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viernes, 19 de diciembre de 2014

LAS FORMAS GEOMÉTRICAS DE NEWARK

 CURIOSIDADES EXPRESS:





Existen unas formas geométricas en forma de círculos, rectas, octágonos y cuadrados creadas por el pueblo Hopewell, en el este de Norteamérica, que dejan cautivado al que las observa, sobre todo desde el aire. Se atribuyó a esa cultura con el nombre de Hopewell, debido a que en Ross County, en Ohio, existe una granja con el mismo nombre. Los arqueólogos conocen este pueblo gracias a sus costumbres funerarias, como los demuestran esas estructuras geométricas excavadas en el suelo y los complejos túmulos funerarios que les acompañan. Uno de ellos, el de Mound City, abarcan una extensión que equivale a varias manzanas de la ciudad de Nueva York.

Este pueblo era sedentario y solía incinerar a los muertos, aunque se debe considerar que los grandes monumentos funerarios se reservaban para los miembros de la élite, a los cuáles se enterraban ataviados de ropaje ricamente trabajado y máscaras rituales. En el túmulo de Ohio, se hallaron restos de un hombre y una mujer con narices artificiales confeccionadas con varias láminas de cobre colocadas unas junto a las otras, y la mujer estaba ataviada con un traje adornado con centenares de conchas a modo de lágrimas. 


EL OCTÓGONO DE NEWARK


Sus artesanos creaban espléndidas figurillas en cobre mitad humanas mitad animal, y eran ágiles en el trabajo de la mica y otros materiales, de forma que elaboraban objetos destinados a ser regalados en un ritual que simbolizaba los lazos de unión entre los cabecillas y las personas notables de los pueblos vecinos.


EL CIRCULO DE NEWARK


Como decimos, le pueblo Hopewell, habitaba en las proximidades de la moderna ciudad de Newark, hacía el 250 d.c., en Ohio, Estados Unidos, comenzó un gran proyecto que abarcaría varias generaciones, y consistió en la construcción de todo un complejo entramado de túmulos y formas geométricas sobre una extensión de 10,4 kilómetros cuadrados. Desde el aire presenta un conjunto caótico, de difícil interpretación a simple vista. Sin embargo, unos arqueólogos de la época victoriana, Ephraim Squier y Edwin Davis, hicieron un estudio de la zona hacía el 1840, cuando el complejo estaba bastante intacto. Y más recientemente, el físico Ray Hivelay y el filósofo Robert Horn realizaron un elaborado plano detallando del monumento. Al confeccionarlo, se dieron cuenta que cada uno de sus elementos estaban dispuestos de forma precisa, con sus esquinas simétricas y orientados a la posición de las estrellas. Como ejemplo, tenemos el octógono de Newark, que ocupa 18 hectáreas y aberturas en cada uno de sus lados, se construyó con el diámetro del circulo contiguo “el circulo del observatorio” como referencia, de 321,3 metros de longitud. Ellos estudiaron el diámetro de los círculos así como los lados y diagonal de octógono y el cuadrado, y llegaron a la conclusión de que fue usado en ellos una única unidad de medida.


PLANO DEL CONJUNTO FUNERARIO DE NEWARK, EN LA ACTUALIDAD, GRAN PARTE DEL MISMO DESCANSA BAJO LOS CIMIENTOS DE LA MODERNA NEWARK


De sus estudios se desprende que las formas geométricas están alineadas hacia determinadas estrellas. Con el respaldo de unas tablas astronómicas, los dos estudiosos calcularon los azimuts del sol y la luna en el año 250 d.c. Al compararlos con estas últimas y con sus ejes de simetría, y con determinados puntos, como el centro de cada una de las formas, constataron que no respondían a la posición del sol, pero que el octógono, por el contrario, coincidía con los extremos norte y sur de la posición de la luna en el horizonte en el momento de su salida en un ciclo total de 18,61 años. Es plausible, que los muros del octógono, de 1,7 metros de altura, permitieran calcular los azimuts correspondientes con un margen de un cuarto de grado. Los dos estudiosos elaboraron nuevas tablas que demostraron que el eje de la avenida que discurre entre el octógono y el círculo contiguo coincidía con cinco de las ocho posiciones de la luna con un margen de error de medio grado, y que los puntos de observación coincidían a su vez con cuatro vértices del octógono. Con los cálculos de Newark sobre alineamientos lunares es posible predecir eclipses de la luna, próximos a los solsticios de invierno y verano, así como los ciclos que se repetían normalmente cada 18,6 años.