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domingo, 12 de julio de 2015

LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

 CURIOSIDADES:



Estando en la República de Colombia, su secretaria general y en comunicado reservado hacia el Cuartel General de Guayaquil, en 29 de julio de 1822. El señor secretario de Relaciones Exteriores recibe lo siguiente:

Tengo el honor de participar a Vuestra Señoría que el 26 del corriente entró en esta ciudad Su Excelencia el general José de San Martín, el protector de Perú, y tengo el deber de transmitir a Vuestra Señoría las más importantes y notables materias que fueron objeto de las sesiones entre Su Excelencia Simón Bolívar el Libertador y el Protector de Perú, mientras estuvo aquí.


REPRESENTACIÓN DE BOLIVAR Y SAN MARTÍN EN LA CONVERSACIÓN


Desde que Su Excelencia el Protector vio a bordo a Su Excelencia el Libertador le manifestó los sentimientos que le animaban de conocer a Su Excelencia, abrazarle y protestarle una amistad la más intima y constante. Seguidamente lo felicitó por su admirable constancia en las adversidades que había experimentado y por el más completo triunfo que había adquirido en la causa que defiende, comándalo en fin de elogios y de exageraciones lisonjeras. Su Excelencia contestó del modo urbano y noble, que en tales casos exige la justica y la gratitud.

El protector se abrió desde luego a las conferencias más francas y ofreció a Su Excelencia que pocas horas en tierra serían suficientes para explicarse. Poco después de llegado a su casa no habló otra cosa el Protector sino de lo que ya había sido el objeto de su conversación., haciendo preguntas vagas e inconexas sobre las materias militares y políticas sin profundizar ninguna, pasando de una a otra y encadenando las especies más graves con las más triviales. Si el carácter del Protector no es de este género de frivolidad que aparece en su conversación, debe suponerse que lo hacía con algún estudio. Su Excelencia no se inclina a creer que el espíritu del Protector sea de este carácter aunque tampoco le parece que estudiaba mucho sus discursos y modales. Las especies más importantes que ocurrieron al Protector en las conferencias con Su Excelencia durante su mansión en Guayaquil, son las siguientes:

En primer lugar, al legar a la casa preguntó el Protector a Su Excelencia si estaba muy sofocado por los enredos de Guayaquil, sirviéndose de otra frase más común y grosera aún cual es pellejerías, que se supone ser el significado de enredos; pues el mismo vocablo fue repetido con preferencia al tiempo que hacía que estábamos en revolución, en medio de los mayores embarazos.

En segundo lugar, el Protector dijo espontáneamente a Su Excelencia y sin ser invitado a ello, que nada tenía que decirle sobre los negocios de Guayaquil, en los que no tenía que mezclarse, que la culpa era de los guayaquileños refiriéndose a los contrarios. Su Excelencia le contestó que se habían llenado perfectamente sus deseos de consultar a este pueblo; que el 28 del presente se reunían los electores y que contaba con la voluntad del pueblo y con la pluralidad de los votos de la Asamblea. Con esto cambió de asunto y siguió tratando de negocios militares relativos a la expedición que va a partir.

En tercer lugar, El Protector se quejó altamente del mando y sobre todo se quejó de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima. Aseguró que iba a retirarse a Mendoza; que había dejado un pliego cerrado para que lo presentasen al Congreso, renunciando al protectorado; que también renunciaría la reelección que contaba se haría en él. Que desde luego que obtuviera el primer triunfo se retiraría del mando militar, sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse dejaría bien establecidas las bases del gobierno; que este no debía ser democrático en el Perú porque no convenía, y últimamente que debería de venir de Europa un príncipe aislado y solo a mandar aquel estado. Su Excelencia contestó que no convenía a la América ni tampoco a Colombia la introducción de príncipes europeos porque eran partes heterogéneas a nuestra masa; que Su Excelencia se opondría por su parte si pudiese pero que no se opondría a la forma de gobierno que quiera darse cada Estado, añadiendo sobre este particular Su Excelencia todo lo que piensa con respecto a la naturaleza de los gobiernos, refiriéndose en todo a su discurso al Congreso de Angostura. 


JOSE DE SAN MARTÍN, EL PROTECTOR DEL PERÚ


El Protector replicó que la venida del príncipe sería para después, y Su Excelencia repuso que nunca convenía que viniesen tales príncipes; que Su Excelencia había preferido invitar al general Iturbide a que se coronase con tal que no viniesen borbones austriacos, ni otra dinastía europea. El Protector dijo que en el Perú había un gran partido de abogados que querían república, y se quejó amargamente del carácter de los letrados. Es de presumirse que el designio que tiene es erigir ahora la monarquía sobre el principio de darle la corona a un príncipe europeo, con el fin, sin duda, de ocupar después el trono el que tenga más popularidad en el  país o más fuerzas de que disponer. Si los discursos del Protector son sinceros, ninguno está más lejos de ocupar tal trono. Parece muy convencido de los inconvenientes del mando.

En cuarto lugar, El Protector dijo a Su Excelencia que Guayaquil le parecía conveniente para residencia de la federación., la cual ha aplaudido extraordinariamente como la base esencial de nuestra existencia. Cree que el gobernó de Chile no tendrá inconveniente en entrar en ella; pero si el de Buenos Aires por falta de unión en él; pero que de todos modos nada desea tanto el Protector como el que subsista la federación del Perú y Colombia aunque no entre ningún otro Estado más en ella, porque juzga que las tropas de un Estado al servicio del otro deben aumentar mucho la autoridad de ambos gobiernos con respecto a sus enemigos internos, los ambiciosos y revoltosos. Esta parte de la federación es la que más interesa al Protector y cuyo cumplimiento desea con más vehemencia. El Protector quiere que los reclutas de ambos Estados se remitan recíprocamente a llenar las bajas de los cuerpos; aun cuando sea necesario reformar el total de ellos por licencias, promociones u otros accidentes. Mucho encareció el Protector la necesidad de esta medida, o quizás fue la que más apoyó en el curso de sus conversaciones.

