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miércoles, 18 de marzo de 2015

EL COMIENZO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

CURIOSIDADES:




A continuación presentamos un pequeño fragmento de las confesiones del Ministro de negocios extranjeros Joachim Von Ribbentrop sobre el difícil panorama diplomático que se cernía en Europa en agosto de 1939. 


JOACHIM VON RIBBENTROP, MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES ALEMÁN


Encontré que la situación estaba mucho más tirante que cuando mi marcha: la presión polaca sobre Danzig y sobre los territorios poblados por alemanes se había endurecido y, por otra parte, se acababan de registrar los primeros incidentes fronterizos. Durante mi ausencia, Adolfo Hitler había sostenido en Obersalzberg una conversación muy sería con el embajador británico. Henderson, quién le entregó un mensaje del Primer Ministro británico,. En aquella conversación se dijo que existía la posibilidad de que estallara un conflicto entre Alemania y Polonia e Inglaterra. Entonces, en una carta enviada aa Chamberlain el 23 de agosto, anunció Adolfo Hitler su resolución de terminar con el problema de Danzig y del Corredor, así como no tolerar más provocaciones polacas. Interpretaba las recientes medidas militares inglesas como una amenaza al Reich, por lo que inmediatamente iba a ordenar la movilización de la Wehmarcht. La situación, pues, se había agravado, y el Führer se acababa de trasladar a Berlín.

A la mañana siguiente de mi regreso de Moscú, es decir, la mañana del dramático 25 de agosto, hablé con el Führer acerca de la carta de Chamberlain y le propuse hacer una nueva tentativa frente a Inglaterra. En seguida después de aquella conversación me enteré de que se estaban efectuando preparativos militares. En aquella ocasión, Adolfo Hitler no tuvo en contra que Inglaterra estaría dispuesta a intervenir y a ir a la guerra con Polonia. Posiblemente por eso dio él la primera orden de marcha. A primeras horas de la tarde, un empleado del Ministerio de Asuntos Exteriores me comunicó la ratificación del Pacto anglo – polaco, que el 6 de abril había concluido de una manera oficiosa. Corrí a la Cancillería para comunicar a Hitler la noticia y aconsejarle que, sin pérdida de tiempo, diera una contraorden respecto a los preparativos militares, pues la ratificación del Pacto anglo – polaco significaba, caso de emprender él una acción contra Polonia, “la guerra con Inglaterra”, por lo cual “debía anular la orden de marcha”.

El Führer escuchó mi consejo, que yo le dí poseído de gran nerviosismo, sin contradecirme, y se mostró muy sorprendido por la noticia de la ratificación del Pacto anglo – polaco. Tras unos momentos de reflexión me dijo que el embajador italiano le había comunicado aquella misma mañana que en caso de conflicto Italia se daría por no enteada del Pacto con Polonia.

Hitler estaba convencido de que Roma había comunicado a Londres su posición, lo cual debía haber influido en la ratificación del Pacto anglo – polaco. Adolfo Hitler mandó llamar a su ayudante militar, el coronel Schmundt. Este, sin embargo, no fue encontrado. Al poco tiempo, en lugar de Schmundt, se presentó el entonces capitán general Keitel. El Führer preguntó a Keitel si todavía se estaba a tiempo de dar las contraórdenes oportunas para detener los preparativos militares. Keitel contestó afirmativamente. El Führer le ordenó entonces que mandara suspender los preparativos militares, notificándole lo que hacía un momento le acababa yo de comunicar respecto a la ratificación del Pacto anglo – polaco y advirtiéndole que necesitaba “tiempo para negociar”.

No hay duda que Adolfo Hitler creyó que aquella contraorden redundaría en desprestigio suyo frente al Ejército, y durante un cierto tiempo pareció hacerme responsable de ello, lo cual me produjo un gran disgusto. A causa de aquella situación psicológica me expliqué el por qué no fui llamado a consulta durante los días siguientes, así como el que Adolfo Hitler se hiciera personalmente cargo de la cuestión polaca. Hasta el 28 de agosto no volví a ser llamado, y entonces proseguí las negociaciones con el embajador Henderson.

El 25 de agosto comunicó el Führer al embajador Henderson que para solucionar el problema germano – polaco estaba dispuesto a firmar un Pacto de asistencia mutua con Inglaterra, proposición que, en su libro “Failure of a Mission”, calificaba Henderson como digna de ser tomada en cuenta. Henderson partió hacia Londres en el avión de Adolfo Hitler para dar cuenta a su gobierno, de manera que entre el 26 y 28 de agosto el Gabinete británico tuvo noticia de la proposición de Hitler.


