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viernes, 24 de octubre de 2014

LA SEPTIMA CRUZADA Y LOS TEMPLARIOS

 CURIOSIDADES:



Corría el año 1248 cuando el emir Beybars, un ex esclavo mongol, se apoderó de Damasco, Gaza y otras importantes plazas. Era el gran amo de aquellas tierras. Y esta cuestión no la podían tolerar los cristianos que pretendían recuperar Damieta y marchar hasta el Cairo después, puesto que se pensaba que el punto clave era conquistar Egipto y de esta forma cerrar de forma abrupta el paso a futuros ataques musulmanes a Tierra Santa.

En esas estaban que Luis IX, el rey de Francia, sale de su país con diversas embarcaciones pisanas y genovesas, acompañado de su esposa la reina Margarita, y sus hermanos, Roberto de Artois y Carlos de Anjou, y otros muchos familiares. El destino participar en una nueva cruzada. La base de operaciones sería la isla de Chipre, que se hallaba a tres jornadas de navegación de las costas egipcias.




LUIS IX EN LA SÉPTIMA CRUZADA


En esos tiempos, el temple carecía de gran mestre, puesto que no se contaba con la confirmación de la muerte de Armando de Périgord, desaparecido oficialmente. Le tocó, pues, cubrir sus funciones al gran comendador Juan de Roquefort, aunque le duró poco el cargo pues fue elegido Gillermo de Sonnac.

Se sabe que el decimoséptimo mestre tenía unas buenas relaciones con los sultanes más importantes de la zona hasta el punto, que se hospedó durante largas jornadas en los palacios de los emires, y se dice que convivió con ellos adoptando costumbres musulmanas. 

Guillermo de Sonnac, se postuló como diplomático entre el rey de Francia y los sultanes, y sobre todo con aquellos que no habían rendido pleitesía a Beybars, pero obtuvo esta respuesta: “¡Nos jamás haremos trato algunos con infieles!¡Confiamos que lo tengáis muy en cuenta de aquí en adelante, monseñor maestre!¡Voy a deciros algo más; no quiero enterarme de que habéis recibido a algún emisario turco sin mi autorización!¡Siempre debéis consultarnos, nunca lo olvidéis!”

Como se puede apreciar, este rey era considerado muy santo, pero como diplomático dejaba mucho que desear. Se debe pensar que en esos territorios, sometidos a tantas guerras, habiendo intereses políticos más fuertes que los propios religiosos, el poder mantener conexiones y alianzas con lo que se considera el enemigo podía ser de gran ayuda en los propios intereses durante un tiempo puntual. Pero, Luis IX, es obvio que no pensaba lo mismo, porque incluso se negó en aquellos tiempos a aliarse con el gran khan mongol que luchaba contra los musulmanes. El recibió a los embajadores asiáticos, pero para poder compartir las armas codo a codo, ellos se deberían convertir al cristianismo, sino nada de nada.

Pero hubo una tormenta que retrasó la salida de los barcos con rumbo a Egipto. Así, en mayo de 1249, los jefes cristianos ultimaron el plan de ataque a la fortaleza de Damieta. En los primeros días de junio se hallaban frente a la fortaleza, a un tiro de ballesta de la misma. Pero alzaron la vista en el horizonte y vieron como llegaban unos diez mil turcos a caballo y a pie, a los que se les veía bien equipados con armas de mano, dagas y alfanjes. Y raudos y veloces se adentraron en el agua, para abordar a las embarcaciones y combatir sin tregua.


BEYBARS


No obstante, fueron repelidos por una fuerza de orden superior, que portaba corazas y escudos. De hecho se vieron descender de las embarcaciones algunas con caballos y los ballesteros actuaron con diligencia y velocidad. Pero la batalla se prolongó durante unas ocho horas, hasta que los musulmanes, superados, se vieron obligados a desistir e huir.

Se hizo recuento y se observó que las bajas eran muy bajas, mientras que se estimaba en más de 500 hombres caídos y número similar de caballos entre los turcos. Tras la victoria vino la misa, y se improvisó una capilla en la cabeza de playa. Luis IX la dirigió con grandes rezos de agradecimiento. Una gran atmósfera de satisfacción se elevó entre los presentes, remarcando entre los mismos el sentimiento de ayuda por parte de Dios.

A la mañana siguiente, se percataron que Damieta había sido abandonada. Por lo que a continuación fueron colocados los estandartes en lo más alto de sus torres pertenecientes al rey de Francia. Los barcos se dispusieron de forma que sirvieran de puentes para que un gran número de cristiano pudieran entrar en la fortaleza. Todos los presentes se llevaron por un sentimiento de gran alegría y dispusieron convertir la mezquita en una catedral dedicada a la virgen. Se nombró a un obispo. Y resonó el canto por toda la fortaleza del “te deum”.




SOBRE DAMIETA


Se decidió repartir los edificios que conformaban la fortaleza entre los templarios, los hospitalarios, los genoveses y los pisanos, que eran los dueños de los barcos que habían permitido esta conquista, se les permitió construir un mercado y algunas calles para establecer negocios allí.

Pasados unos días, llegaron hasta allí, la reina Margarita y Balduino II, el emperador de Bizancio. En aquel verano, Damieta se convirtió en una plaza muy señorial e importante, pero la inactividad comenzó a reducir la moral de la soldadesca, así como a escasear el alimento y se extendió por la plaza enfermedades propias del África. Afuera de la fortaleza, se habían montado tiendas, puesto que no todos cabían dentro de la ciudadela. Sin embargo, pronto llegarían provisiones  y dinero para abonar los sueldos. Se pensó en subir el Nilo corriente arriba con los barcos, pero esa época era de inmensas crecidas, que impidieron cualquier plan al respecto pues se inundaron los cultivos y la corriente arrastraba muchos troncos y otros elementos.

Se dispuso esperar hasta el mes de septiembre, y esto supuso perder la ocasión favorable de que Ayub, el sultán del Cairo, se hallaba en agonía. Al conocer la noticia, los cristianos dedujeron que los ejércitos musulmanes no habrían podido reaccionar apropiadamente, al ser atacados, con la falta de uno de sus principales caudillos. Pero no se pudo aprovechar esta situación debido a las malas condiciones imperantes en el entorno.