En quinto lugar, Desde la primera conversación dijo espontáneamente el Protector a Su excelencia que en la materia de límites no habría dificultad alguna; que él se encargaba de promoverlo en el Congreso, donde no le faltarían amigos. Su Excelencia contestó que así debía ser principalmente cuando el tratado lo ofrecía del mismo modo, y cuando el Protector manifestaba tan buenos deseos por aquel arreglo tan importante. Su excelencia creyó que no debía insistir por el momento sobre una protección que ya se ha hecho de un modo enérgico y a la cual se ha denegado el Gobierno del Perú bajo el pretexto de reservar esta materia legislativa al Congreso; por otra parte, no estando encargado el Protector del poder ejecutivo, no parecía autorizado para mezclarse en este negocio. Además, habiendo venido el Protector como simple visita sin ningún empeño político ni militar, pues ni siquiera habló formalmente de los auxilios que había recibido Colombia y que sabia se aprestaban para partir, no era delicado prevalerse de aquel momento para mostrar un interés que habría desagradado sin ventaja alguna, no pudiendo el Protector comprometerse a nada oficialmente. Su Excelencia ha pensado que la materia de limites debe tratarse formalmente por una negociación especial en que entren compensaciones reciprocas para rectificar los limites.


SIMON BOLIVAR TRAS LA ENTRADA TRIUNFAL EN CARACAS DE 8 AGOSTO 1813 RECIBE EL TÍTULO DEL LIBERTADOR


En sexto lugar, Su Excelencia El Libertador habló al Protector de su última comunicación en que le proponía que adunados los diputados de Colombia, el Perú y Chile en un punto dado, tratasen con los emisarios españoles destinados en Colombia con este objeto. El protector aprobó altamente la proposición de Su Excelencia y ofreció enviar, tan pronto como fuera posible, al señor Rivadeneira, que se dice amigo de Su Excelencia el Libertador, por parte del Perú con las instrucciones y poderes suficientes, y aun ofreció a Su Excelencia interponer sus buenos oficios y todo su influjo para con el Gobierno de Chile a fin de que hiciese otro tanto por su parte, ofreciendo también hacerlo todo con la mayor brevedad a fin de que se reúnan oportunamente estos diputados en Bogotá con los nuestros.
Su Excelencia habló al Protector sobre las cosas de Méjico, de que no pareció muy bien instruido y el Protector npo fijó juicio alguno sobre los negocios de aquel Estado. Parece que no ve a Méjico con una grande consideración e interés.

Manifiesta tener una gran confianza en el director supremo de Chile, general O’ Higgins, por su grande tenacidad en sus designios y por la afinidad de principios. Dice que el Gobierno de la provincia de Buenos Aires va cimentándose con orden y fuerza sin mostrar grande aversión a las disidentes de aquellos partidos; que aquel país es inconquistable; que sus habitantes son republicanos y decididos, que es muy difícil que una fuerza extraña los haga entrar por camino, y que de ellos mismos debe esperarse el orden.

El Protector piensa que el enemigo es menos fuerte que él y que sus jefes, aunque audaces y emprendedores, no son muy temibles. Inmediatamente va a emprender su campaña por Intermedios en una expedición marítima y también por Luna, cubriendo la capital por su marcha de frente.

El protector ha dicho a Su Excelencia que pida al Perú todo lo que guste, que él no hará más que decir si, si a todo, y que espera que en Colombia se haga otro tanto. La oferta de sus servicios y amistad es ilimitada, manifestando con satisfacción y una franqueza que parecen sinceras.

Estos son, señor secretario, las especies más importantes que han tenido lugar en la entrevista del Protector con Su Excelencia. Yo las transmito a Vuestra Señoría para inteligencia del Gobierno y ha procurado valerme casi de las mismas expresiones de que han usado Sus Excelencias.

Pero unos días más tarde, en concreto el 29 de julio el señor Intendente del Departamento de Quito el general A. J. de Sucre recibe lo siguiente de la Secretaria General en Guayaquil:

Tengo el honor de participar a Vuestra Señoría que el 26 a las nueve de la mañana entró en esta ciudad Su Excelencia el Protector de Perú. El Protector, luego se vio a su Excelencia el Libertador a bordo del buque que lo conducía le manifestó del modo más cordial los sentimientos que le animaban de conocer al Libertador, abrazarle y protestarle una amistad intima, sincera y constante. Felicitó a Su Excelencia el Libertador por la constancia admirable de la causa que defiende en medio de las adversidades que ha experimentado y por el triunfo que ha coronado su heroica empresa; en fin el Protector manifestó a Su Excelencia de todos modos su amistad, colmándolo de elogios y de exageraciones lisonjeras.

Su Excelencia el Libertador contestó del modo urbano y noble que exigen en tales casos la justicia y la gratitud. El Protector se abrió a las conferencias más francas que se redujeron principalmente a las siguientes:

A las circunstancias en que se ha encontrado últimamente esta provincia en razón de las opiniones políticas que la han agitado. Espontáneamente, dijo el Protector a Su Excelencia que no se había mezclado en los enredos de Guayaquil en los que no tenía la menor parte y que la culpa era de ellos, refiriéndose a los contrarios. Su excelencia le repuso que se habían llenado sus deseos de consultar este pueblo; que el 28 se reunían los electores, que contaba con la voluntad del pueblo y los votos de la Asamblea. Con esto varió de asunto el Protector y siguió tratando de negocios militares y de la expedición que va a marchar.