NEVILLE HENDERSON EL EMBAJADOR BRITÁNICO EN BERLÍN


El 28 de agosto, a las diecisiete horas, regresó, Henderson a Berlín llevando consigo un memorándum del Gobierno británico. Entonces comenzó la fase decisiva de la crisis. Tres horas antes de partir Henderson hacia Berlín, es decir, el 28 de agosto, a las catorce horas, el gobierno británico preguntó por telégrafo a Varsovia si Polonia estaba dispuesta a entablar una discusión directa con Alemania.

El memorándum británico entregado a Adolfo Hitler contenía, entre otras cosas, la siguiente afirmación: “el gobierno de su Majestad acababa de recibir del Gobierno polaco la seguridad de que, sobre estas bases, está conforme en iniciar las negociaciones”. Como base de la posible discusión se determinaba que los intereses vitales de Polonia quedarán a salvo y que, además, serían garantizados mediante un pacto germano – polaco, que a tal efecto debería suscribirse.

En el “libro azul” inglés publicado después de la guerra no figura la respuesta del Gobierno polaco. Dado que el mensaje inglés fue cursado a las catorce horas y que Henderson emprendió el vuelo hacia Berlín a las diecisiete, la respuesta del gobierno polaco se debió recibir en la capital inglesa entre las dos y las cinco de la tarde. El hecho de que el texto de la respuesta polaca haya sido mantenido en secreto es un dato de suma importancia para el desarrollo de todos los acontecimientos subsiguientes.

A pesar de que el 1 de septiembre declara Chamberlain que “todos los documentos serían dados a la publicidad”, el texto de la respuesta polaca ha sido mantenido en secreto. Este hecho extraordinario sólo puede explicarse admitiendo que la contestación polaca fue un “si” rotundo; es decir, un “si” que implicaba el inmediato comienzo de las negociaciones pertinentes; un “si” que implicaba el comienzo inmediato de las negociaciones pertinentes; un “si” exento de cualquier veladura diplomática que pudiera interpretarse como un “no”. Sin embargo, la actitud polaca del 30 al 31 de agosto de 1939, no dio a entender, en contra del sentido del memorándum inglés del 28, que el Gobierno polaco deseara entablar directas e inmediatas negociaciones con el Reich.


CHAMBERLAIN Y HITLER


Mi defensa en el Proceso de Nuremberg pidió la presentación de la respuesta polaca del 28 de agosto al gobierno inglés. ¡El tribunal, sin embargo, no autorizó la presentación de este documento!
A las 22:30 horas del 28 de agosto entregó el embajador Henderson a Adolfo Hitler el memorándum del Gobierno inglés. Nos sorprendió que en dicho documento apenas se hablara del propuesto Pacto de mutua asistencia anglo – germano, y asimismo nos llamó la atención de que el Gobierno inglés estuviera de acuerdo con Adolfo Hitler, al considerar que una de las cuestiones que más hacían temer respecto a las relaciones entre Alemania y Polonia fuera la de los informes acerca del trato infligido a sus minorías alemanas residentes en Polonia. En la tercera parte del memorándum, el Gobierno británico decía que la solución del pleito germano – polaco dependía de la manera y del método con que este fuera solucionado.

El Gobierno británico insistía en que, a su modo de ver, para asegurar el éxito de las conversaciones preliminares, era indispensable que un convenio fuera garantizado por otras potencias. El Gobierno británico aclaraba luego que, en su opinión, el primer paso para las negociaciones directas entre el Gobierno alemán y el polaco debía darse sobre la base de tal acuerdo. El Gobierno británico esperaba que el Gobierno alemán esté de acuerdo con semejante proceder.

Durante la conversación que tuvo lugar entre Hitler y Anderson cuando le entregaba el memorándum inglés, yo recordé que Chamberlain, me había dicho que Inglaterra deseaba vivamente llegar a un acuerdo con Alemania. Mis palabras tuvieron la virtud de despejar la atmósfera, muy cargada en aquellos momentos, y el Führer dijo que examinaría la nota.

A la tarde del día siguiente 29 de agosto Henderson fue citado a las 18:45 en la Cancillería. Durante el transcurso de la conversación, el embajador Henderson se mostró muy poco considerado, permitiéndose en un momento dado golpear con el puño sobre la mesa. A no ser por una intervención mía que logró calmar los ánimos, el Führer, como más tarde dijo a Hess, estuvo a punto de dar por terminada la entrevista. Finalmente, Adolfo Hitler, dio a Henderson una respuesta por escrito. En ella se decía que el gobierno del Reich:

“1. A pesar de considerar de una manera escéptica las posibles conversaciones directas con el Gobierno polaco, acepta la proposición; 2. Que asimismo acepta la propuesta inglesa en lo referente al envió de un plenipotenciario polaco a Berlín, cuya llegada se espera en Berlín el miércoles, 30 de agosto; 3. El Gobierno del Reich nunca ha demostrado en sus proposiciones tener la intención de perjudicar los intereses vitales de Polonia, ni de planear ninguna cuestión respecto a la independencia y soberanía del Estado polaco; 4. El Gobierno del Reich está igualmente dispuesto a estudiar una solución aceptable y , si ello es posible, informar al gobierno inglés de la marcha de las negociaciones”.

