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miércoles, 18 de junio de 2014

AKBAR

CURIOSIDADES:


AKBAR MONTADO SOBRE UN ELEFANTE

Mientras Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra ejercían su gobierno absolutista en Europa, un monarca no menos poderoso que ellos reinaba sobre el inmenso territorio de la India. Akbar, que en árabe significa «el grande», gobernó gran parte del subcontinente indio durante cincuenta años, entre 1556 y 1605, y llevó al Imperio mogol a su máximo apogeo. Sus conquistas y los tesoros de sus palacios hicieron que, incluso en España, numerosos autores realizasen descripciones de aquel mundo lejano y misterioso y de su poderoso emperador. Lope de Vega, por ejemplo, escribió sobre su imperio: «Las riquezas que le adornan / muchos palacios soberbios / nunca Darío, Alejandro, / Ciro ni Jerjes los vieron. / Oro, piedras, perlas, plata, / cubren paredes y techos / y el suelo que va pisando / brocados persas y medos».
Procedentes de Afganistán, los mogoles entraron en la India a principios del siglo XVI. Babar, un descendiente de Tamerlán, marchó en 1525 sobre Delhi con un ejército de 12.000 hombres y venció a los diversos gobernantes musulmanes e hindúes del norte de la India para fundar allí el Imperio mogol. Su hijo Humayun, desplazado durante un tiempo por un rival afgano, retornó a la India en 1545 para continuar las conquistas con un ejército moderno, provisto de artillería y de temibles arqueros a caballo. Pero fue Akbar, el hijo de Humayun, quien hizo del Imperio mogol la potencia dominadora en la India. Accedió al trono a los trece años, después de que su padre muriera al caerse de una escalera en su ciudadela de Delhi, y bajo la guía de su regente, Bairam Khan, combatió a los príncipes hindúes insumisos del este y el oeste de sus dominios. En 1560, el joven rey mandó asesinar a su regente para poder gobernar con independencia, y continuó su expansión por la meseta del Decán, donde en 1567 logró someter Vijayanagara, el reino hindú más importante.

En permanente conflicto dentro de sus fronteras, el Imperio mogol se caracterizó por su cultura guerrera; no en vano nueve décimas partes de los ingresos estatales se dedicaban a gastos militares. Se trataba de un Estado muy centralizado, como se deduce de la facilidad con que se recaudaban impuestos y de las importantes reformas que Akbar llevó a cabo, como la construcción de puertos y la mejora de carreteras y sistemas de comunicación. Akbar creó también un servicio estatal unificado de funcionarios. Logró el apoyo de las clases militares y los terratenientes, y atrajo a su corte a nobles persas e hindúes, asegurándose los servicios de los hombres más capaces.

En la India, Akbar se enfrentó a una situación religiosa muy compleja. La mayoría del país era de religión hindú, pero desde el siglo XIII estaba gobernado por grupos de conquistadores musulmanes de origen extranjero. Sólo el pacifismo tradicional hindú evitó sangrientas revueltas contra este dominio. Además, el Islam y el hinduismo eran dos fes aparentemente irreconciliables, pues el panteísmo hindú –la concepción según la cual todo el universo es una sola esencia divina, un único dios que asume múltiples representaciones– era considerado sacrílego por los musulmanes.

Sin embargo, Akbar quiso ser justo con todos sus súbditos. Autorizó de nuevo la construcción de templos hindúes, prohibida por sus antecesores, y suprimió los impuestos especiales que recaían sobre los no musulmanes. Asimismo, permitió a los clanes rajputs hindúes, vasallos de su imperio, mantener sus costumbres e incluso participar en las tareas de gobierno. En vez de malgastar sus esfuerzos en interminables guerras, estableció alianzas matrimoniales con princesas hindúes para mantener buenas relaciones con sus reyes vasallos. Él mismo se desposó con una princesa hindú, lo que le aseguró la lealtad de muchos pequeños reinos de Rajastán. Akbar marchó en peregrinaje a un lugar santo hindú para pedir a los dioses que le dieran un hijo, lo que le valió el aprecio del pueblo. Incluso corrió la voz de que el emperador, disfrazado, recorría las calles de su ciudad para enterarse de los problemas de sus súbditos y poner remedio, como se dice que hacía Harun-al-Rashid, el famoso califa de Bagdad. En su afán por lograr un entendimiento entre las distintas confesiones, Akbar convocó reuniones de teólogos no musulmanes –hindúes, mazdeístas, cristianos, sufíes, jaínes y budistas– y de las diferentes corrientes del Islam, desde los suníes y chiíes hasta los ismailíes.