El Protector se quejó mucho del mando y sobre todod de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima. Aseguró que iba a retirarse a Mendoza: que había dejado un pliego cerrado para que lo presentasen al Congreso renunciando al Protectorado y que también renunciaría la elección que contaba se haría en él, y que luego que ganara la primera victoria se retiraría del mando militar sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse pensaba dejar bien puestas las bases del gobierno. Que éste no debía ser democrático porque en el Perú no conviene, y últimamente dijo que debería venir de Europa un príncipe solo y aislado a mandar en el Perú. Su Excelencia contestó que en América no convenía, ni a Colombia tampoco, la introducción de príncipes europeos porque eran partes heterogéneas a nuestra masa, y que por su parte Su Excelencia se opondría a ellos si pudiese, mas sin oponerse a la forma de gobierno que cada uno quiera darse. Su Excelencia repuso todo lo que él piensa sobre naturaleza de los gobiernos, refiriéndose en todo a su discurso en el Congreso de Angostura. El Protector replicó que la venida del príncipe sería para después.


En agosto logra la independencia de Colombia en la batalla de Boyacá, el 7 de agosto, y después de 2 años de luchas, la independencia de Venezuela se consolida con la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.


Es de presumirse que el designio que se tiene en el Perú es el de erigir una monarquía sobre el principio de darle la corona a un príncipe europeo con el fin, sin duda, de ocupar después el trono el que tenga más popularidad en el país, o más fuerza de que disponer. Si los discursos del Protector son sinceros ninguno está más lejos de ocupar tal trono. Parece muy convencido de los inconvenientes del mando.

El Protector aplaudió altamente la federación de los estados americanos como la base esencial de nuestra existencia política. Le parece que Guayaquil es muy conveniente para la residencia de la federación. Cree que Chile no tendrá inconveniente en entrar en ella; pero si Buenos Aires por falta de unión y sistema. Ha manifestado que nada desea tanto como el que la federación de Colombia y el Perú subsista aunque no entren otros estados.

El Protector piensa que el enemigo es menos fuerte que él y que aunque sus jefes son audaces y emprendedores no son muy temibles. Inmediatamente y por Lima, cubriendo la capital con su marcha de frente.

El Protector, desde las primeras conversaciones, dijo espontáneamente a Su Excelencia que la materia de límites entre Colombia y el Perú se arreglaría satisfactoriamente y no habría dificultad alguna. Que él se encargaba de promover en el Congreso, desde no le faltarían amigos, este negocio.

El protector ha manifestado a Su Excelencia que pida todo lo que guste al Perú, que él no hará más que decir sí, si a todo y que él espera otro tanto de Colombia. La oferta de sus servicios y de su amistad es ilimitada, manifestando una satisfacción y una franqueza que parecen sinceras. La venida del Protector a Colombia no ha tenido un carácter oficial, es puramente la visita la que ha hecho a Su Excelencia el Libertador, pues no ha tenido ningún objeto ni político ni militar, no habiendo hablado siquiera de los auxilios que ahora van de Colombia al Perú.

Ayer al amanecer marchó el Protector manifestándose a los últimos momentos tan cordial, sincero y afectuoso por Su Excelencia como desde el momento en que lo vio.

El batallón vencedor en Bocayá y el batallón Pichincha se han embarcado ayer para seguir al Perú. Antes se había embarcado Yaguachi para el mismo destino. Estos tres cuerpos ascenderán a mil ochocientos hombres, que con cerca de ochocientos que tiene la antigua Numancia, llamado hoy Voltijeros de la Guardia, formarán la división de Colombia auxiliar del Perú.

Su Excelencia ha dispuesto que el regimiento de Dragones del Sur mandado del coronel Cestari venga a esta ciudad, cuya orden se le ha comunicado ya. Mañana se reúne al Junta Electoral de esta provincia para decidir formal y popularmente su incorporación a Colombia. Probablemente no habrá un voto en contra y aquí los negocios tomarán el curso regular en que deben quedar para siempre bajo nuestro sistema constitucional. 

Fuente_J.G.PEREZ

Pero ese mismo día Simón Bolívar comunicó al general lo siguiente:

Antes de ayer por la noche partió de aquí el general San Martín, después de una visita de treinta y seis o cuarenta horas; se puede llamar visita propiamente, porque no hemos hecho más que abrazarnos, conversar y despedirnos. Yo creo que él ha venido por asegurarse de nuestra amistad, para apoyarse con ella con respecto a sus enemigos internos y externos. Lleva mil ochocientos colombianos en su auxilio, fuera de haber recibido la baja de sus cuerpos por segunda vez, lo que nos ha costado más de seiscientos hombres; así recibirá el Perú tres mil hombres de refuerzo, por lo menos.

El Protector me ha ofrecido su eterna amistad hacia Colombia; intervenir a favor del arreglo de límites, no mezclarse en los negocios de Guayaquil; una federación completa y absoluta aunque no sea más que con Colombia, debiendo ser la residencia del congreso Guayaquil; ha convenido en mandar un diputado por el Perú a tratar, de mancomún con nosotros, los negocios de España con sus enviados; también ha recomendado a Mosquera a Chile y Buenos Aires, para que admitan la federación; desea que tengamos guarniciones cambiadas en uno y otro estado. En fin, él desea que todo marche bajo el aspecto de la unión, porque conoce que no puede haber paz y tranquilidad sin ella. Dice que no quiere ser rey, pero que tampoco quiere la democracia y si el que venga un príncipe de Europa a reinar en el Perú. Esto último yo creo que es pro forma. Dice que se retirará a Mendoza, porque está cansado del mando y de sufrir a sus enemigos.


