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jueves, 4 de diciembre de 2014

FELIPE II LICENCIA PARA ESPIAR

 CURIOSIDADES EXPRESS:




Felipe II tras regresar de Flandes en 1559, se mantuvo casi siempre en el centro del imperio, en Castilla, en el Escorial, y ya no se movería demasiado de allí, tal vez alguna salida a Córdoba, Lisboa, Zaragoza o Valencia. Felipe establece la capital en Madrid, y gobernó mediante informaciones y órdenes secretas.

Fue un rey muy trabajador, pasaba horas y horas en los asuntos de la correspondencia en su despacho Universal del Alcázar madrileño o en las salas del Escorial. Tan ensimismado en su tarea, le daban las tantas de la noche, sin probar bocado. Tal magnitud de papeleo hizo necesaria la ampliación de los archivos del Estado, así se encomendó al arquitecto Juan de Herrera, la ampliación del archivo de Simancas. 

Pero para mantener tal cantidad de información se construyó una red de informadores y espías, una gran red, la más extensa de la historia que extendía sus tentáculos desde El Escorial hasta cualquier rincón del Imperio en los cuatro continentes. 

En esos tiempos se fortalece los servicios de los correos públicos haciendo necesaria el desarrollo de la moderna criptografía para oscurecer la información a posibles interceptores de los correos y tiempo de creación de una diplomacia que no difiere en nada de las funciones del espía puro y duro. Se nombraron embajadores y diplomáticos con licencia para matar, sobornar y realizar cualquier acción que dieran por bueno la preservación o la obtención de valiosa información.

A diferencia del Imperio Americano, donde su núcleo es enorme y con gran cantidad de recursos de todo tipo, muy concentrado y fácil de defender, el Imperio de Felipe II estaba desperdigado por el orbe mundial, aunque su núcleo fuera un poco poblada Castilla en medio de las viejas rencillas con los musulmanes del sur y los levantiscos protestantes del norte, sumado a esto el enemigo secular, Francia, con más peso demográfico, con una buen andamiaje en política exterior y espionaje. Para contrarrestar el peligro francés, se intentó ganarse la confianza de Inglaterra, porque un enfrentamiento con estos hubiera supuesto un aliado a Francia, y por tanto se pactó la vía matrimonial, pero el enlace con María Tudor solo dio una tregua de confianza de cinco años e Inglaterra y el Imperio se las verían en el intento de invasión de Inglaterra por parte de la Armada Invencible que como todos acabó sucumbiendo, y en esos menesteres el espionaje realizó su trabajo, así como en el intento de la corona por convertir a Irlanda en una especie de Flandes inglés que también fracasó. Se debe añadir el gran avispero que era Flandes para Felipe II, que llevó a asesinar al rebelde mayor, Guillermo de Orange, en 1584. Veinte años estuvo el cuerpo de espionaje filipino tras la pista del de Orange, que era considero una de las piezas más complicadas de seguir su rastro, pero lo consiguieron y esa misión dio una gran fama a los servicios secretos de Castilla, con una fama de terrible maquinaría de la cual nadie podía escapar. 


ANTONIO PEREZ


La gran estructura de espionaje estaba formada de muchos efectivos humanos, así como de grandes recursos económicos y precisaba de una eficaz coordinación. Estaba comandada por el Superintendente de las inteligencias secretas o espía mayor. Por encima, los secretarios de Estado, con el enérgico Antonio Pérez, que se hizo rico mediante la venta de información confidencial, creó una red dentro de la red pero fue finalmente descubierto por Juan de Escobedo, el que fuera secretariado del hermanastro del rey, Don Juan de Austria. Pero Pérez realizó una contra finta mandando ordenar asesinar a Escobedo, con la falsa atribución de la orden proveniente de Felipe II. Pero se pueden fijar de cómo se movían los hilos en aquel tiempo, que cuando Felipe II se enteró de esta farsa, quiso caer sobre él, pero no lo pudo hacer tan sencillo, debido a la información que manejaba ya que Pérez puso a buen recaudo varios baúles repletos de documentos comprometedores. Felipe II tuvo que esperar pacientemente hasta encontrar la forma de echarlo, pero tanto tiempo esperó que el truhán se marchó a las fauces del enemigo y comenzó entonces una gran campaña de desprestigio para el Imperio, Pérez era conocedor de muchas cosas que fueron útiles para los enemigos del Imperio. Y que llegó a constituir uno de los puntales para la llamada Leyenda Negra, que sus enemigos fomentaron para erosionar la imagen pública y privada del rey. El espionaje no implicaba únicamente territorios sino la propia corte y como botón de muestra tenemos el uso que dispensaban los bufones en el alcázar de Madrid para poner al tanto al rey de las intrigas que se tejían inter muros. Estos bufones debido a su función podían traspasar las reglas de cada estamento social, es decir, se codeaban de tú a tú desde nobles a mozos de cuadra con lo que sus oídos eran antenas que llegaban hasta el último recodo y de ahí al rey. Los bufones mantenían la mente limpia al rey con sus gracias, además de la función de espía descrita y , a veces, podían ser confesores porque solían ser fieles y bien pagados. No obstante, no era raro el caso de que algún poderoso aprovechando la posición de correo y espía del bufón le hiciera algún regalo costoso para predisponerlo a su favor y obtener influencias y valiosa información. Estos bufones podían llegar a superar los 100.000 ducados anuales de ganancia con lo que podemos hacernos la idea de que dotasen a sus hijas de bodas de gran postín y compraran buenas casas, molinos etc.…