En los últimos años de su reinado, Akbar se alejó incluso de las prácticas islámicas convencionales; por ejemplo, dejó de enviar peregrinajes oficiales a La Meca y empezó a adorar al Sol en una serie de innovadores rituales. Rodeado de maestros espirituales de todo signo, diseñó una nueva religión, denominada Din-i-Ilahi, la «Fe divina». Se trataba de una forma de sincretismo destinada a unificar a hindúes y musulmanes, tomando lo mejor de ambas religiones, con una marcada influencia del sufismo, una variante mística del Islam. Esta forma religiosa desapareció con la muerte del emperador, aunque supuso un precedente muy positivo en la integración posterior entre hindúes y musulmanes.
Para reforzar su imagen de poder, en 1571 Akbar decidió crear una nueva capital, Fatehpur, «La ciudad de la victoria», a un día de marcha de Agra, la antigua capital mogola. Fatehpur era un gran complejo de edificios de arenisca roja, con su mezquita, sus palacios y aposentos para la numerosa corte. Sin embargo, en 1585 Akbar hubo de abandonarlo, según algunos por falta de agua, más probablemente porque el Fuerte Rojo de Agra era un refugio más seguro ante los ataques de su hijo rebelde, Jahangir.
La jornada típica en la corte de Akbar, ya fuera en Agra o en Fatehpur, se iniciaba temprano. La mañana se dedicaba a las audiencias públicas y privadas, para las que había salones diferentes. Los miembros de la familia real comían por separado, generalmente en sus aposentos. Tras la comida era habitual la siesta, durante las horas de más calor. Las mujeres tenían sus propias habitaciones y presenciaban las audiencias ocultas tras celosías. Las visitas del emperador al harén no tenían hora fija, a diferencia de los rezos, que detenían la actividad en el palacio. Un gran número de criados se ocupaba de las tareas de limpieza y un grupo de ellos se dedicaba exclusivamente a tirar de las cuerdas que movían los grandes abanicos situados en el techo para hacer circular el aire.
En Fatehpur eran cotidianos los bailes y a  los cortesanos les gustaba mucho pasear por los jardines y hacer volar cometas. Uno de los espectáculos favoritos de Akbar eran los combates de elefantes, pero el emperador sentía también un gran respeto por el saber, pese a ser analfabeto, y en su corte eran muy frecuentes los certámenes poéticos, los juegos de mesa (ajedrez, variedades del parchís) y los juegos de naipes. Akbar se convirtió en un gran mecenas de las artes. Acogió en su corte a nueve grandes artistas, conocidos como Navratna, «Las nueve joyas», entre los que estaban el cronista Abul Fazl, el astrólogo Abdul Rahim Khan-i-Khana, el poeta Faizi y el músico Tansen. El primero de ellos escribió una crónica laudatoria y extremadamente detallada del reinado de Akbar, el Akbarnama, considerado el documento más importante sobre la India del siglo XVI. Akbar había ordenado a Abul Fazl: «Escribe la relación de estos gloriosos sucesos y nuestras crecientes victorias con la pluma de la sinceridad». Y el cronista dedicó nada menos que 4.000 páginas a glosar las gestas del gran emperador mogol, Shahinshah, el «rey de reyes», aquel que «con la ayuda del favor eterno y la asistencia de las huestes secretas, ve su propia felicidad en dar paz a la humanidad y pugna día tras día por controlar y remediar la locura de los malvados».


FUENTE-Enrique Gallud Jardiel. Historiador y escritor, autor de Historia Breve de la India, 

domingo, 26 de enero de 2014

SAMARCANDA LA CIUDAD DE TAMERLAN.