El 28 de noviembre se dio el comienzo el avance por el Nilo. El grueso de las tropas marchaba por la orilla del río, acompañado por una flotilla de galeras. Pero el avance resultaba muy lento, puesto que las embarcaciones impulsadas por remeros iban contracorriente, avanzando unos dos kilómetros diarios. Y los turcos acechaban muy cerca.

Los templarios iban a la cabeza, y eran los encargados de repeler los primeros ataques. Pasó un mes hasta llegar a las cercanías de Mansura, donde el Tanis se unía al Nilo. Se construyó un malecón para cerrar el canal, aunque con infortunio al echarlo agua la corriente se lo llevó. Y más desgraciado fue presenciar como los mamelucos y turcos abatían con sus flechas a los trabajadores que se afanaron por fijar el malecón al fondo. Ante esto, los cruzados recurren a la estrategia de las torres de asalto rodantes, que siendo de madera son quemadas con suma facilidad por los proyectiles incendiarios que lanzan las catapultas de Mansura. Los cristianos se estaban enfrentando a dos grandes estrategas, Fakr al Din y Beybars, como demostró el segundo al vencer a los cristianos en Gaza.

Llega el 8 de febrero, los cruzados llevan la tienda del rey de Francia a un beduino, que conoce un atajo para poder salir de la trampa en la que se hallaban. Aunque el maestre del temple desconfía desde el primer momento de este colaborador, untado con una gran suma de dinero. Los demás dirigentes de la cruzada lo ven en exageración.


 
A LA IZQUIERDA GUILLAUME DE SONNAC




El atajo resultaba ser un acho brazo fluvial, que en ser cruzado estuvo a punto de ahogar a más de un centenar de cruzados, puesto que el agua les llegaba a la altura de los cinturones, y en algunas zonas las corrientes de agua eran potentes que derribaba a los débiles y hacía imposible el manejo de los caballos muy cargados.

Cuando llegan a tierra firme, cuenta unas 50 bajas y una gran pérdida de suministros. El beduino escapó hace tiempo por lo que no recibe ninguna represalia. Todos estaban furiosos, de forma que al toparse con el grupo de turcos, el conde de Artois dio orden de cargar contra aquellos. Sin embargo, el mestre del Temple, Gillermo de Sonnac le advierte que podían caer en una emboscada si marchan detrás del enemigo por ese terreno que no conocen, pero una vez más es ignorado puesto que el conde es muy orgulloso y se cree superior a un jefe templario.

Tras esto y en palabras de Luis IX, “al día siguiente ordenamos a nuestras tropas en batalla y nos dirigimos al vado. Atravesamos el río, no sin correr grandes peligros, pues era más profundo y difícil de superar de lo que habíamos supuesto. Muchos caballeros debieron pasar a nado. Tampoco resultaba sencillo salir del río por la altura de la Ribera, que estaba cubierta de fango. Después de superar tantas barreras, llegamos al lugar donde se habían preparado las máquinas de los sarracenos frente al camino que nos disponíamos a recorrer. Entonces nuestra vanguardia atacó al enemigo, y le mató mucha gente sin perdonar ni sexo ni edad. Los sarracenos perdieron un jefe y algunos emires.




LUIS IX ENTRA EN LIZA


“como algunos de los nuestros se habían dispersado, consiguieron llegar al pueblo llamado Mansura, donde dieron muerte a todo el sarraceno que encontraban. Sin embargo, como estos se dieron cuenta de la imprudencia de nuestros soldados, reagruparon sus fuerzas, se armaron de valor, contraatacaron hasta envolverlos y terminaron por aniquilarlos. Allí se hizo un gran carnicería de nuestros barones y guerreros, tanto de los religiosos Templarios y Hospitalarios como de los demás… También perdimos a nuestro hermano, el conde Artois, tan digno de terna memoria…”

“…aquel día los sarracenos nos atacaron por todas partes con una granizada de flechas. Intentamos sostener sus violentos asaltos hasta el anochecer, cuando el socorro que nos proporcionaba nuestra balística se perdió del todo. Finalmente, luego de quedar heridos o muertos muchos de los nuestros guerreros y caballos, mantuvimos la posición con la ayuda de Dios.  En el momento que conseguimos reagruparnos, intentamos llegar donde se hallaban las máquinas de los sarracenos…”.

“…Construimos un puente de barcas, para que pudieran venir los que se encontraban más allá del río. Las terribles máquinas enemigas pudieron ser destruidas, lo que nos permitió recibir a los que venían en nuestra ayuda. No éramos muchos, aunque estábamos convencidos de que la victoria volvería a ser nuestra aliada…”.

“…El viernes siguiente, los hijos de la perdición atacaron con audacia y en número infinito nuestras líneas. El choque fue tan terrible de una parte a otra como jamás se había visto en aquellas tierras. Con el apoyo de Dios, resistimos en todos los lados. Rechazamos al enemigo e hicimos caer un gran número bajo nuestros golpes…”.

“…Algunos días más tarde llegó a Mansura el hijo del sultán, procedente de las provincias orientales, y los egipcios le recibieron llenos de júbilo. Creo que su presencia redobló el valor de los sarracenos, porque a partir de ese momento todo marchó en nuestro campamento peor de lo que hubiéramos deseado. Además brotó una enfermedad contagiosa, que nos arrebató hombres y animales. Quedamos pocos para llorar a los compañeros perdidos. A tantas tragedias, debo añadir que el hambre empezaba a causar los mismos estragos que la enfermedad. Hacía mucho tiempo que las provisiones no nos llegaban de Damieta, debido a que, como luego nos enteramos, dos caravanas fueron asaltadas, se saqueó todo lo que portaban y se pasó después a cuchillo a los cristianos…”.