FELIPE II Y SU BUFÓN VELASQUILLO QUE EJERCIÓ DE ESPÍA


Felipe II también usó para su red de espionaje el imperio de los Tassis. Esta compañía nacida en 1290 en Lombardía, por la familia Tasso, adoptó un emblema con un cornetín de postas sobre fondo amarillo porque se veía a distancia. Los hermanos Leonardo, Ruggiero y Francesco, los Tassis, establecieron un red eficaz de comunicación por Italia, y en poco tiempo se extendieron por media Europa. En Alemania era la Thurn und Taxis, en Francia, la Tour & Taxis, y en España, Tarsis. Esta compañía de correos privada detentó el monopolio durante 400 años y que llegó a tener más de 20.000 empleados y miles de vehículos y caballos. Así que cuando la Casa de Austria necesitó de comunicaciones postales fiables les encargó la tarea a ellos. 


EMBLEMA DE LOS TASSIS EN ESPAÑA LOS CONDES DE VILLAMEDIANA


Así, Carlos V los nombró Correos Mayores de Castilla, otorgándoles grado de nobleza en 1534. Los correos iban cifrados, si bien, en tiempos de Carlos V, ya muchas de las claves estaban rotas y eran un coladero de información. Como consecuencia, Felipe II ordenó el cambio de claves y se usó, por ejemplo, la rejilla de Cardano, que eran un sistema de tarjetas perforadas y los discos concéntricos de León Battista della Porta. Como vemos los italianos eran maestros en el cifrado de la época, pero los franceses no se quedaban atrás como demuestra lo que pasó en 1589, cuando Enrique de Navarra, hugonote, aspiraba a hacerse con el trono francés con el nombre de Enrique IV, pero al ser protestante Felipe II se oponía a ello y por ello utilizó los servicios de espías y correos. Sin embargo, algunos despachos españoles fueron interceptados por Enrique IV, y en particular una carta con información sensible que estaba cifrada en un sistema con un nomenclátor de 413 caracteres que se consideraba indescifrable. Pero su enemigo tenía entre sus filas a François Viète, consejero privado de Enrique, gran amante de las matemáticas y le encomendó la tarea de descifrar aquella carta. La carta está fechada el 28 de octubre de 1589 y Viète consiguió romper el código el 15 de marzo de 1590. Tal berrinche cogió Felipe II al ver descubiertos sus planes por el francés que se dirigió al Papa protestando que habían usado artes diabólicas para penetrar en sus documentos. Pensemos que Felipe II gastaba mucho dinero en su red de espionaje, y además, si debía sobornar a alguien de importancia las cifras se disparaban. Los agentes más eficaces eran aquellos que tenían que ocultar un pasado borrascoso y ya con una edad elegían la profesión de espía, ya que sus contactos, información y habilidades le permitían moverse con solvencia en los resquicios del Imperio turcos, hispano y entre austriacos e italianos. Y pensemos que tantos bandos azuzaban la tentación de hacerse pasar por agente doble, como así sucedía. 


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA: 



espías de felipe ii (ebook)-javier marcos-9788499706658
ESPÍAS DE FELIPE II (EBOOK)

JAVIER MARCOS , LA ESFERA DE LOS LIBROS



Los servicios secretos del Imperio español Conspiración, sabotaje, intriga y asesinato eran moneda corriente en la vida política de la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada, además, por el uso interesado de la propaganda , una manipulación que, en cierto modo, recuerda a la guerra fría del siglo XX. Esta situación marcó las relaciones entre los distintos Estados europeos, creando en el marco de la política internacional un clima de recelo y secretismo. El engaño era práctica habitual y ningún Estado podía confiar en la lealtad de sus amigos… Sobre todo si representaba a la primera potencia mundial del momento.Felipe II era consciente de esta situación y de la importancia decisiva que tenía el control de la información para mantener la supremacía imperial de España. Por eso dedicó gran cantidad de recursos económicos y humanos a los servicios secretos, conformando la red de espionaje más compleja, mejor organizada y con mayor presencia efectiva de la época. Experto en el arte de la criptografía, su carácter desconfiado y su tendencia natural al secreto lo convertían en el perfecto dirigente de las labores de inteligencia: reglamentaba el uso de los textos cifrados, coordinaba la información y su posterior transmisión a través de los correos, decidía la contratación de espías y controlaba la distribución de los «gastos secretos», alternando las labores propias de su reinado con las de un verdadero jefe del servicio de espionaje.Los historiadores Carlos Carnicer y Javier Marcos han sabido encajar, a lo largo de estas páginas de apasionante lectura, las piezas clave que conforman el mapa político de una de las épocas más opresivas, sombrías y sangrientas de la Historia.