CURIOSIDADES:


SAMARCANDA

Legiones de escritores pronuncian el nombre de Samarcanda como si fuera un oasis mágico de cúpulas azules, un lugar de ensueño rodeado de un aura de leyenda. Sin embargo, Samarcanda existe, fue una de las capitales más importantes de la antigua Ruta de la Seda y se alza en la dura estepa de la Transoxiana, entre los ríos Amu Daria (Oxus, en la Antigüedad) y Sir Daria (Jaxartes), en el actual Uzbekistán. Aún hoy, debe su fama a la armoniosa disposición y belleza de las tres madrazas que se alzan en la céntrica plaza del Registán. Enfrente de esta plaza, con una mirada penetrante y fría, se encuentra la gran estatua sedente dedicada a Timur, el héroe que está indisolublemente unido al destino de la ciudad. Timur-i-Lenk  –Timur «el cojo», apodo que en Occidente se transformaría en Tamerlán– construyó un vasto imperio cuyos límites se extendían desde Anatolia hasta el océano Índico, y la relevancia de su figura es tal que traspasa los confines de varias civilizaciones entre dos épocas, la medieval y la renacentista. Tamerlán escogió Samarcanda como su capital, y pronto esta ciudad, donde confluían las caravanas procedentes de Oriente y Occidente, con sus especias y exóticos perfumes, acabó convirtiéndose en la residencia de una corte de leyenda.

Disponemos de un testimonio excepcional  sobre el esplendor mítico de la capital de Tamerlán: el de Ruy González de Clavijo, un caballero castellano enviado por Enrique III, rey de Castilla y León, como embajador ante la corte del conquistador asiático. La última de la larga serie de victorias de Tamerlán, lograda sobre el sultán otomano Bayaceto, había despertado el entusiasmo de los reyes de la Europa cristiana, que se veían así libres de la amenaza otomana y soñaban con firmar la paz con la potencia emergente de Asia, entre otras cosas para circular libremente por la Ruta de la Seda. Enrique III, tras recibir con agrado a un embajador de Tamerlán, envió a su vez a Clavijo cargado de regalos para el victorioso soberano oriental. Tras un viaje por Grecia, Anatolia y Mesopotamia que duró más de un año, el 31 de agosto de 1404 Clavijo llegó a Samarcanda. Permanecería allí casi tres meses, y tan maravillado quedó por la visión de aquella remota ciudad que a su vuelta escribió un relato de su experiencia, la Embajada a la corte de Tamerlán.

Nada más entrar en la ciudad, Clavijo comprobó que Tamerlán había sabido conjugar en ella lo mejor de Oriente y Occidente: Siria enviaba sus tejedores, vidrieros y armeros; Delhi proporcionaba albañiles, constructores y talladores de gemas, y Anatolia suministraba orfebres, cordeleros y maestros armeros. Clavijo recorrió los bazares de Samarcanda y observó cómo en las calles se mezclaban lenguas y religiones, desde el Islam hasta el zoroastrismo y el cristianismo nestoriano. En sus mercados abundaban todo tipo de productos procedentes de la Ruta de la Seda: de Rusia y Mongolia venían cueros y lienzos; de China, además de la seda, llegaban rubíes y diamantes, ruibarbo y perlas, y de la India, especias menudas como nuez moscada, jengibre, flor de canela y clavo de olor.  A ojos de Ruy de Clavijo, Samarcanda era la casa donde Tamerlán iba depositando los tesoros que le proporcionaban sus conquistas.