“…La carencia absoluta de víveres sembró la desolación y el terror en nuestro ejército. Decidimos regresar a Damieta; pero como los caminos de la Providencia no están en el hombre sino en Aquel que dirige sus pasos y lo dispone según su voluntad, el 5 de Abril caímos en poder del enemigo, no sin gran carnicería y efusión de sangre cristiana. La mayor parte de los que volvían por el río fueron también apresados o muertos. Debo reconocer que todos dieron grandes muestra de valor, nadie retrocedió y se luchó hasta que la resistencia se hizo imposible. Creo que yo perdí el sentido en cierto momento…”.

Los acontecimientos narrados sucedieron en un período comprendido de cuarenta días. Aparte del conde Artois también murieron Gillermo de Sonnac, más de doscientos monjes guerreros, 350 hospitalarios, 500 francos y otros cientos de diferentes nacionalidades.




CABALLERÍA CRUZADA EN ACCIÓN


Cuentan que los peces del río se convirtieron en carnívoros al devorar restos descompuestos, ya que se amontonaban formando un lodo rojizo en el fondo donde el agua fluía con menos fuerza.
El sultán que levantó la moral de los suyos era Turanshah Ayub. Bien preparado para las batallas fluviales, que ordenó construir varios botes ligeros en decenas llevados a las orillas del Nilo en camellos. Estos les permitió interceptar a los barcos que portaban provisiones para  el rey de Francia y sus hombres.

Finalmente, llegó la rendición cristiana el 5 de abril, si bien no fue decisión de Luis Ix, que estaban enfermo y sin fuerzas, sino que se dice que fue un capitán de los francos sobornado por un emir mameluco, que corrió la voz entre los cientos de supervivientes cristianos; “¡nuestro santo monarca ha ordenado que nos rindamos!”. También se supo que se pagó un gran rescate por los prisioneros cristianos. Se dice que fueron muchos días enteros los que fueron necesarios para poder pesar en balanzas todas las monedas de oro, piedras preciosas y joyas, de forma, que se pudo llenar hasta sus techos en grandes cestos, una espaciosa habitación. Y aún, a pesar de haber pagado tamaña fortuna, más de 300.000 libras, se exigió una suma adicional de 30.000 libras. Pero ya las arcas de los cruzados se encontraban exiguas. Entonces, se demandó a la orden del Temple, que se sabía acaudalada, al actual en tierra santa como banqueros. Para ello se llamó a Esteban de Otricourt a la tienda del rey, como comendador encargado de las finanzas.

“Lo siento majestad. He sido obligado, por medio de un juramento sagrado, a defender esos fondos con mi propia vida. Solo puedo ponerlos en las manos de quienes me lo confiaron. Si consiguierais que estos caballeros, cuya relación tengo en mi poder, os autorizaran a utilizarlos, yo me encontraría libre de mis responsabilidades”.

Los consejeros de Luis IX miraron el listado, pero comprobados consternados que estos insignes señores se encontraban en Europa o en otras zonas muy lejanas de Tierra Santa.

“No os libramos de ese juramento”. Ofreció el rey santo, echado en un sillón que casi le hacía de cama, pues se hallaba convaleciente de su enfermedad. “Tomadlo como un préstamo, que os será devuelto dentro de un tiempo, lo más corto posible, con los intereses que estipuléis. Tenéis la palabra de un rey, ¿acaso no os parece suficiente?” 

“Señor de Francia, podéis tranquilizaros.”. En esto que interviene Rinaldo de Vichiers, mariscal del Temple, máxima autoridad en el mismo tras la muerte de Guillermo de Sonnac. “Vais a disponer de ese dinero cuanto gustéis, ya que parecéis haber olvidado que nos habéis confiado en San Juan de Acre unas propiedades, además de ciertas cantidades, de las que nos podremos cobrar para resarcir esta suma que ahora podemos entregaros.”




LUIS IX DE FRANCIA


Con esto se pudo resolver el problema del rescate. Pero la decisión del mariscal era arriesgada para su futuro, porque no se podían disponer de tales fondos de los clientes sin haber consultado con anterioridad a la junta de caballeros encargada de las finanzas de tierra santa. Y la cuestión de cobrar a partir de las propiedades y las cantidades de San Juan de Acre no era sencilla, porque se debían de superar unos farragosos procedimientos administrativos y contar con la aprobación de los administradores templarios de la ciudad. Sin embargo, los compañeros del mariscal le respaldaron en su decisión y al cabo de unos meses, pudo ocupar el cargo de gran mestre al ser elegido por votación secreta por todos los caballeros participantes en la misma.

Luis IX era el representante del Papa en aquella cruzada, y por tanto, todas las órdenes religiosas estaban bajo su mandato. A pesar de la sonada derrota de Mansuria, en todas las plazas era recibido como un héroe. Estuvo en Palestina durante dos años. Durante ese tiempo debió de resolver muchos casos difíciles, como fue el que los Templarios se reunieran con sultanes de la zona en secreto. Así: “… El hermano Hugo de Jouy, que por esas fechas era mariscal del Temple, fue a visitar al sultán de Damasco en nombre de su maestre de la Orden, con la intención de obtener los beneficios correspondientes a unas tierras. Se efectuaron las negociaciones de esa manera, poniendo la condición de que el rey había de estar de acuerdo. Al cabo del tiempo, el hermano volvió acompañado de un emir, que era embajador del sultán de Damasco, a la vez portaba un documento.”.

“El maestre le contó todo lo anterior al rey, el cual se enfadó en gran manera, por lo que le dijo que había sido muy osado al establecer unas relaciones con el sultán sin antes haberle consultado. El rey terminó afirmando que el asunto debía enderezarse. Para conseguirlo el rey levantó las tres esquinas de sus pabellones, con lo que el asunto se hizo público. Llegó mucha gente. También el maestre del Temple y la totalidad de su convento, la mayoría descalzos.”.

“En su momento el rey ordenó que ante él se sentaran el maestre del Temple y el embajador del sultán; luego, exigió al maestre con voz muy alta:¡Monseñor, quiero que le digáis al embajador que os duele haber mantenido tratos con el sultán sin antes haberme consultado!¡Y cómo nos habéis hablado nada con nos de ello antes, le libraréis de toda la responsabilidad asumida y, luego, le devolveréis los documentos firmados”.