Con esta aclaración, Adolfo Hitler aceptó emprender las negociaciones con Polonia de una manera inmediata, directa e igualitaria. Para juzgar los acontecimientos que luego tuvieron lugar es preciso preguntarse, sin embargo, cuándo y en qué forma cumplió el Gobierno británico con el deber, que él mismo se había impuesto, de comunicar esta proposición al gobierno polaco.

La misma tarde del 29 de agosto, comunicó por telégrafo al embajador Henderson la proposición alemana al Gobierno inglés. En el “libro azul” inglés consta que la comunicación de Henderson fue recibida en Londres a las 0:15. La primera reacción del Gobierno inglés fue un telegrama enviado a Berlín en el que se decía que era insensato esperar que un enviado polaco pudiera llegar a Berlín en un plazo de 24 horas. El 30 de agosto informó por telégrafo Henderson a lord Halifax acerca de la respuesta dada por Hitler a la objeción inglesa. Henderson transmitía la observación hecha por Adolfo Hitler de que de Varsovia a Berlín solo mediaban dos horas y media de vuelo. Por su parte, el embajador añadía, como comentario particular, que “el gobierno polaco debía morder la ácida manzana y comenzar inmediatamente las negociaciones con Hitler, aunque solo fuera para convencer al mundo entero de que estaba dispuesto a sacrificarse en poro de la paz…”.

Para no desdeñar el ofrecimiento hecho por Adolfo Hitler el Gobierno británico no hizo ningún caso del consejo de su embajador en Berlín. El Gobierno británico no cursó inmediatamente la nota alemana al Gobierno polaco, con lo cual, de una manera deliberada, invalidó la invitación alemana a las negociaciones. Es más: el Gobierno británico informó de los acontecimientos a su embajador en Varsovia, sir Kennard, pero le ordenó no comunicar al Gobierno polaco las proposiciones de Hitler antes de que recibiera instrucciones concretas de Londres.

Estas órdenes no figuran en el “libro azul” inglés y nadie, hasta hoy día, tiene noticia de ellas. Mi defensor en el proceso de Nuremberg intentó obtenerlas del Gobierno británico, pero todo fue inútil.

Un gran interés histórico tiene el paralelismo entre las instrucciones mandadas por el Gobierno inglés a su embajador en Varsovia y el hecho de que el mismo 30 de agosto se ordenara en Polonia la movilización general, lo cual, para el juicio en conjunto de los acontecimientos, es de capital importancia. Este hecho está en flagrante contradicción con el ofrecimiento de negociar directamente con Alemania.

La historia, a la que el primer ministro Chamberlain aludía en forma tan festiva en su discurso pronunciado el 1 de septiembre de 1939 en la Cámara de los Comunes, dirá si el Gobierno británico, mediante su negativa actitud respecto al deseo alemán de entrar en negociaciones y en virtud del deliberado retraso con que comunicó a Varsovia la proposición alemana, no agravó de una manera decisiva la crítica situación con los “buenos oficios”.  El Gobierno británico obró de una manera mucho más abierta de lo que, en esa naturaleza de procedimientos tácticos dilatorios, hubiera podido maniobrar. Así, por lo menos, se demuestra en el telegrama que, el 30 de agosto, a las 18:15 envió el embajador Henderson, y contra en el “libro azul” inglés.

En este telegrama se le ordenaba a Henderson que debía proponer al Gobierno del Reich que Alemania invitara a Polonia a celebrar negociaciones; cuando el día 28 de agosto, de una manera terminante y concreta, el Gobierno del Reich había contestado que estaba dispuesto a negociar inmediatamente con el Gobierno de Polonia.

Parece ser que el Gobierno británico terminó de redactar la nota al Gobierno alemán a últimas horas de la tarde del día 30 de agosto. El Gobierno británico puso al corriente de los hechos a su embajador en Varsovia y , solo entonces, le autorizó para que comunicara al Gobierno polaco la nota alemana. En este telegrama se evidencia, una vez más, la táctica dilatoria del Gobierno británico, en cuanto que en el mismo se aconseja al Gobierno polaco a que “sin demora… esté dispuesto” a comenzar las negociaciones directas. Este consejo, no fue dado para la pronta solución de la crisis, sino, como textualmente se dice que en el telegrama, “en vistas a la situación interior de Alemania y a la opinión pública mundial”. Con estas palabras “situación interior de Alemania”, según el testigo que compareció ante el Tribunal de Nuremberg, únicamente puede aludirse a la gran conjura que, con ayuda de Inglaterra, se había tramado para hundir al Gobierno alemán.