A la hora y día convenidos, Ruy de Clavijo se presentó ante Tamerlán. Clavijo descubre la fragancia de los jardines de Samarcanda, repletos de jazmines y violetas, y la fresca sombra de las yurtas, las típicas tiendas mongolas. Éste era el ambiente preferido por Tamerlán y su corte, ya para las largas recepciones oficiales o para practicar su pasatiempo favorito, el ajedrez. Fogoso soldado a la vez que experimentado y prudente capitán, Tamerlán sabía rodearse en su corte de artistas y literatos que le hacían gozar tanto de la poesía y de la historia persas como del relato de sus conquistas militares. Tras las oportunas reverencias, Tamerlán los mandó acercarse. Clavijo esperaba encontrarse con el «azote de las estepas», de cuerpo nervudo y recio, ojos amenazadores, gesto brusco y poderosa y bronca voz. Sin embargo, lo que vio fue un anciano ya caduco, acomodado entre cojines de seda bordada; «tan viejo era –dice Clavijo– que hasta los párpados de sus ojos estaban caídos». Todo fueron cortesías para Clavijo y su rey: «Mirad aquí estos embajadores –proclamó solemne Tamerlán ante sus cortesanos–, son éstos los que me envía mi hijo, el Rey de España, que es el mayor Rey que hay en los francos». Copioso fue el banquete con el que se obsequió a Clavijo: carneros cocidos y asados, ancas de caballo sin su corvejón, jugosos melones, uvas y duraznos servidos en la dulce leche fermentada de las yeguas; y todo ello ofrecido en fuentes de oro y plata, junto a finas obleas de pan y escudillas con arroz, salsas y condimentos varios. No faltó tampoco el vino, con la venia del propio Tamerlán (aunque él era musulmán), escanciado en tazas de oro que descansaban sobre platos de fina porcelana.

Igualmente Clavijo observó la sensibilidad de Tamerlán por el arte y la cultura, en contraste con el devastador efecto de sus campañas. El conquistador puso especial empeño en sembrar su capital de espléndidas construcciones. Ruy de Clavijo presenció incluso cómo Tamerlán mandaba demoler parte de la mezquita de su esposa, Bibi Khanum, para que ésta fuera reconstruida a su gusto en tan sólo diez días. El monarca no reparó en gastos; incluso mandó traer el mármol, portado a lomos de un centenar de elefantes, desde las canteras de la India. Pero, apurado por sus campañas, delegó la dirección de las obras en su mujer, que también había iniciado la construcción de una tumba para ella misma enfrente de la mezquita.
Cuenta la leyenda que el arquitecto de la mezquita se enamoró perdidamente de Bibi Khanum. La reina, en un intento de disuadirlo, le mostró cuarenta huevos y le dijo: «Miradlos, cada uno está pintado de una forma diferente y, sin embargo, da igual su color; pues ya sea éste rojo, azul o verde, su sabor siempre será el mismo». El arquitecto guardó silencio entonces, pero una semana más tarde volvió a presentarse con cuarenta botas, treinta y nueve con agua y una llena de vino: «¡Ay mi Bibi Khanum! –le susurró malicioso–. Aunque todas ellas te puedan parecer iguales, el agua de unas me refresca y apacigua mis sentidos, pero tan sólo el vino de esta última ha logrado embriagarme». Bibi Khanum, vencida, accedió a recibir un beso, pero su mano tendría que separar sus mejillas de los labios de ese loco adulador. Sin embargo, la pasión del arquitecto era tan fuerte que traspasó esa barrera y el beso dejó una marca indeleble. Tamerlán, al volver, se encontró con la mezquita casi acabada: la grandiosa belleza de ésta, su riqueza y exquisitas proporciones emocionaron incluso a un hombre rudo como él. Se volvió a agradecérselo a su mujer, pero observó entonces con horror la huella del furtivo beso. Lleno de furia, se cuenta que Tamerlán empujó a su mujer al vacío y que ésta se salvó gracias al vuelo de sus trajes. Quiso también castigar ejemplarmente al arquitecto, pero éste ya había huido o se había dado muerte.
Durante la estancia de Ruy de Clavijo en Samarcanda, Tamerlán, que se hallaba inmerso en los preparativos de su última campaña contra China, cayó enfermo. Sus ministros despidieron entonces a los castellanos, que tuvieron que emprender el viaje de vuelta el 18 de noviembre de 1404. El emperador murió poco después de la marcha de Clavijo, a los 71 años, el 19 de enero de 1405.
Por Juan Pablo Sánchez. Northeast Normal University, Changchun (China),

viernes, 18 de octubre de 2013

TAMERLAN

Cuenta la tradición mongol que el mundo estaba formada por una inmensa laguna, rodeada a su vez por grandes océanos, por ese motivo su líder no podía portar otro sobre nombre que no fuera el de  Gengis khan ( señor de todos los océanos).