MAPA INDEPENDENCIA AMERICA ESPAÑOLA


No me ha dicho que trajese proyecto alguno, ni ha exigido nada de Colombia, pues las tropas que lleva estaban preparadas para el caso. Solo me ha empeñado mucho en el negocio de canje de guarniciones; y, por su parte, no hay género de amistad ni de oferta que no me haya hecho.

Su carácter me ha parecido muy militar y parece activo, pronto y no lerdo. Tiene ideas concretas de las que a usted le gustan, pero no me parece bastante delicado en los géneros de sublime que hay en las ideas y en las empresas. Últimamente, usted conocerá su carácter por la memoria que mando con el capitán Gómez, de nuestras conversaciones, aunque le falta la sal de la crítica que yo debería poner a cada una de sus frases.

Hoy están tratando los de la Junta Electoral de esta provincia sobre su agregación a Colombia: creo que se hará, pero pretendiendo muchas gracias y privilegios. Yo, encargado del poder ejecutivo en esta parte, me encargaré de la provincia, dejando al soberano congreso, libre de su soberana voluntad, para que salga del paso con su soberano poder. Aquí me servirá de algo la división de los poderes y las distinciones escolásticas concediendo la mayor, y negando la menor. Hemos logrado en estos días uniformar la opinión, a lo que no ha dejado de contribuir también la venida de San Martín, que ha tratado alos independientes con el mayor desdén. Esto en lo que se llama saber sacar partido de todo. No es para mí este elogio, sino para el que sabe lisonjear a tiempo, aunque sea al cuerdo. La prueba y la venganza no estarían hoy en le Perú, sin la política de San Martín; pero ya no hay más que esperar de estos bobos, y ahora le echa la culpa a ellos.

Gracias a Dios, mi querido general, que he logrado con mucha fortuna y gloria cosas bien importantes; primera, la libertad del Sur; segunda, la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera, la amistad de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado, que va darnos en el Perú gloria y gratitud, por aquella parte. Todos quedan agradecidos, porque a todo he servido, y todos nos respetan, porque nadie ha cedido. Los españoles mismos van llenos de respeto y de reconocimiento del Gobierno de Colombia. Ya no me falta más, mi querido amigo, si no es poner a salvo el tesoro de mi prosperidad, escondiéndolo en  un retiro profundo, para que nadie me lo pueda robar; quiero decir que ya no me falta más que retirarme y morir. Por Dios, que no quiero más; es por la primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento con la fortuna.

El coronel Lara va mandando estos cuerpos y después seguirá el general Valdés, es cuanto en esta ocasión tengo que participar a usted y quedo siempre de usted de corazón.

Fuente_Simon Bolivar



jueves, 16 de abril de 2015

NAPOLES SE SUBLEVA CONTRA EL VIRREY ESPAÑOL

 CURIOSIDADES:




En julio de 1647, una parte del pueblo de Nápoles se sublevó contra el virrey español, capitaneados por su capitán, un tal Tomás Anielo, llamdo Masaniello, que fue hecho morir por sus propios seguidores y después fue ensalzado como un héroe. A continuación se relata mediante un residente de aquella época algo de estos sucesos.


RETRATO DE MASANIELLO DE MICCO SPADARO DEL MUSEO NACIONAL DE NÁPOLES


Este pueblo de Nápoles, que creo es el más numeroso que hay en cuantas ciudades tiene el mundo, estaba muy oprimido con la necesidad de la guerra; una gabela que el señor duque de Arcos les puso sobre la fruta, ha sido la que más molestia les ha dado, o porque el último se considera mayor, o porque su Excelencia fuese en todo poco dichoso; deseó quitarla y no lo pudo conseguir, por culpa de los ministros de cuyo ascenso se necesita. El pueblo hacia continuas instancias y amenazaba a su Excelencia con papeles que de noche fijaban a las esquinas, si no los complacía en esto; y viendo que las instancias no bastaban se valió de la violencia.

Domingo, 7 de julio, a las dos de la tarde, estando su Excelencia con el electo del pueblo y otros ministros tratando de la materia, vinieron delante de Palacio muchos muchachos con cañas en las manos, diciendo: “¡Viva Dios, viva el rey, y muera el mal gobierno!” Con este ruido discurrían por delante de Palacio, y con él llamaron mucho pueblo compuesto ya de personas de mayor edad, y armados de palos y algunas espadas desnudas. Alterase la compañía de guardia, y Su Excelencia desde una ventana les mandó que no se moviesen. Con esto los del tumulto entraron sin resistencia en Palacio, subieron al cuerto de Su Excelencia a matar al electo del pueblo, y rompieron la primera puerta.

Salió su Excelencia a aplacarlos, y todos puestos de rodillas gritaban: “Señor, misericordia, misericordia; quítenos Vuestra Excelencia esta gabela”. “Si, si hijos; esta y todas las demás os quiero quitar”. Pero era tanto el ruido de aquellos muchachos y mozos indiscretos, y tantos los que nuevamente iban entrando, que fue necesario que volviesen a cerrar. Se hizo así,, y como iba cerrando puertas, ellos las iban rompiendo. Los ministros que se hallaban allí, se retiraron al cuarto de Su Excelencia la señora duquesa, adonde ellos no quisieron entrar, y el electo se escondió debajo de la cama del duque en su cuarto; y aunque entraron dentro, iban tan ciegos que no les buscaron allí. Pasando Su Excelencia delante, cerrando las puertas, salió a una falsa que llama el caracol, y pidió un caballo para hacerse ver al pueblo sobre él, y no lo hubo. Halló allí un choche y salió en él. Su Excelencia y con mucho trabajo se entró en San Francisco de Paula, siguiéndole aquel tumulto, gente vil y desnuda, como eran todos, compuestos de la hez del pueblo que se aumentaba por instantes; y no juzgándose bien allí, los que le acompañaban le aconsejaron que saliendo disimulando en una silla por una casa vecina al convento, se fuese a San Telmo, porque ya no era posible volver a Palacio, y por él a Castil Novo, adonde la señora duquesa con sus hijos y familia se había retirado.