“El maestre tomó los documentos y los dejó en las manos del emir, al que dijo: Os devuelvo porque he actuado mal, de lo que me arrepiento. A continuación, el rey le demanda al maestre que se levante y da orden para que hagan lo mismo a sus hermanos. En ese momento exige: “¡Poneros de rodillas para retractaros ante mí por lo que habéis hecho sin contar con mi aprobación!”. El maestre se tiró de rodillas y le tiende el extremo de su manto como señal de súplica. El rey prosigue: “¡Quedáis obligado a conseguir que el hermano Hugo de Jouy, el que hizo ese trato con el sultán, sea desterrado inmediatamente del reino de Jerusalén!”. Las órdenes se van a cumplir, nadie podía evitar ese destierro.

Tanta fue la humillación pública para el Temple que el maestre fue expulsado de la Orden de inmediato. A las pocas semanas se nombró en voto secreto a su sucesor en la persona de tomas Berard. Hugo de Jouy llegó hasta Aragón, donde sería nombrado maestre de Cataluña. Si bien, pasado un tiempo, se vio enfrentado con varios capellanes de la Orden, lo que hizo que el Papa dictase unas bulas para actuar contra esos rebeldes. Este Rinaldo de Vichiers murió en 1256 y por lo visto su actuación en tierra santa no le restó ni un ápice de su estatus más allá de aquellas tierras.



BIBLIOGRAFÍA:

Historia de las curzadas de Steven Ruciman.

La meta secreta de los templarios de Juan García Atienza.

Las cruzadas vistas por los árabes de Amin Maalouf


miércoles, 8 de octubre de 2014

CATAROS Y EL SAQUEO DE BEZIERS

 CURIOSIDADES:


Recuerdo que en Lyon nos concentramos un gran número de soldados. Corría el 1209. Si te parabas a escuchar podía escuchar hasta 10 lenguas diferentes. Estaban muy animados, les habían contado que la Iglesia había promulgado una serie de indulgencias, así como la duración de la cruzada de unos 40 días, y que pasados los mismos todos estos grandes guerreros católicos volverían a casa cargados de riquezas.

Entre todos estos guerreros los había de diferentes clases sociales, hasta el punto que podías encontrar delincuentes. Pasando por L¡lle recuerdo un joven ladrón que iba siendo perseguido  por unos alguaciles, pues vio que había unos monjes que estaban reclutando en una plaza por lo que se encaminó hacía allá y pidió enrolarse en la cruzada. A pesar de esto, fue detenido pero por lo que se los responsables de la cruzada protestaron formalmente por ello y lo tildaron de provocación. Existe la idea de que la cruzada es una empresa que exime de cualquier pecado a aquel que se incorpora a la misma, por lo que poco después fue excomulgada la condensa Matilde de Flandes por no haber impedido la detención. Se intentó amenazarla de perder sus propiedades sino dejaba en libertad a ese nuevo “cruzado”. Y este ladronzuelo se incorporó al ejército para luego desertar a los pocos días.

Pues como decía, en los alrededores de la ciudad habría unas miles de tiendas de campaña y otros tipos de construcciones provisionales que se habían levantado. Podemos afirmar que allí se encontraban todos los que se querían vengar del Languedoc y la Provenza con la intención de eliminar de este mundo a todo cátaro que se pusiera delante. 





LOCALIZACIÓN DE BÉZIERS


El 24 de junio de 1209 nos pusimos en marcha todo el ejército cruzado y dejamos Lyon tomando una ruta paralela al rio Ródano que nos llevaría a la región de Oc. Se puede escuchar por ahí a alguno afirmar lo siguiente: “¡Pero que inmensa mezcolanza en este ejército de Jesucristo! En cabeza cabalgaba el sombrío e implacable archiabad de Citeaux, el caudillo de las huestes cristianas contra los herejes albigenses. Cual caballero apocalíptico avanzaba, cogulla al viento, por el país que no adoraba a su Dios. Tras él, entonando el dies irae, marchaba el ejército de arzobispos, obispos, abades, curas y frailes. Junto a los príncipes de la Iglesia iban los grandes nobles seglares con sus resplandecientes armaduras de acero, plata y oro. A continuación seguían los caballeros bandidos con sus armaduras destartaladas; Rolberto Nada- teniente, Gui que no prueba el agua y todos los demás con vete a saber qué nombres. Luego los ciudadanos y campesinos, y detrás la moralla de toda Europa; los ribautz (rufianes), los truands (truhanes) y, en los templos de Venus de cuatro ruedas, las rameras de los señores de todas las naciones…”.

Algunos nos dimos cuenta que esta cruzada más que una cuestión de herejía, es una cuestión política, al fin y al cabo, estos cátaros del sur de Francia se mostraban independientes, y los clérigos y sus perfectos mantenían una buena relación y paz. Pero al Papa le molestaba la herejía y quería eliminarla y sumado al interés histórico de los monarcas galos de apoderarse de los condados del sur ,que como digo eran independientes de su poder.

Bueno, en esos días conquistamos Pylaroque, que no estaba defendida. Luego nos dirigimos a Gontand y sin que acabara la semana ya habíamos saqueado Tonneis. Pero nos vimos frenaods en Casseneuil, la cual resistió unos cinco días. Una vez que se rindieron, unos 50 cátaros fueron llevados a la hoguera, tras un juicio inquisidor, que en fin, fue toda una farsa, la sentencia estaba ya decidida antes. También se vio que una hermosa Perfecta vio destruida su armónica figura bajo el rojo pavoroso de las hogueras sentas.

Posteriormente, nos dirigimos hacia Montpellier y el 20 de julio esta sucumbió, oponiendo fuerte resistencia. Este hecho hizo que sus supervivientes, no pocos, no se libraran del castigo de las llamas. Entonces, una día después vimos como Raimond Roger, el sobrino del condado de Toulouse, se acercó al lugar para platicar con los jefes de la Cruzada. Con la idea de impedir que otras ciudades cayeran en desgracia. El se dispuso en la plaza central esperando, los jefes de la cruzada sabían de su llegada, pero él continuó esperando, pero estos no aparecían. Pasadas dos horas alguien del pueblo se le acercó con sigilo y le comentó algo. Solo puedo especular, pero debido al tiempo de espera y a pesar de venir con la bandera de la paz, probablemente, le dijeron que le iban a emboscar con sus cinco hombres que le acompañaban y que no iban a salir vivos de allí. Entonces este señor y los suyos decidieron escapar de la ciudad.

