universidad de Berkeley, que analizaron muestras del hormigón romano extraídas de ruinas romanas sumergidas en el mediterráneo. Está compuesto de ceniza volcánica. Los romanos usaron un limo a partir de zonas de altas actividad volcánica con grandes concentraciones de aluminio en la mezcla de silicatos y calcio de un cemento normal. El aluminio junto con el agua del mar generaba una reacción química que originaba un cristal en el cemento. De esta forma, tenemos un cemento más duro y que no se ve afectado por la humedad. La mezcla la horneaban a unos 900 grados de temperatura para construir los bloques para la construcción, mientras que el hormigón actual precisa de una cocción a 1400 grados que genera más contaminación.



fuente_CHRIS SCARRE