Mientras pasaban estas cosas, y viendo que no cesaban, quise ir a Palacio, y en entrando en la calle de Toledo, vi sobre mí una inmensidad de hombres, toda gente vil de la ínfima del pueblo y armados, que decían: “¡Viva Dios, viva el rey y muera el mal gobierno!” Nunca lo oí, no me hicieron mal alguno. Al fin de la calle que entra en Palacio, estaba el cuerpo de guardia del sargento mayor que no se había retirado, y reparándome en él, me informaron los soldados de lo que había sucedido. Pasé, adelante por asistir a Su Excelencia en San Francisco de Paula, al tiempo que ya nuestros soldados, perdida la paciencia, habían llegado a las manos con el pueblo, con muertes y heridas de algunos. Llegué a San Francisco de Paula y me dijeron los frailes que no estaba allí Su Excelencia, y saliendo por aquella confusión a buscarle, lo hico con tan buena dicha que le encontré en una silla ordinaria, acompañado de dos hombres de bien, napolitanos, que subía a San Telmo por el cuartel de Murtelas, y dos Próspero le seguía en otra silla. Volaban los silleros; yo solo le seguía detrás a pie, reventando, y no me molestaba tanto el cansancio como me afligía el peligro de Su Excelencia, porque por donde quiera que pasaba, toda la gente, hombres y mujeres, puestos ya en tumulto, le conocían y decían: “Aquí va, él es”, y esto yo sólo lo podía oír.

Estando ya fuera de poblado, me alcanzaron dos caballeros españoles, y un paje de Su Excelencia, con cuya compañía respiré un poco; y en fin fue Dios servido que llegué salvo a San Telmo. Fueron viniendo después muchos caballeros napolitanos, también algunos españoles y criados de Su Excelencia, con los cuales a las diez de la noche bajamos a Castil Novo con mucha quietud.

El día siguiente, ya el pueblo se había congregado todo en el mercado, quién por voluntad, quién por fuerza, sin ser posible quererse quitar, aunque Su Excelencia les ofrecía quitarles todas las gabelas, por medio de caballeros.


LA REBELIÓN DE MASANIELLO POR CEQUOSSI DE LA GALERIA SPADA


Cabeza de este tumulto se hizo un pobre pescador, y ha llegado a tanto su autoridad, que tiene a su obediencia doscientos cincuenta mil hombres armados, y no solo Nápoles pero toda la Italia tiembla de él; pero más que todo es haber ganado Su Excelencia a este hombre la voluntad de manera, que fuera de armarse, no ha hecho cosa contra la voluntad de Su Excelencia, a quien luego aseguró que no era con él el enojo, sino contra la nobleza que tenía oprimido al pueblo, y contra los ministros que tenían usurpada la real hacienda.

Su Excelencia se fortificó muy bien en Palacio y en tanto procuraba quietarlo; pero este hombre proveído ya de personas de consejo, porque él no sabe ni leer ni escribir, asegurando a Su Excelencia en primer lugar, supo entretenerle de manera que ha saqueado todas las casas de los ministros que han enriquecido con el manejo de la haciendo real, y quemado cuanto tenían, sin tomar ni consentir que nadie tomase nada, pena de la vida; y procedía en este frenesí con tanta cordura que no se quemó ningún retrato ni imagen devoción, los cuales quitados y quemados los marcos daba a las iglesias más vecinas de las casas que saqueaba; y pasado el primer fuero reservaba todo el oro y plata, joyas y cosas preciosas para Su Majestad, depositándolo en bancos públicos. Los retratos del rey y de la reina que hallaba, los puso debajo de dosel en sus cuerpos de guardia, batiéndole sus banderas y aclamando a Su Majestad y al señor duque de Arcos como su virrey y ministro.

Su Excelencia lo tenía ya todo ajustado para que el miércoles 10 de julio viniese a Palacio a postrarse a sus plantas y pedirle perdón, y lo hubiera hecho si el duque de matalón y su hermano José Carrafa, ofendidos de que no se hubiese Anielo querido aquietar por su medio, no le hubieran procurado matar, con la compañía de muchos bandidos. Estos perturbó de nuevo el negocio, y habiendo escapado milagrosamente Matalón y el prior de la Rochela, quedaron muertos muchos bandidos, y el pobre don José Carrafa, mozo de hasta 28 años, al cual y a los dos de su compañía, habiéndoles quitado las cabezas y puéstolas en diferentes partes de la ciudad, arrastraron sus cuerpos por ella. Todos los vimos desde el castillo, si saber entonces quién era.

Esto ha sido lo más trágico del tumulto; pero lo ha hecho menos lamentable el haber tocado a personas, aunque tan ilustres, malquistas por sus inclinaciones, impropias a su calidad. De aquí ha resultado averiguarse por confesión de los hombres que murieron, de Matalón y su hermano, que estos caballeros fueron los que hicieron quemar la capitana de los bajeles en el puerto, y así el pueblo los tiene declarados por traidores, tanto al muerto como al vivo.