Por lo que supe por un testigo presencial luego, Raimond Roger se dirigió a la fortaleza de Béziers sin saber qué poder responder a los que le esperaban y rodeaban antes de descender de su fatigada montura. Se dirigieron a él: “¿Creéis que tenemos alguna esperanza?, preguntaba el jefe del lugar. A lo que respondió: “No”, sin que la emoción quebrara su voz. “Tendréis que defenderos con todo lo que tengáis ¡Qué Dios sea vuestro aliado!¡Volveré con refuerzos, hermanos míos!

A continuación organizó la huida de los judíos y de los cátaros. Pero muchos de estos no quisieron abandonar la ciudad. A esto, Raimond Roger Trencavel, vizconde de béziers y Carcassone, partió junto a sus caballeros y junto a 20 ancianos semitas que aceptaron su ruego, a poner en estado de alerta otras localidades.




EL ACTOR TOM FELTOM COMO ROGER RAIMOND TRANCAVEL


En Béziers reinaba el miedo; pero esto no impidió organizar sus defensas. De repente, desde lo alto de la atalaya más alta, un vigilante gritó que veía las primeras líneas del enemigo. Muchos de los suyos subieron a las murallas y miraron; y vieron con horror que el ejército abarcaba todo el horizonte. Miraban de izquierda a derecha y de derecha a izquierda y lo que contemplaban era un ejército de perdición. Parecía un dragón en movimiento dispuesto a vomitar lava de volcán por sus fauces gigantescas.

El jefe del lugar gritó: “¡No nos rendiremos!”.

Horas más tarde recibieron un emisario de los cruzados, Reginald de Montpeyriyx, el obispo más viejo. Se acercó montado en una mula e iba acompañado de dos clérigos que portaban unos pergaminos, con las condiciones de la rendición, Luego se hizo sonar las campanas de la ciudad para convocar al pueblo en las grandes naves del edificio de estilo románico. La decisión que tomase Béziers respecto a las condiciones debía ser votada por toda la gente.

Ante las naves llenas de gente, el obispo, queriendo mostrar tranquilidad que no sentía al verse rodeado de torrentes de gente, a la que considerada infecta espiritualmente les dijo: “Los cruzados se hallan en las mismas puertas de esta ciudad, hermanos. ¡Si nos entregáis a los cátaros este lugar y muchos de vosotros podréis salvaros!”

-“Jamás lo haremos viejo!”, gritó alguien al fondo. “¡No!” le secundaron otras voces.  Hasta que un coro general exclamó esta proclama heroica: “¿Cómo os habéis atrevido a venir aquí para insultarnos? ¡Nunca traicionaremos a nuestros hermanos!¡Preferimos vernos arrojados al fondo del mar!”.

En estas que el obispo fue abandonando la ciudad entre los abucheos de la gente. Luego debió contar lo sucedido a sus superiores, y se dice que Arnaud Amaric, el gran prior de Citeaux, enrojeció de furia y asestó tal puñetazo en la mesa que tenía adelante que con voz tiránica proclamó: “¡Os juro que borraré de la faz de la tierra a toda esta fortaleza!¡No quedará de ella ni una sola piedra!”.

En la mañana siguiente, el 25 de julio, y con los cruzados cubiertos de sudor debido a que el sol caía a plomo sobre ellos. Estos pudieron ver como desde Béziers salió un grupo de insensatos armados. Eran varios centenares. Sin embargo, en cuánto el jefe de estos contempló como venía a por ellos la primera línea del ejército de los cruzados, ordenó a los suyos volver a la fortaleza, pero fuera como fuere, esta decisión provocó caos y no se consiguió cerrar las grandes puertas antes de que las hubiera traspasado el enemigo. Viendo lo que sucedía, desde las murallas se lanzó piedras, flechas y aceite hirviendo. No obstante, los cruzados tenían buenos escudos y buenas defensas. Y aunque sufrieron numerosas bajas, conquistaron las alturas al atardecer. Abajo, otros cruzados se abrían paso por las estrechas calles deBéziers viendo como muchos de sus habitantes huían en dirección a la catedral. El día anterior, todos los cruzados fueron aleccionados con: “¡Matadlos a todos, y Dios ya separará a los buenos!”. Ya que fue la contestación que recibieron a la pregunta de cómo se iba a poder distinguir a los herejes de los buenos cristianos.

Los cruzados, sedientos de sangre, pasaron a cuchillo a todos los inocentes que se encontraron en su paso, desde niños, a ancianos, enfermos y mujeres. Hasta mataron a numerosos sacerdotes. Y la catedral y otros templos no fueron respetados. Debieron ser más de 20.000 las victimas. Más tarde, el trovador Guillermo de Tudela, vio la tragedia de esta forma: “Nada les salvó, ni cruz, ni altar sagrado; y esos diabólicos rufianes degollaron a sacerdotes, mujeres y niños. Nadie escapó, ¡Que Dios acoja sus almas en la gloria!”.

Mientras iban muriendo los últimos de Béziers, eran reventadas arcones, sótanos y puertas. Los rufianes iban buscando tesoros inexistentes. También fueron despojados los muertos de sus ropas, para llevarse algo de valor. Y todo esto a pesar de la oposición de los capitanes de los cruzados muy enérgica pero con escaso éxito. Pronto se decretó que fueran soldados a puntos estratégicos de la ciudad con antorchas encendidas. No debía quedar intacta ninguna piedra. Las llamas engulleron todo; mientras el denso humo se elevaba al cielo para disponer sobre él de una corona de espinas sobre aquella matanza.




LOS HABITANTES DE BEZIERS LLEVADOS A LA HOGUERA


-“Ya no hay duda de que Dios es nuestro aliado. ¡Fijaos bien en el milagro que se está produciendo ante nosotros!¡Nada que esté vivo volverá a preocuparse de la maldita Gomorra!¡Sólo quedarán cenizas de la cloaca!. Gritó alguno de los verdugos.

