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sábado, 14 de junio de 2014

EL CASO DEL HOMBRE QUE NO PODÍA ARDER

 CURIOSIDADES:


En julio de 1803 el Journat des Débats, periódico de Paris, publicó una amplia información sobre el singular caso de un joven español de Toledo,  que en la escuela de Medicina de París fue expuesto ante científicos y cualquier curioso, que ofrecía la asombrosa propiedad de ser incombustible. El caso fue corroborado por carta a la redacción del diario por el doctor Burard. A continuación se expone el reportaje y la carta.



Del 19 de julio de 1803


“Existe en este momento en París un individuo, nacido en Toledo, de veintitrés años de edad, afectado de una insensibilidad física de la que no existe ningún ejemplo. Este joven español ha sido sometido ayer, en el anfiteatro de la Escuela de Medicina, en presencia de gran número de espectadores, a pruebas que consideraríamos fabulosas si su realidad no nos fuese atestiguada por diferentes testimonios oculares de los más dignos de fe. Citaremos el testimonio del doctor Burard que nos suministra los datalles que se van a leer:

-          1º : Ha sumergido pies y manos en aceite hirviendo calentado hasta 85 grados de calor; se ha lavado la cara con el mismo aceite.
-          2ª: Lentamente y varias veces ha pasado sus pies y sus manos sobre un hierro ancho y muy espeso al rojo vivo.
-          3ª: Se le ha aplicado y pasado una espátula, también al rojo vivo, sobre la lengua durante algunos minutos.
-          4º: Ha tomado y hecho circular por dentro de su boca ácido muriático, nítrico y sulfúrico.
-          5º: Han pasado una vela encendida, cerca de un cuarto de hora, sobre sus piernas y pies.
-          6º: Ha sumergido sus manos y pies en agua cargada de gran cantidad de sal y calentada hasta 70 grados. Este joven ha pasado estas diversas pruebas sin dar ningún signo de dolor y sin que apareciese ningún vestigio de la menor quemadura en las diversas partes de su cuerpo.


Se ha notado sin embargo que el ácido nítrico, que no había hecho ninguna impresión sobre su lengua, ha dejado una especie de mancha amarilla sobre la palma de su mano, pero sin cauterización ni dolor.

Los médicos y gentes del oficio que han asistido a estas experiencias no dejarán sin duda de redactar una memoria sobre este inaudito fenómeno, tanto más maravilloso cuanto este sujeto parece gozar de una buena salud. Y lo que no es menos asombroso: su piel no sólo no se altera con estas pruebas sino que permanece tersa como corresponde a un joven. El interprete ha asegurado que este español ha sido metido, en Toledo, en un horno cerrado y calentado hasta 70 grados; permaneció en él diez minutos, encontrándose bien en él y no queriendo salir.


CARTA AL REDACTOR


Desde que anunciasteis las pruebas sufridas por el joven español el 18 de este mes en el anfiteatro de la Escuela de Medicina, se me plantean cuestiones relativas a este fenómeno, y permitidme utilizar el conducto de vuestro periódico para declarar que todos los hechos que habéis descrito son de las más exacta verdad; y puedo invocar aquí el testimonio de los médicos o profesores Chaussier, Hallé, Desyeux, Sabatier, Alfonso Leroi, Perilhe; de los miembros del instituto, Huzard, Guitton- Morveau, y de una gran número de espectadores, que todos han visto, como yo, los mismos experimentos. Debo observar que es imposible suponer ninguna especie de superchería por parte de este español. El aceite, los instrumentos de hierro y los ácidos han sido suministrados,  preparados y calentados por miembros de la Escuela de Química; y ciertamente, si este extranjero poseyese un secreto o procedimiento químico ( cosa que no creo) capaz de impedir la acción del fuego o de los ácidos tal como los que ha degustado, se hubiesen notado fácilmente algunos vestigios de la preparación a que hubiese sometido las diferentes partes de su cuerpo. Por lo demás, los que rehúsan creer en la realidad  de tales pruebas serán pronto convencidos por la memoria que se encarga de redactar sobre esto el profesor Pinel.

Tengo el honor de saludaros.

Firmado: Burard, doctor en medicina y cirugía, médico forense del distrito VI, calle Condé nº 695.