EN EL CASTILLO DE CASTILNOVO DE NÁPOLES SE REFUGIÓ LA FAMILÍA DEL VIRREY


Los caballeros que se retiraron al castillo quisieran que Su Excelencia hubiera llegado a romper con Tomás Anielo de Amalfi, que así se ha llamado este hombre; pero considerando que haciéndolo aventuraba la ciudad y el reino, prosiguió en aplacarle con blandura, y lo ha conseguido, porque el viernes 12 del mes, vino a palacio, y se puso a los pies de Su Excelencia representándole lo que el pueblo pedía, que era quitar todas las gabelas, y que se guardasen los privilegios de Carlos V. Su Excelencia lo concedió, y el día siguiente fue ajurar la observancia de ellos; con que esto queda quieto, esperando la confirmación de Su Majestad.

No deja de buena gana las armas la gente común; pero habiendo dejado Su Excelencia en su autoridad a este Tomas Anielo, él los ajustará, porque tiemblan de él. Su Majestad ha interesado en alguna manera mucho en este negocio, porque el reino y la ciudad sin la imposición de gabelas, han vuelto a su antigua abundancia, y ya conocemos los efectos. Sirve a Su Majestad con un millón que ha de entregar a Su Excelencia Tomás Anielo dentro de ocho días, y dentro de seis meses le ha de dar otros cuatro. Quien viene a perder son los caballeros y personas ricas, que tenían su hacienda en las gabelas, y la casa del marqués de Villafranca ha perdido de siete a ocho mil ducados de renta, y la de don Fabrique de Toledo, su hermano, la poca que tenía aquí.

El caso ha sido admirable y de notables circunstancias; la de la fidelidad a Su Majestad y a su virrey, y el no haber ofendido a ningún español, ni su casa, aunque fuese de los ministros que ellos llaman ladrones, ha sido muy digna de ponderar, en medio de tanto desorden.

Las personas que ha padecido no las digo a vuestra merced, porque no las conoce. El señor Juan Chacón fuera uno de ellos, que ya comenzaban a sacar su ropa, y con un recado de Su Excelencia se retiró. Ayer, 15 de este, que dio por acabada la revolución, quiso el pueblo, por hacer a Su Excelencia mayor lisonja, que se concluyese con el mismo poderío que había comenzado. Trajeron muchos muchachos delante de Palacio en forma de compañía, armados de cañas, y conducidos de un mozo de aquellos de la sedición, a caballo, y de esta manera se pusieron en escuadrón delante de las ventanas de Palacio en acto de pedir el perdón del error que habían hecho en entrar en el cuarto de Su Excelencia, el cual sin verlos, porque estaba en el castillo, se lo concedió y se fueron. Después se echó a un bando en nombre del Tomás Anielo de orden de Su Excelencia que todo el pueblo se retirara a sus casas; y aquella noche hizo en el mercado tales disparates que, considerado con otros que habían precedido, lo juzgaron por loco. Traía todavía en alboroto aquella parte del pueblo, de su proporción, que es la más vil, y los bancos ya no podían disimular tantos desórdenes, porque se proseguía en saquear casas como al principio, y usaban otras violencias, todo lo cual era contra lo ajustado con Su Excelencia, a quien los buenos del pueblo, con el nuevo Electo que habían nombrado, dieron cuenta, pidiendo licencia y autoridad para remediarlo. Se la dio Su Excelencia y se fueron al mercado a ponerlo en ejecución, y en tanto a medianoche mandó Su Excelencia que todas las compañías de napolitanos del mismo pueblo, que residen en nuestros carteles, tomasen las armas, y volviesen a sus puestos sin tocar cajas, sino avisándose unos a otros. Asi lo hicieron, y hoy martes, a 16, muy de mañana, saliendo del castillo Marcos Vital, secretario de Tomás Anielo, vio la compañía de su pueblo más vecina a Palacio con armas; preguntó que qué hacía allí, y respondió el teniente de ella, que estaba de orden de Su Excelencia. Él Replicó: “Que ¿cómo de orden de Su Excelencia si Tomás Anielo había mandado lo contrario?”. El teniente respondió: “Yo no conozco más órdenes que las del duque de Arcos, virrey de Nápoles”. Quiso maltraerlo el secretario y el alférez lo mató a él.

Muerto el secretario de Tomás Anielo, antes que Su Excelencia supusiese lo que se había hecho en el mercado, sintió mucho este accidente, por lo que de él podía resultar. Rascando las trincheras de Palacio, y haciendo otras nuevas, ocupó toda la calle de Toledo con caballería e infantería de su devoción. Al mismo punto comenzó a proveer los castillos, resuelto ya a que le pueblo se quitase de una vez, y este fue el punto en que la ciudad se vio en mayor confusión y miedo; pero Dios y Nuestra Señora del Carmen, que era su día, inspiraron al pueblo la elección del mejor partido. El Electo con sus capitanes prendieron a Tomás Anielo, y todos los del mercado vinieron a Palacio, que parecía un juicio final, aclamando a su virrey y pidiendo su favor contra el tirano que los tenía opresos. Le mataron y trajeron la cabeza a Palacio, con la de un escaldo del duque de Matalón, a quien él había hecho capitán, porque dijo que su amo había mandado quemar la capitana de los bajeles. Después trajeron a la mujer de Tomás Anielo, pero viva, y está en Palacio.


LUIS DE GUZMÁN PONCE DE LEON Y TOLEDO CUARTO DUQUE DE ARCOS, VIRREY DE NÁPOLES


Pidió el pueblo a Su Excelencia que se dejase ver por la ciudad y salió por toda ella a caballo acompañado de muchos caballeros, y ya no hay más peligro en esto, porque todo el pueblo se ha humillado a su virrey, y el Electo va haciendo cortar las cabezas de aquellos íntimos de Tomás Anielo que le inducían a proseguir el alboroto; y hoy ha muerto hasta doce.