Se fundieron las campanas de lo eficiente del incendio. Solo quedaron cenizas de los muertos y la catedral explotó desde dentro en un crepitar fulgurante que lanzó madera chamuscada y piedra a los alrededores cubriendo el suelo de cascotes y restos ardiendo. Ríos de sangre inundaron las calles y un hedor insoportable, fue acompañado de un humo negro repleto de pavesas, que obligó a huir a los últimos saqueadores.

En el momento que unos monjes comenzaron a cantar, aquellos que acompañaban a los cruzados, se produjo el desplome de los restos de la muralla. Arnaud Almaric envió más tarde una carta al Papa que como punto más destacado se puede citar: “Nuestros bravos no han respetado ni categoría militar, ni sexo. Tampoco edad. Bajo sus espadas justicieras han perecido cerca de veinte mil herejes. Por último, la ciudad infecta fue saqueada y quemada. ¡La venganza divina ha resultado maravillosa!”.

De estos hechos otro trovador, Guillem Figueira dice: “Lucís con orgullo de los monstruos, ¡oh, centro de la cristiandad!, un muy horrible tocado el de la infamia, que llevaréis para siempre tú y el Císter, ya que sois responsables de que se ordenara cometer en Béziers una carnicería tan espantosa.”. Fue una tragedia respaldada por primera vez por la Iglesia Romana, la que promulga poner la otra mejilla ante el golpe del enemigo.


LECTURA RECOMENDADA:


 

LA CRUZADA ALBIGENSE Y EL IMPERIO ARAGONES: A VERDADERA HISTORIA DE LOS CATAROS, LA EXPANSION DE LA CORONA DE ARAGON Y LA GESTACION DEL IMPERIO MEDITERRANEO ARAGONES (En papel)

DAVID BARRERAS , NOWTILUS, 2007



 La verdadera historia de Los Cátaros, Jaime I el Conquistador y la expansión de la Corona de Aragón.La apasionante historia de los orígenes de Cataluña y Aragón, los cátaros y la cruzada organizada contra ellos para permitir la anexión francesa de Occitania, la reconquista de catalanes y aragoneses, y la gestación del imper io mediterráneo aragonés y posteriormente español. La Cruzada Albigense y el Imperio Aragonés cuenta la historia de los cátaros y la expedición militar organizada por la Santa Sede para combatirlos, hecho este último íntimamente relacionado con la reconquista aragonesa y catalana. A lo largo de la narración se van mostrando las herejías, la Cruzada Albigense, la reconquista hispánica, el equilibrio de poder entre los reinos peninsulares y el panorama europeo del siglo XIII. Para ello el ensayo hace un recorrido a través de Occitania, la Corona de Aragón, Francia, Castilla, Navarra, el Sacro Imperio, Inglaterra y Sicilia, retratando el ideal caballeresco y el espíritu de cruzada de los monarcas y señores feudales de la Europa de esta época. Cátaros, la Inquisición, grandes reyes hispánicos y europeos, caballeros, templarios, cruzadas, tiempos de conquista, guerras, alzamientos populares y ambiciosos Papas se entremezclan en este apasionante ensayo histórico que cuenta en esencia la historia de la Europa occidental del siglo XIII. Un original cóctel que merece la pena degustar.


viernes, 3 de octubre de 2014

LA AVENTURA DE LOS ALMOGAVARES

 CURIOSIDADES:



¡Malditos sean los que nos llaman pordioseros o gentuza o hombres desarrapados! ¿A quién acuden para que les saquemos las castañas del fuego? ¡Sí a nosotros los almogávares!

En estos tiempos, somos plebeyos y no es ninguna ganga el serlo. Podemos padecer hambruna, tiranía de los señores y padecer pestes, por tanto, nosotros gente de la montaña hemos escogido ser guerreros a sueldo, y con ello, aunque la muerte nos quiera besar, podemos tener días y semanas de desenfrenado y puro disfrute.

Os preguntáis de dónde venimos, pues de las montañas de los pirineos, al servicio de la corona de Aragón. Y nuestro nombre, no lo sé de cierto, pero se comenta de viejo que viene de una palabra árabe que significa el que hace correrías. Y , por Dios, que nombre más acertado.

Mirad, somos muy nuestros, no te metas con nosotros que vamos a una contra vosotros. Somos montañeses, qué quieres. No ves como visto; zamarra de piel, calzas de cuero, una redecilla de hierro, o a veces un gorro de cuero y como calzado, las abarcas. Y cuando vamos a guerrear, no os penséis que somos corderitos. Te gusta lo que ves, te resulto fiero, pues ya verás cuando esté dispuesto para la lucha y golpee las armas contra las piedras, envuelto en polvo y chispas y gritando como un loco “Desperta ferro”. Y no yo sólo, sino con mis hermanos, con un gesto en la cara de rabia contenida y desplegar movimiento de ataque. Os lanzaré una lanza corta, la que llamamos la azcona, o sucumbiréis al impacto de pequeños dardos, y si os ponéis a mano, sufriréis el colirtell, ese fuerte cuchillo de buen filo.




VESTIMENTA ALMOGAVAR


Cuando luchamos, nos gusta ir cuerpo a cuerpo y deslizarnos debajo de los caballos enemigos para destriparlos, su montura cae al suelo con gran estrepito e incapaz de articular movimientos rápidos postrado en el suelo por su pesada armadura es presa fácil de nuestras armas.

Nuestra estrategia es causar pánico en las huestes enemigas con nuestro vocerío y mala leche y nuestras tácticas de ataque, una vez desatado el mismo nuestra acción es pura carnicería en la que no se levanta una mano para herir que no diera en carne.