TIMUR ( TAMERLÁN )


Después de la muerte del primer gran   Khan  (Temuyin), el poder de los Mongoles se extendía casi por la totalidad del continente Asiático,
 sus descendientes continuarían con su legado comenzando la conquista de la poderosa China, pero la realidad es que en el Siglo XIV las cosas no terminaban de ir del todo bien para los Mongoles, las tribus se encontraban separadas y faltos de un líder que las aunara nuevamente como si fueran esa antigua nación capaces de derrotar a cualquiera no como sucedía que cada uno miraba por si mismo .
Pero una figura surgió en tiempos de incertidumbre un hombre sabría reunir en una sola nación de nuevo a las diferentes tribus  su nombre Timur  que lo podríamos traducir por (hierro ), conocido por los Europeos con el nombre de Tamerlan.

Tamerlán ( del persa Timur i lang timur el cojo ) nace en Kesh Transoxiana en Asia central el 10 de Abril de 1336 ( aunque hay que aclarar que no se conoce realmente su procedencia y fecha de nacimiento exacta, otra versión dice que nacería entre 1320 y 1330 en Samarcanda, pero tampoco está demostrado). 



Timur fue creciendo entre los jóvenes Mongoles, cierto es que no recibió una de las mejores educaciones posibles, pero si aprendió a dominar el arte dela guerra algo que se presentaba esencial si se quería poder sobre vivir y lo que es más importante tener alguna posibilidad de escalar socialmente dentro del clan. El respeto de los suyos el miedo del enemigo estos dos conceptos los aprendió muy bien y sería los que le llevarían años mas tarde a la cima de todos los  clanes Mongoles hay que aclarar que Timur padecía una cojera de aquí como hemos comentado anteriormente el apelativo de (Lan-Cojo), nunca se supo de donde vino esta cojera unos afirman que desde la misma infancia ya la padecía, otros que fue una herida sufrida en combate.

Timur era Mongol pero procesaba la religión Musulmana, según cuentas su biógrafos fue poco practicante de la fe Islámica, simplemente se sirvió de ella para sus intereses. En la década de los 50 del siglo XIV Timur contrae matrimonio con la hija del jefe de su clan, facilitándole de esta manera que se convierta en gobernador de la ciudad de Samarcanda. AL poco de ser gobernador Timur siente que necesita expandir sus territorios y se lanza a la guerra contra los pueblos vecinos, estas serán unas batallas durísimas ya que el guerrero mongol estaban muy curtidos en el combate.

Su principal fuerza de combate estaba representada en la caballería los Mongoles eran unos magníficos jinetes capaces de acertar con sus arcos al galope a cualquier objetivo con mucha precisión, podían pasar días enteros sobre sus monturas realmente estaban unidos a su caballo llegando a parecer auténticos centauros, comían, bebían incluso dormían sobre sus caballos, esto también les proporcionaba una gran movilidad tanto en combate como en desplazamientos de un lugar a otro con suma rapidez.

El poder que poco a poco estaba adquiriendo Timur tenía mucha similitud a como siglo y medio antes había adquirido Gengis Khan el suyo , llegaba el momento de las alianzas  y pactó con Amir-Husayn, de esta manera se unía al clan de los Ulús Chagatai una confederación  de tribus descendiente de Chagatai segundo hijo de Gengis Khan, de esta manera sentaba las bases de su poder. Hay que aclarar que Timur no pertenecía a la familia del gran Khan, por eso no tenía derecho según la tradición mongol a poder proclamarse Khan y opta por nombrar a Soyurghatmish como Khan. Timur respetó siempre la tradición incluso en su mayor apogeo en el poder  utilizó el título de Amir ( Comandante ) ensalzándolo algunas veces con el adjetivo de Buzura o Kalan ( grande) y de esta manera conseguir reforzar su posición) posteriormente alcanzó el título de Guregen ( yerno Real ) tras casarse con una princesa en línea dinástica directa. 