Toda la confusión se ha convertido en alegría, y ya no hay quien se acuerde de lo perdido, y Su Excelencia queda con el gusto que es de inferior, habiendo asegurado este reino, que le vio perdido. Todos en general, nobles y plebeyos, chicos y grandes, niños y mujeres, aún en medio del alboroto, sentían que en su tiempo hubiese sucedido esto, porque no lo merece su proceder y modo de gobernar. Gracias a Dios que ha sido para más gloria suya, y aplauso de Su Excelencia. A 16 de Julio de 1647.

 FUENTE_MEMORIAL HISTÓRICO ESPAÑOL 1865"

viernes, 20 de marzo de 2015

BONAPARTE GOLPE ESTADO 19 DEL BRUMARIO


CURIOSIDADES:





Al día siguiente, temprano, el camino de París a Saint – Cloud quedó cubierto de tropas, de oficiales a caballo, de curiosos, de coches llenos de diputados, funcionarios y periodistas. A toda prisa se habían preparado las salas para ambos Consejos. Pronto nos dimos cuenta de que el partido militar, en ambos Consejos, estaba reducido a un pequeño número de diputados más o menos entusiastas del nuevo orden de cosas… 

La sesión se abrió en los Quinientos que presidia Luciano Bonaparte, por un discurso insidioso de Emile Gaudin que tendía a hacer nombrar una comisión encargada de presentar en el acto una memoria sobre la situación de la República. Emile Gaudin, en su proposición concertada, pedía además que no se tomase una determinación cualquiera antes de haber oído la declaración de la comisión propuesta. Boulay de la Meurthe tenía ya preparado el documento.

Pero apenas Emile Gaudin hubo hecho su proposición, una espantosa tempestad agitó toda la sala. Los gritos de “¡Viva la constitución!¡Nada de Dictadura!¡Abajo el dictador!” se hicieron oír en todos lados. A proposición de Deibrel, apoyada por Grandmaison, la asamblea, levantándose por entero a los gritos de “¡Viva la República!” decidió renovar individualmente el juramento de fidelidad a la Constitución. Juraron todos, incluso aquellos que habían venido con el propósito de destruirla.

La sala de los Ancianos estaba casi tan agitada como la otra; pero el partido de Sieyés y Bonaparte, que quería apresurarse a erigir un gobierno provisional, estableció de hecho por una falsa declaración de Lagarde, secretario general del Directorio, que todos los directores habían dimitido. En el acto, los oponentes piden que se trabaje para substituir a los dimisionarios en las formas prescritas.


NAPOLEON IRRUMPE EN LA ASAMBLEA Y ES ABORDADO POR ARENA DE REFFET

Bonaparte, advertido de esta doble tempestad, juzga que ya es tiempo d entrar en escena. Atraviesa el salón de Marte y entra en el Consejo de los Ancianos. Allí, en un discurso verboso y entrecortado, declara que ya no hay gobierno y la Constitución no puede ya salvar a la República. Exhortando al Consejo que se apresure a adoptar un nuevo orden de cosas, protesta que no quiere ser sino el brazo encargado de sostener y hacer cumplir las órdenes del Consejo.

Esta arenga, de la que solo doy la substancia, fue pronunciada sin orden ni concierto; revelaba la agitación de que era presa el general, que tan pronto se dirigía en sus palabras a los diputados, tan pronto a los militares que se habían quedado en la puerta de la sala. Tranquilizado por algunos gritos de “¡Viva Bonaparte!” y por el asentimiento de la mayoría de los Ancianos, salió de la sala esperando causar la misma impresión en el otro Consejo.

No las tenía todas consigo sabiendo lo que había pasado, y con qué entusiasmo se había jurado fidelidad a la Constitución Republicana. Acababa de decretarse allí un mensaje dirigido al Directorio. Se proponía pedir a los Ancianos la comunicación de los motivos de la translación a Saint – Cloud, cuando se recibió la comisión del director Barrás, transmitida por el otro Consejo. Esta dimisión, ignorada hasta entonces, causó un gran asombro en la Asamblea. Se la consideró como resultado de una profunda intriga. En el mismo instante en que se debatía la cuestión de si la dimisión era legal y formal, llega Bonaparte seguido de un pelotón de granaderos. Con cuatro de ellos, avanza y deja el resto a la entrada de la sala. Envalentonado por la recepción de los Ancianos, presumía adormecer la fiebre republicana que agitaba a los Quinientos. Pero apenas penetra en la sala cuando la mayor agitación se apodera de la Asamblea. Todos los miembros, en pie, destacan con gritos la profunda impresión que les causa la aparición de las bayonetas y del general que viene, con aparato militar, al templo de la legislatura:


NAPOLEON ABUCHEADO EN EL CONSEJO DE LOS QUINIENTOS

“¡Estáis violando el santuario de las leyes!¡Retiraos!” le dicen varios diputados.

“¿Qué hacéis temerario? Le grita Bigonnet.

“¿Para esto has venido?” Le dice Destrem.

En vano Bonaparte llega a la tribuna y quiere balbucear algunas frases. De todas partes oye repetir gritos de “¡Viva la Constitución!¡Viva la República!” De todos lados le apostrofan “¡Abajo Cromwell!¡Abajo el Dictador!¡Abajo el tirano!¡Fuera de la ley el dictador!” Gritan los diputados furiosos. Algunos se lanzan sobre él y le empujan diciendo: “Harías la guerra a tu patria”. Uno de estos, Arena, hasta le enseña un puñal.