No nos gusta mandar, sino recibir órdenes de fabulosos caballeros con bastante tino en la dirección de la batalla. Estos caballeros son de buen linaje y mejores jinetes, pero eso sí han de poseer nuestra mala leche y ansías de botín y aventuras, y ser el mejor postor, por supuesto. Queremos dineros por adelantado. No os vayáis a pensar que renunciamos a la democracia castrense, en ellas se eligen los almocadenes, una especie de sargentos, “la flor del mundo” y los capitanes, que están en contacto con los caballeros. Y, aunque, la batalla esté en el mismo infierno, llevamos siempre con nosotros a nuestras mujeres y nuestros hijos, ¡ojo, con ellas y ellos, que por sí solos se sirven de vosotros como desayuno!.

Cuando el rey Pere de Aragón, y nosotros con él, acabó la reconquista. El nos mando a Sicilia, que estaba siendo atacada por el francés, Carlos de Anjou, y más concretamente sitiaba en ese marzo de 1282, la ciudad de Messina. Recuerdo, que esa noche nos colamos como 2000 de los nuestros dentro de las murallas de la ciudad y que los lugareños se quedaron con semblante de haber visto al mismo demonio delante suyo. Pero a la mañana siguiente, no imaginaron el terrible y hermoso cuadro que se les dibujó delante de su faz. Nos vieron salir con gran estruendo y potencia por la puerta y asestar tan duros golpes a los sitiadores que a estos no les quedó más remedio que huir y dejar pertrechos por doquier para salvar sus miserables vidas. Y nos embarcamos para seguirlos hasta  el continente y rematar la destrucción de su campamento en la Catona en un baño de sangre, vísceras colgando de los caídos, miembros cercenados, cabezas rodando, y se formaron ríos y lagos de rojo líquido. 

Pero nos llegó la noticia de la muerte de Pere el gran, y con ella quedarnos sin nuestra actividad favorita y dineros, su hijo, Jaume segundo, renuncia a nuestro pesar a Sicilia y nos ordenan abandonarla. ¡Nunca! Nos enteramos que tenemos nuevo rey, Fadrique, el tercer hijo del Pere. Otra vez a la greña, más correrías contra franceses, y siempre de triunfo en triunfo. Pero se ve que nos excedimos y dejamos de obedecer al rey y además, nos enteramos que no tiene fondos para pagar. Y nosotros juzgamos por cosa imposible vivir con moderación. Encontramos un noble caballero, Roger de Flor, que nos contó haber cerrado unas buenas negociaciones con el emperador de Bizancio, Andrónico segundo Paleólogo, que necesitaba ayuda para contener los turcos. Así, que de Messina zarpamos en ocho naves hacia Constantinopla, con 4000 de nosotros, 1500 hombres a caballo, 1000 marineros y nuestras familias. 

Y desfilamos ante los sorprendidos e irritados aristócratas bizantinos, que desde sus gradas engalanadas nos contemplaban, rodeados de lujo y suntuosidad. Constantinopla, se veía esplendorosa, vibrante, con vida en torno a su majestuosa basílica de Santa Sofía que recibía con júbilo a la Compañía catalana, contratada para frenar el avance turco que se cernía sobre la ciudad.
El emperador fiel a lo pactado con Roger de Flor, les adelantó cuatro pagas y con la pompa y beato propios de la capital imperial, se celebró el nombramiento de Roger de Flor como megaduque y su boda con la princesa María, de 16 años, hija del  khan de los búlgaros y de Irene, la hermana de Andrónico. 




ROGER DE FLOR A SU ENTRADA EN CONSTANTINOPLA


Nos dimos cuenta que esa fabulosa ciudad habían gentes de fuera, nos enteramos de que había genoveses, mercaderes y soldados, que traficaban en ella. Les gusta ir bien ataviados, pero vimos como dos de ellos comenzaron a mofarse de nosotros por las pintas de un compañero nuestro que estaba solo en mitad de una calle. Eso corrió de boca en boca, y nosotros ya fuera de sí, tremendamente ofendidos no perdimos tiempo en matar a genoveses, dicen por ahí que acabado el acto se hizo un recuento y que fueron unos 3000, y menos mal que nuestro jefe nos paró justo a tiempo, sino su número hubiera aumentado hasta tal punto que su sangre podría haber pintado las paredes de la basílica. 

Se ve que el emperador vio todo lo que pasó desde las ventanas de su palacio de Blanquernas, que instó a que Roger nos despachara cuánto antes. De esta guisa abandonamos Constantinopla, y unos meses después, en noviembre de 1302 cruzamos el mar de Mármara para descargar cual mandoble vigoroso sobre un campamento turco que tiempo atrás el príncipe heredero Miguel no se atrevió a atacar a pesar de contar con un numeroso ejército. Y en un plis plas del campamento turco solo quedó el nombre. Esta hazaña llegó a oídos de la capital que la recibió con contenido júbilo y no causó alegría precisamente en Miguel.

Pasamos el invierno en Cizico, y nuestro jefe Roger, recibió continuas quejas por parte de sus habitantes debido a nuestro comportamiento. Que quieren les pedíamos de comer, y si se ponían chulos se lo quitábamos, y los que no teníamos mujer, de tanto, tomábamos alguna del pueblo y cosas por el estilo. Tampoco hay para tanto. Roger de Flor pasó bastante de este tipo de quejas, pero por lo que se ve uno de nuestros caballeros más destacados, Ferran Jiménez de Arenós, no le pareció bien nuestros manejos y decidió junto a otros 80 más que montaban a caballo abandonar la compañía y pasarse al servicio del duque de Atenas. Supimos más tarde, que Georgios, jefe de los alanos, que el duque de Atenas tenía contratados también , tuvieron un incidente con estos caballeros, la conclusión que unos 300 alanos fueron degollados bajo sus manos por lo que Georgios decidió separar ambos grupos, si bien unos 1000 alanos acabaron quedándose en compañía de los demás.