SOLDADOS MONGOLES

1370 Timur prepara los cimientos para el renacimiento del Imperio Mongol, primeramente ataca  el norte en dos campañas a Mogulistan asegurándose el control del valle de Fergana ( muy rico  en recursos naturales ), cierto es que no pudo derrotarles enteramente pero le causo tantas bajas que ya no representaba ningún peligro a corto plazo. Tras el control del norte  samarcanda se convertirá en la capital mas importante de Asia, Timerlan unifico las viejas leyes  de los Mongoles  con otras totalmente de nuevo cuño consiguiendo que mejorase ostensiblemente la vida de la población.

Lo siguiente que hace es intentar  levantar un poderoso ejercito con soldados mas preparados y mejor adiestrado en batalla, la llamada a filas provocó que miles de Mongoles se alistaran orgullosos  con la intención de recuperar el legado de su orgulloso pueblo perdido tras la muerte de su gran Khan , Timur  no solo quería conquistar el mundo que le rodeaba si no que quería conquistar el mundo en su totalidad,  completaría el trabajo que intentó llevar a cabo Gengis Khan, por esto consiguió preparar un ejercito que jamás antes se había visto, En esos 5 años reclutó mas de 200.000 jinetes que estaban preparados para salir y conquistar todo lo que se les pusiera por delante, pero no solamente eso hizo venir arquitectos, expertos en los temas relacionados con la agricultura a los que utilizó como avanzadilla delante de sus tropa dejando a  su paso grandes cantidades de tierra cultivada para la llegada del ejecito Mongol favoreciendo que no le faltase provisiones para el camino.

Timur como podemos ver era un hombre muy ingenioso tenía las cosas muy claras de como se tenían que llevar a cabo, entendió que también era preciso en la riqueza cultural  de la nación Mongol y sobre todo su ciudad por eso traer a grandes artistas para tal efecto, entendía que si quería un gran imperio se tenía que rodear de buenos asesores con los que llevar a buen puerto sus planes, una vez puestas los cimientos para su futuro Imperio, continuó con las conquistas.

1380 Timur da una orden tajante avanzar a costa de lo que sea, este sería el lema, la motivación de su ejercito, nada los detendría. Sus primeros pasos los centra en consolidar su poder en Corasmia destruyendo por vez primera la ciudad de Urgench, estos conflictos junto con los permanente lucha que mantenía en el norte del río Sir Daria, provocados por dar refugio y protección a Togtamish pretendiente al trono de las tribus del norte., en abril de 1381 toma Herat imponiendo su poder en la zona, también se apodera de Kandahar. La zona de influencia iba creciendo mas y mas Timur  estaba consiguiendo expandirse, todos los pueblos era derrotados uno tras otro Afganistan, Irán, Irak, Ufbekistan, Kazajastan,  el norte de la India, Siria, nadie era capaz de frenar el avance de timur y sus hombres.

Los Mongoles parecían imparables no se detenían ante nada ni nadie, luchaban como verdaderos demonios, los pueblos  atacados sentían verdadero pavor. Los soldados de Timur tenían costumbres curiosas tras la batalla, como la de decapitar a los vencidos y formar pirámides con sus cabezas haciéndose tremendamente famosas entre sus enemigos, esta manera de actuar asustaba tanto a ciertos enemigos que solo ver la presencia de Tamerlan y sus hombres era suficiente para rendirse sin presentar batalla, por miedo a terminar formando parte de esos túmulos.

TÚMULO DE CRANEOS

Ejemplos terribles como las masacres producidas  al ser tomadas al asalto las ciudades de Bagdad o Damasco, que al presentar una resistencia tenaz ante el ataque de las tropas de Tamerlan recibieron un duro castigo, en Bagdad se ordenó decapitar  a no menos de 90.000 personas prácticamente la totalidad de los habitantes, y en Damasco lo  mas o menos lo mismo.






El terror de los Mongoles se extendía rápidamente  por toda Europa, nuevamente los pueblos Europeos  recordaban el antiguo azote al que se vieron sometidos por Atila o Gengis Khan.

( Como anteriormente había sucedido,  con los dos anteriores a Tamerlan  también se le dio el apelativo de Demonio ), pero quizás su acción más celebre sea la batalla de Ankara en el 1402.

