Translate

lunes, 2 de junio de 2014

EL CANTÓN DE CARTAGENA.

CURIOSIDADES:


FRAGATAS SUBLEVADAS

El caótico siglo XIX español se caracterizó por sus continuas inestabilidades salpicadas revueltas, pronunciamientos, revoluciones y guerras, muchas de ellas civiles, en las que españoles lucharon contra españoles en contiendas fratricidas más o menos extensas.

 Una de ellas fue la Guerra Cantonal de Cartagena; una miniguerra civil iniciada a mediados de 1873 entre el Cantón de Cartagena y el gobierno central de Madrid, y finalizada a principios de 1874, hace 140 años, que tuvo en la mar uno de sus escenarios. 

Amadeo de Saboya, incapaz de gobernar a los españoles, abdicó el 10 de febrero de 1873. Al día siguiente se proclamó la Primera República, y comenzó un período de discusiones entre los partidarios de la República unitaria y los que la preferían federal. Fue entonces cuando en un estado de alta ebullición política, en algunos barcos comenzaron a aparecer conatos de revolución, como el 23 de marzo, en que la marinería de las fragatas Vitoria y Almansa, basadas en Cartagena, mostraron estandartes y pancartas rojas, y el 29 de mayo, al grito de “abajo los galones”, trataron de levantarse contra sus mandos, sin éxito.

El 8 de junio se proclamó finalmente la República Federal, cuya llegada fue muy celebrada, aunque cada uno la interpretó a su aire, y el concepto de “federal” dio lugar a muchas interpretaciones y discusiones.

Ante la actitud del gobierno central, que intentaba tomarse las cosas con calma, la impaciencia por adaptar las instituciones al nuevo sistema fue en aumento en diferentes localidades. Uno de los núcleos más activos fue el de Cartagena, que en un manifiesto decía que:
“… era llegada la hora de salvar, de constituir definitivamente la República Federal. No hacer esto sería tanto como cometer una indignidad que no podemos suponer en ningún pecho republicano donde se albergue y lata un corazón de hombre”.

Las cosas fueron a peor y comenzaron los levantamientos cantonales en diferentes puntos de España, entre ellos el Cantón de Cartagena, que se declaró independiente el 12 de julio. En un intento de arreglar la situación en los barcos, el 13 de julio llegó de incógnito a Cartagena el ministro de Marina Federico Anrich y visitó las fragatas Vitoria y Almansa, pero se retiró a la vista del estado revolucionario de su marinería.

A pesar de los esfuerzos del gobierno central para evitarlo, el pabellón rojo cantonal fue izado el 14 de julio en los barcos que se encontraban en Cartagena: fragatas blindadas Numancia, Vitoria, Tetuán y Méndez Núñez, fragata de hélice Almansa, vapor de ruedas Fernando el Católico, y corbeta Ferrolana, convertida en buque prisión.

A partir de entonces, los barcos cantonales corrieron varias aventuras y enfrentamientos, la mayor parte de las veces para buscar apoyos en otros puertos, o en su defecto para tratar de conseguir dinero y víveres para su subsistencia, al tiempo que sus nombres volaban en alas de la copla:

¡Viva la Numancia,
valiente como el Cid!
¡La Vitoria y la Almansa!,
vengan todas aquí.

En sus correrías, el Fernando el Católico salió de Cartagena el 18 de julio llevando fuerzas a Mazarrón y Águilas, que terminaron uniéndose a los cantonales. Y el día 20 la Vitoria salió hacia Alicante transportando una fuerza de 500 hombres, que apresaron al vapor Vigilante, un remolcador y dos barcos menores, y recaudaron una buena cantidad de dinero en concepto de “contribución de guerra”.

Ante las actuaciones de los barcos cartageneros, el mismo día 20, el gobierno de Madrid los declaró “piratas”, en un decreto publicado al día siguiente, lo que permitía que pudieran ser interceptados por barcos centralistas o extranjeros. Desde entonces, la escuadra cantonal fue continuamente seguida por buques de guerra alemanes, británicos, franceses e italianos, dispuestos a obstaculizar sus movimientos.

En respuesta, el día 22, el Cantón declaró “traidores a la Patria y a la República Federal” a los miembros del gobierno de Madrid. Aquel mismo día, la Vitoria y el Vigilante salieron de Alicante, y la Vitoria entró en Cartagena mientras el Vigilante lo hizo en Torrevieja. Cuando el día 23 el Vigilante navegaba hacia Cartagena, fue apresado por la fragata alemana Friedrich Karl, y después de liberar a su dotación, fue llevado a Gibraltar para ser devuelto al gobierno de Madrid.
En los intentos por cobrar deudas, las fragatas cantonales Vitoria y Almansa bombardearon Almería a finales de julio, y cuando se dirigían a Málaga, a principios de agosto fueron interceptadas por las fragatas alemana Friedrich Karl y británica Swifsure, en una acción por la que el Cantón estuvo a punto de declarar la guerra a Alemania. Los barcos apresados fueron llevados a Escombreras, donde sus dotaciones fueron liberadas. Más adelante se trasladaron a Gibraltar, donde el 26 de septiembre fueron entregados a la Armada del gobierno central.

Mientras tanto, la escuadra centralista, al mando del contralmirante Miguel Lobo Malagamba, intentó un bloqueo cercano de Cartagena el 14 de agosto, pero terminó retirándose ante el fuego de las baterías de costa cartageneras, que alcanzaron al Ciudad de Cádiz produciéndole un muerto, algunos heridos y varios desperfectos. Tres días después los cantonales desembarcaron en Águilas para dirigirse a Lorca, pero ante la oposición de los centrales tuvieron que reembarcar y regresar a Cartagena.

El 12 de septiembre, el Fernando el Católico desembarcó tropas en Torrevieja, que obligaron a la guarnición de la plaza a retirarse al interior, y tras hacerse con dinero y víveres regresó a Cartagena. La Numancia, Méndez Núñez y Fernando el Católico participaron en un desembarco en Águilas el 17 de septiembre, y obtuvieron una importante cantidad de dinero además de apresar un pequeño barco con víveres. A continuación se dirigieron a Alicante, que se negó a unirse al Cantón, por lo que en la mañana del día 27 de septiembre iniciaron un intercambio de fuego con las baterías de tierra que duró cinco horas, y regresaron a Cartagena tras haber disparado unos 500 proyectiles y sufrir muy pocas averías, habiendo causado en tierra nueve muertos y unos 40 heridos. Y el 2 de octubre, la Tetuán y el Fernando el Católico zarparon de Cartagena para desembarcar tropas en Garrucha, que avanzaron hacia Vera, Cuevas de Almanzora, Torre y Mojácar, y a las pocas horas regresaron con dinero, ganado y víveres.


FUENTE-Marcelino González Fernández