RECORRIDO DE LA VENGANZA CATALANA


Bueno, ya en mayo de 1303, comenzó para nosotros una nueva campaña que trataba de liberar la ciudad de Filadelfia que estaba sitiada por el emir turco de Karamania, Ali Schir. Este ejército formado por unos 8000 caballos y 12.000 infantes, se vio sorprendido ante nuestra tremenda furia, portando los estandartes de Aragón y don Fabrique acabando con casi todos ellos. En nuestro lado solo hubo 180 bajas. Más tarde, hacemos matanza en Tiria, y nos ponemos a descansar que viene el invierno. En esas estamos que recibimos refuerzos de unos 1.200 hombres más que fueron traídos por Bernat de Rocafort reunidos en Efeso con lo que podemos proseguir nuestra marcha el año siguiente por la Anatolia. Llegando a lo que se conoce como el desfiladero de Puertas de Hierro nos esperaba el mayor ejército contra el cual hemos tenido la ocasión de masacrar; éramos 8000 contra 20.000 infantes y 10.000 caballos. Esto nos hace estar muy animados, además siendo el día de la virgen María en Agosto y antes de combatir en tal precioso día,  todos nos ponemos muy serios para orar. 

Al día siguiente lo que se contemplaba en el campo de batalla era una escena apocalíptica y gozosa para nuestros ojos; 18.000 turcos abiertos en canal. Estamos exultantes y presa de los delirios de grandeza que provoca el alcohol y recolectando un inmenso botín pensamos que nada nos puede parar. El Éufrates y el Tigris no andan tan lejos, y podría ser que nosotros nos podríamos hacer con el control de la zona. Sin embargo, Roger de Flor no le ve tan claro y nos mandó volver a la costa europea y retirarnos a Gallipoli en el otoño de 1304, donde se nos une Berenguer de Entenza, recién llegado de Sicilia siendo gran amigo del megaduque, tanto que Roger le nombra megaduque siendo para él el de Cesar, segundo cargo más importante después de emperador. 



CUADRO DEL PINTOR MARIANO FORTUNY


Los bizantinos a la vez estaban contentos de que los turcos estuviesen bien lejos y no los hostigaran, pero a la vez desconfiaban de nosotros, somos tan “bestias” para ellos. De esto bien sabía el príncipe heredero Miguel que urdió una trampa a Roger de Flor y algunos de nuestros hombres cuando fueron a visitarle a Adrinópolis, y  con Georgios y los alanos  se encargarían de matar al nuevo césar y hasta unos 1.300 hombres que lo acompañaban tras la celebración de un banquete.

Cuando esto llegó a oídos nuestros en Gallipoli, donde 3.500 de los nuestros quedaban. Seguros de nosotros mismos decidimos declarar la guerra a todo el imperio, incluidos los genoveses y venecianos que en él moran. Y así lo hacen saber a la corte formalmente, a través de unos embajadores que, cuando regresaban junto a comerciantes catalanes que se habían visto obligados a abandonar Constantinopla, fueron linchados y descuartizados por los habitantes de Rodosto. 




LA TRAICIONERA MUERTE DE ROGER DE FLOR TRAS EL BANQUETE


Miguel y unos 30.000 hombres nos van a sitiar en Gallipoli, pero en esas que no hemos perdido el tiempo y aprovechamos para tomar la ciudad de Heraclea, donde matamos a todo el mundo, sea hombre, mujer o niño. Pero en Rodosto, nuestra venganza fue todavía feroz, puesto que los animales también sufrieron nuestra perdición e hicimos buena cuenta a los alanos en su retirada. En Rodosto, un caballero prestigioso, un tal Muntaner, se hace cargo de la fortificación mientras que nuestros compañeros se entretienen con los alanos, y en alguna ocasión se ve forzado a defenderla junto a mujeres, que como ya dije son lo más en la batalla cuando se las molesta. 

Pero he aquí que Berenguer de Entenza es apresado por los genoveses, siendo sustituido por Rocafort, que en junio de 1305, decide salir y plantar cara a los 30.000 sitiadores. Decidimos salir no por lo furia del orgullo, sino porque comprendíamos que nuestra situación era desesperada en extremo, y afrontamos la lucha empuñando la muerte como arma última. Y aunque sea difícil de creer aniquilamos a 10.000 bizantinos por solo 3 de los nuestros.




VIDRIERA QUE REPRESENTA LA VENGANZA CATALANA


A partir de entonces, teníamos barra libre para campar a nuestras anchas, e incluso aceptamos que se unieran a nosotros los turcos en armonía. Nos dedicamos a saquear sin descanso. Éramos ricos y sobrados. Tanto que esquilmamos toda la Tracia y nos dirigimos hacia Macedonia.  Nos dividimos en dos grupos, uno comandado por Rocafort y el otro por Entenza y Serós, y no tardarían en batallar entre sí, porque aunque estuvieran enfrentándose ante todo un imperio nos les faltaba agallas para enfadarse entre ellos. Y todo porque rocafort y Entenza tenían una rivalidad feroz. Este último cae muerto en la batalla que se produce entre ellos.

En esas, sufrimos la primera derrota sería en Salónica, cosa que no impide que Rocafort, prosiguiera con su deseo de convertirse en el Rey de Grecia. En esas, que un delegado del rey francés Carlos de Valois, Teobaldo de Capoy, se cruce en nuestros caminos y seamos derrotados siendo Rocafort y su hermano Gisbert condenados a morir de hambre en Nápoles.

Más tarde, el contrato con Gautier de Brienne. Duque de Atenas, se acaba, pues no pagaba el cabrito, decidimos acabar con él y su corte. Somos dueño de una tierra y tenemos dos opciones, proseguir con nuestro belicoso nomadismo o bien quedarnos. Estamos fatigados por lo que decidimos hacer esto segundo y nos apropiamos otro ducado, el de Neopatria, y nuestros principales se casan con las viudas de los caballeros franceses asesinados, y como no sabemos mandar cedemos el mando a uno de nuestros prisioneros, Roger Deslaur. Nos dedicamos a cultivar. Pasa el tiempo, y en 1379 acierta a pasar por allí una compañía de navarros al mando de Juan de Uturbia que nos arrebatan los territorios de Neopatria. Pasados seis años, las tropas contratadas por el comerciante florentino Niero Acciajuoli atacan Atenas. Los nietos de los grandes almogávares se refugian en Atenas al mando de Pere de Pau, donde resisten hasta que mueren. Y con ello esta aventura.


 FUENTE_EL CABALLERO RAMON MUNTANER