Los granaderos, viendo palidecer y vacilar a su general, atraviesan la sala para protegerle. Bonaparte se echa en sus brazos y se lo llevan. Ya desembarazado, pero perdiendo la cabeza, sube a caballo, toma el galope y dirigiéndose hasta el puente de Saint – Cloud grita a sus soldados:
“¡Han querido matarme!¡Han querido ponerme fuera de la ley!¡No saben que soy invulnerable!¡Qué soy el dios del rayo!”

Murat se junta a él en el puente y le dice:

“No es razonable que quien ha triunfado de tantos enemigos tenga miedo de unos charlatanes. ¡Ea, general! ¡Valor, y la victoria es nuestra!”.

Bonaparte entonces vuelve bridas y se presenta de nuevo alos soldados tratando de excitar a los generales a acabar con ello, con un golpe de mano. Pero Lannes, Serrurier, el mismo Murat, están pocos dispuestos a dirigir las bayonetas contra la legislatura.

Mientras en la sala reinaba el más espantoso tumulto. Firme en el sillón de la presidencia. Luciano hacia vanos esfuerzos para restablecer la calma pidiendo, instando a sus colegas que su hermano fuera llamado de nuevo y escuchado; no obtuvo otra respuesta que gritos de “¡Fuera de la ley!¡Votemos que el general Bonaparte sea puesta fuera de la ley!”.

Y llegaron a decírselo al mismo Luciano, que propusiera votar la proscripción de su hermano. Entonces Luciano, indignado, abandona el sillón, abdica la presidencia y depone las insignias. Apenas baja de la tribuna cuando llegan unos granaderos y se lo llevan fuera. Luciano, asombrado, se entera de que es por orden de su hermano que le llama a su socorro, decidido a empelar la fuera para disolver la legislatura. Tal era la opinión de Sieyés, que relegado en una silla de postas de seis caballos, esperaba el desenlace de los acontecimientos a la entrada de Saint – Cloud.

No había que vacilar. Pálidos y temblorosos, los más celosos partidarios de Bonaparte estaban petrificados mientras que los más tímidos se declaraban ya contra la empresa. Se notaba que Jourdain y Augereau se mantenían ya apartados, espiando el instante favorable de arrastrar los granaderos hacia el partido popular. Pero Sieyés, Bonaparte y Talleyrand, llegados a Saint – Cloud con Roederer, habían juzgado, como también yo, que tal partido no tendría brazo ni cabeza.

Luciano, inspirando a Bonaparte toda su energía, monta a caballo y en su calidad de presidente, requiere el concurso de la fuerza para disolver la Asamblea. Arrastra a los granaderos, que avanzan en columnas apretadas conducidos por Murat, a la sala de los Quinientos, mientras el coronel Moulins manda el toque de carga. La sala es invadida al son de los tambores y a los gritos de los soldados, y los diputados saltan por las ventanas, arrojan la toga y se dispersan.

Tal fue el desenlace de la jornada de Saint – Cloud, el 19 Brumario, 10 de noviembre. Bonaparte la debió particularmente a la energía de su hermano Luciano, a la decisión de Murat y quizás a la debilidad de los que, no obstante serle adversos, no tuvieron valor para mostrarlo a cara descubierta.

Pero era preciso convertir en nacional aquella jornada antipopular, en que la fuerza había triunfado de una multitud de representantes que carecieron de jefe y de un verdadero orador. Hacía falta sancionar lo que la Historia llamará el triunfo de la usurpación militar.

Sieyés, Talleyrand, Bonaparte, Roederer, Luciano y Boulay de la Meurthe, que eran el alma de la empresa, deciden que es preciso apresurarse a reunir a los diputados de su partido, errantes en las salas y corredores de Saint – Cloud. Boulay y Luciano, se ponen a buscarlos, reúnen veinticinco o treinta y los constituyen en Consejo de los Quinientos. De este concilio sale pronto un decreto de urgencia diciendo que el General Bonaparte, los oficiales generales y tropas que le secundaron, han obrado en bien de la patria. Los dirigentes de la intriga acuerdan en seguida que se dará como hecho, en los periódicos del día siguiente, que varios diputados han querido asesinar a Bonaparte, y que la mayoría del Consejo ha sido dominada por una minoría de asesinos.


DISOLUCIÓN DEL DIRECTORIO POR MONNET

Vino en seguida la promulgación del Acta del 19 Brumario, concertada también entre los agentes del golpe de Estado para servir de base legal a la nueva revolución. Esta acta abolía el Directorio; instituía una comisión consular ejecutiva compuesta de Sieyés, Roger Ducos y Bonaparte; aplazaba ambos Consejos y tachaba de ellos a sesenta y dos miembros del partido popular entre los que figuraba el general Jourdan; establecía una comisión legislativa de cincuenta miembros tomados por igual en uno y otro consejo para preparar un nuevo trabajo sobre la Constitución del Estado. Llevada del concilio de los Quinientos al Consejo de los Ancianos para ser transformada en ley, esta acta fue votada por la minoría, permaneciendo la mayoría sombría y silenciosa.

Así, el establecimiento intermediario del nuevo orden de cosas fue convertido en ley por unos sesenta miembros de la legislatura, que por sí mismos se declararon aptos para ocupar los ministerios, los puestos de agente diplomático o de delegado de la Comisión Consular.

Bonaparte, con sus dos colegas, acudió a prestar juramento al Consejo de los Ancianos, y el 11 de noviembre, a las cinco de la mañana, el nuevo Gobierno abandonando Saint – Cloud fue a instalarse en el Palacio del Luxemburgo.


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FUENTE_ JOSEPH FOUCHE