En los primeros días del Verano de 1402 Tamerlán abandonó su cuartel de invierno asentado en Karabagh y puso rumbo a Asia Menos con el objetivo fijado en la fortaleza de Kemah, un punto estratégico que controlaba el alto Éufrates capturada hacia poco por Bayezid I ( Bayaceto I ) uno de los primeros grandes sultanes del Imperio Otomano ( que no dudó en matar a su hermano para conseguir el poder ). Timur puso en asedio la fortaleza capturándola en 10 días, des aquí partió la marcha en dirección a Sivas en donde se encontró con unos mensajeros Otomanos enviados por Bayezid I, tras unas breve negociación en la que Timur exige se le entregue a dos refugiados huidos y que ahora se encuentran bajo la protección Otomana, pero pronto entiende que las negociaciones no llevaran a ninguna parte, por que sus exigencias no serán escuchadas, tras el fracaso diplomático Timur avanza de nuevo hacia Anatolia.

Los Mongoles se movían rápido y llegaron a la ciudad de Ankara siguiendo el río Kizilirmak, tras tan arduo viaje Tamerlán planto su campamento para que sus hombres recuperasen las fuerzas y descasaran aprovechando las bondades de un terreno muy fértil, seguidamente sitió la ciudad que no duró mucho ya que recibió informes de sus espías que le avisaban que el ejercito Otomano se acercaba rápidamente. ( un detalle importante es que los soldados turcos avanzaron con una marcha muy exigida y el cansancio de la marcha sería determinante en la batalla ). 

Timur y Bayezid I contaban con unas fuerzas considerables  historiadores de la época consideran que en la batalla había cerca de un millón de hombres la verdad es que esta cifra cierta mente parece exagerada pero hay que tener en cuenta que estos dos personajes poseían grandes recursos humanos, una cifra mas aproximada podría ser unos 140.000 Mongoles por 80.000 Otomanos una cifra nada despreciable.

La lucha tubo lugar el 28 de Julio de 1402 en las llanuras de Cubuk, las crónicas Otomanas remarcan de una manera muy clara que las fuerzas de Bayezid I estaban  agotadas por la marcha, lo que aprovechó Timur para enfrentarse sin darles prácticamente respiro, otro factor importante es que los Mongoles privaron de agua, cegando la práctica totalidad de los pozos, además construyó una presa desviando el rió que atravesaba por la llanura evitando que pudieran beber los hombres como las monturas, algo esencial debido a las altas temperaturas dadas en Anatólia.

La batalla dio comienzo alrededor de las 9 de la mañana prolongándose hasta el final de la tarde. Timur cedió la vanguardia de sus tropas a sus nietos, los príncipes Abu Bark y Husayn situados en los flancos derechos he izquierdos respectivamente, situando al grueso del ejercito justo detrás al mando de Timur apoyado por otro nieto el príncipe Muhammad, sus dos hijos estaban al cargo de las alas del grueso.

PLANO DE LA BATALLA


Bayezid I colocó a su caballería provincial de Rumelia, en su ala Izquierda estaba al mando de Suleymansu hijo mayor, las tropas Anatólias conjuntamente con la caballería Serbia mas o menos unos se  situaron en el ala  derecha al mando de Lazarevich que era cuñado del sultán, unos 5.000 Jenízaros los soldados de élite del sultán estaban en el centro junto a los Azabs de infantería al mando del mismo Bayezid I y tres de sus hijos, los príncipes Musa, Mustafa e Isa, una segunda línea central estaba formada por fuerzas montadas flanqueadas por vasallos Serbios y Tártaros en las alas Izquierda y derecha, finalmente una reserva en su mayoría caballería procedente de las ciudades de Siva, Tokat y Amasya.

El choque de las dos fuerza fue brutal tras un instante las tropas del sultán a pesar de su falta de descanso parecía que ganaban terreno , pero justo en ese momento el ala Izquierda donde estaba situados los Tártaros traicionaron a Bayezid I y se unieron a Timur atacando su retaguardia ( Bayezid I no se enteró que Timur había hablado con los Tártaros hermanos de sangre de los Mongoles y los había convencido que se pusieran de su lado eso si previo pago de una gran suma de dinero.) de esta manera Tamerlán dejaba comprometida la zona central del ataque lo que aprovecharon los Mongoles para atacar y Bayezid I se vio rodeado por los Tátaros y los Mongoles.

