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jueves, 19 de junio de 2014

ACTA DE CEREMONÍA, CONSAGRACIÓN DE FELIPE I DE FRANCIA


CURIOSIDAD:



 hoy, 19 de Junio de 2.014, ha sido proclamado Felipe VI, rey de España con una ceremonia laica. Abajo presentamos un acta de consagración típico en Francia en la edad media.

En la edad media en Francia se consagraba a los reyes de Francia, mediante una ceremonia severa y significativa llamada “le Sacre”, que dotaba a los soberanos la primacía de derecho divino. A continuación se reproduce lo esencial de esta ceremonia, tal como se celebró el 23 de mayo de 1.059, el domingo de Pentecostés, la consagración de Felipe I de Francia, de la dinastía de los capetos. Esta acta fue realizada por el arzobispo de Reims, Gervais de Crâteau-du-Lior.


FELIPE I


En el año de la Encarnación del Señor 1059 en el año treinta y dos del reinado del Rey Enrique, el décimo día de las calendas de junio, en el cuarto episcopado del señor Gervais, en el día santo de Pentecostés, el Rey Felipe fue consagrado por el arzobispo Gervais, en la iglesia catedral, ante el altar de Santa María, según el orden y los ritos que he aquí.

Al comienzo de la misa, antes de la lectura de la Epístola, el arzobispo, volviéndose hacia el rey, le expuso la fe católica; le preguntó si creía y si quería ser su defensor. Habiendo respondido el rey afirmativamente, le trajeron su declaración; la tomó, y aunque sólo tenía siete años de edad, hizo la lectura y la firmó. Esta declaración estaba así formulada:

“Yo, Felipe, que pronto, por la gracia de Dios, voy a ser rey de los franceses, en este día de mi consagración prometo ante Dios y sus santos conservaros a cada uno, mis súbditos, el privilegio canónigo, la ley y la justicia que le son debidas; y con la ayuda de Dios, y según lo que podré, me esforzaré en defenderlos con el celo que justamente debe poner el rey en su estado, en apoyar a cada obispo y a la Iglesia que le está confiada. Concederemos también por nuestra autoridad al pueblo que nos está confiado una dispensación de las leyes conforme a sus derechos”.

Hecho esto, volvió a poner la profesión de fe entre las manos del arzobispo. Estaban presentes Hugues de Besançon, legado del papa Nicolás; Hermanfroi, obispo de Sión; Mainard, arzobispo de Sens; Berthélemy, arzobispo de Tours, etc. El arzobispo , tomando el báculo de San Remigio, explicó con dulzura y mansedumbre, como tenía, por encima de todos los obispos, el derecho a elegir y consagrar al rey desde que San Remigío había bautizado y consagrado al Rey Clodoveo. Enseñó a los asistentes como el papa Hermisdas había otorgado a San Remigioi y como el papa Victor le había dado a él. Gervais, y a su Iglesia, el derecho de consagrar por este cetro, amén del primado de toda la Galia. Entonces, con el consentimiento del rey Enrique, eligió a Felipe Rey. Había sido convenido que esto podía hacerse sin que tuviese necesidad del asentimiento del Papa; no obstante, los legados apostólicos, para honrar a Felipe y darle un testimonio de su amistad, tomaron parte en la ceremonia. Después de ellos, el rey fue elegido por sus arzobispos y obispos, abades y clérigos, y a continuación por Gui, duque de Aquitania, por Hugues, hijo y representante del duque de Borgoña; por los enviados del marqués Balduino, conde de Flandes, y los de Godofredo, conde de Anjou, por Raúl, conde de Valois, Heriberto, conde de Vermandois, Gui, conde de Pontieu, Guillermo, conde de Alvernia, Hildeberto, conde de la Marche, Foulques, conde de Angulema, y el vizconde de Limoges.



NO DISPONEMOS DE FELIPE I, PERO SI DE SU SUCESOR, ES SU CONSAGRACIÓN EN REIMS

Vinieron a continuación los caballeros y el pueblo de todas las clases, que con voz unánime dieron su consentimiento y aprobación y gritaron tres veces:
“Aprobamos y queremos que así sea”.

Entonces Felipe, a ejemplo de sus predecesores, otorgó un diploma relativo a los bienes de Santa María, al condado de Reims, a las tierras de San Remigio y a las otras abadías. Puso su sello y firma. El arzobispo firmó igualmente; el rey Felipe le instituyó archicanciller, como habían hecho  sus predecesores para los predecesores de Gervais. Entonces el arzobispo lo consagró rey; después volvió a su sitial y cuando estuvo sentado, le trajeron el privilegio que le había enviado el papa Victor, y lo leyó en presencia de los obispos. Todas estas ceremonias transcurrieron en medio del recogimiento y alegría más vivos. NO fueron turbadas por ningún desorden, ninguna oposición, ningún inconveniente para el reino. El arzobispo Gervais dio a todos los asistentes la acogida más benévola y subvencionó con generosidad a todas sus necesidades, a expensas de su propio tesoro. NO tenía obligación de hacer tal con nadie más que con el rey; pero obraba así para honor de la iglesia de Reims y por liberalidad.


Según ACTA de consagración.