Esta no sería la única desgracia del sultán ya que tropas recién subyugadas de los Emiratos al ver la situación abandonaron la lucha, posteriormente los hijos Suleyman y Mehmet también abandonaron la lucha dejando sellado definitivamente el resultado de la batalla, pero Bayezid I haciendo un alarde de honor se puso junto a sus jenízaros  y  vasallos Serbios que aun aguantaban pero fue inútil los Mongoles los aplastaron totalmente. El gran sultán Bayezid conocido con el sobre nombre de el Rayo por sus rápidas conquistas había sido conquistado por el poder y la furia de los Mongoles. Echo prisionero tras la batalla fue sometido a todo tipo de vejaciones y torturas siendo utilizado por Timur como taburete cada vez que se quería subir a su callo como podemos imaginar el pobre Bayezid I  no soportó mucho tiempo ese trato y moría en marzo de 1403 cerca de Akflehir.

Timur continuó con su campaña en Asia Menor y llegó al las puertas de la capital  Otomana Bursa arrasándola totalmente, junto al enclave cristiano de los caballeros de Rodas en Esmirna, dejando de esta manera el poderoso imperio Otomano reducido a poco más que el norte de Frigia, Bitinia y Misia y lo poco que quedaba del imperio Bizantino.

Tras la derrota del poderío otomano Tamelán se preocupó que las rutas de comercio volvieran a funcionar correctamente sobre todo la mas conocida por todos la famosa ruta de la seda importantísima en Asia, facilitando de esta manera grandes riquezas y un importante intercambio cultural, tenemos que decir que a pesar de ser un fiero guerrero Timur estaba muy interesado por todo lo que engrandeciera su imperio rodeándose de grandes mentes y recibía embajadores de cualquier parte del mundo como los del imperio chino o el imperio Mameluco al que arrebato Siria, incluso el reino de Castilla de manos de Enrique III el rey por entonces se preocupo de conocer las gestas de Tamerlán que llegaban de tierras lejanas y envió a un embajador llamado Ruy Gonzales de Clavijo el cual logró llegar a entrevistarse con el mismísimo Timur y cuenta que la visión del Mongol impresionaba, nos describe un reino de grandes riquezas con bellos edificios rodeando la corte junto con grandes hombres duchos en el saber del pensar, donde se escribía poesía, se protegían las lenguas y los mejores arquitectos hacían florecer aun más la hermosa ciudad de Samarcanda muy parecida a las dimensiones de Sevilla diferenciándose principalmente  que en su entorno estaba rodeada de campos  y huertos maravillosos, que los habitantes de la ciudad celebraban fiestas y comerciaban.

GUERRERO MONGOL A CABALLO

Desgraciadamente estas relaciones diplomáticas no se pudieron continuar ya que Tamerlán conquistador como era llevaba un tiempo preparando la invasión de china, al igual que hizo el nieto de Gengis Khan Kublay Khan, enfrente estaba  la fabulosa dinastía Ming el imperio mas impresionante del mundo, pero Timur se veía fuerte a pesar de sus 68 años de edad sabía que era temido por todos y pretendía rematar el trabajo empezado por sus antepasados, pero por desgracia el 19 de Enero de 1405 durante el avance de sus tropas en invierno bajo unas temperaturas extremas fallecía Tamerlán  en Otrar  en donde pretendía invernar ( actual Kazastan ) a pocas jornadas de su capital Samarcanda donde fue trasladado y enterrado en un mausoleo que aun hoy día existe el Gur-e Amir una de las pocas cosas que aún perdura en el tiempo de aquel poderoso imperio.

Tras la muerte de Tamerlán moría el último gran conquistador Mongol, por desgracia su imperio cayó casi al mismo tiempo que el ya que nuevamente  empezaron las luchas por el poder y nadie supo aunar de nuevo la pueblo Mongol, pero su nombre quedará para la historia , como un último dato curioso que no hay que menospreciar y que no se le da mucha relevancia y es que si el Gran Alejandro Magno llegó a conquistar 4.000.000 de Km2 Tamerlán consiguió ni mas ni menos que 8.000.000 de Km2 el doble que el gran Alejandro casi nada.