La respuesta alemana a la aclaración que Adolfo Hitler había hecho el 29 de agosto fue recibida en la embajada inglesa de Berlín el día 30, entre las veinte y las veintitrés horas. El embajador Henderson estaba citado conmigo a las vientres. Pero en vista de lahora en que llegó la nota inglesa, la entrevista no pudo comenzar hasta la medianoche. En el memorándum, que Henderson trajo consigo y me entregó, el Gobierno británico se desdecía del punto de vista adoptado por él dos días antes, es decir, el 28 de agosto; pues mientras en tal ocasión había afirmado que las inmediatas y directas negociaciones con Polonia eran “el paso que lógicamente había de darse” ahora, sin embargo, el Gabinete británico consideraba que si bien las negociaciones germano – polacas debían comenzar “con toda urgencia”, no por eso debían iniciarse “hoy mismo”, y que no deseaba que la discusión girara en torno al problema que originó las diferencias, sino acerca de la “toma de contacto y preparativos de las conversaciones”.

Al entregarme la nota británica, el embajador Henderson me comunicó verbalmente las instrucciones que le había dado su Gobierno y en virtud de las cuales se desprendía que el Gobierno británico no estaba dispuesto a recomendar al Gobierno polaco que aceptase las condiciones fijadas en la propuesta hecha por el Gobierno alemán. Lo único que el Gobierno británico podía hacer era recomendar, por vía diplomática normal, es decir, mediante entrega de sus proposiciones al embajador polaco, que los preparativos polacos para la ulterior negociación directa con Alemania se hicieran de acuerdo con él. Caso de que el Gobierno alemán aceptara estas proposiciones del Gobierno británico o estaría dispuesto a influir cerca del Gobierno polaco en el sentido de procurar una solución justa.


LA WEHRMACHT NO TENDRÍA OPOSICIÓN EN POLONIA


Le dije a Henderson que mientras nosotros nos dedicábamos al intercambio de notas confidenciales, el Gobierno polaco había preparado todo para ordenar la movilización general. Por otra parte le recordé que en Alemania se había estado esperando en vano la llegada de un enviado polaco y que por lo tanto no interesaba otra eventual proposición. Sin embargo, para hacer un ulterior intento en pro de una posible solución, le leí al embajador Henderson las propuestas alemanas, que Adolfo Hitler había dictado personalmente y que me entregó al tiempo que me daba concretísimas instrucciones, y se las expliqué una a una.

En su discurso de 1 de septiembre de 1939 Chamberlain dijo en la Cámara de los Comunes que aquella explicación fue dada a toda prisa. La afirmación de Chamberlain es muy chocante, puesto que como puede comprobarse en el “libro azul2 inglés, Henderson comprendió perfectamente todos y cada uno de los puntos de la proposición alemana, que luego transmitió con toda exactitud al Gobierno británico. En su libro de memorias “failure of a misión”, dice Henderson que tras nuestra conversación, es decir , a las dos de la mañana, se entrevistó con Lipski, el embajador polaco, a quién informó que la incorporación de Danzig a Alemania y el plebiscito respecto al Corredor constituían los puntos capitales de la proposición alemana. Añade Henderson que, en tal ocasión, aconsejó a Lipski que recomendara a su Gobierno un inmediato encuentro entre los mariscales Rydz – Smigly y Goering.

Al comunicarle a Henderson las proposiciones alemanas no me sobrepasé a mis atribuciones ya que cuando la visita de Henderson casi había pasado el plazo concedido por Alemania para una conversación respecto a Polonia; así, pues, mi obligación consistía en escuchar su informe y en comunicarle “un corto resumen” de las proposiciones alemanas para que él, a su ez, las notificara al negociador polaco.

Adolfo Hitler no me dio más instrucciones que éstas. Mi impresión era que el Führer tenía la esperanza de que Inglaterra cambiaría de actitud cuando se percatara de que Inglaterra cambiaría de actitud cuando se percata de que, a cusa de su firme decisión de recurrir al terreno militar, la situación era realmente gravísima. Esto era lo que Adolfo Hitler quería que entendieran los ingleses. La conversación fue sostenida, por parte de Henderson, de un modo descortés, y por mí, de un modo frío.

Al terminar mi entrevista con Henderson fui a la Cancillería para informar de la misma a Hitler. Le dije que Henderson había estado muy duro y que, a mi modo de ver, la garantía inglesa dada a Polonia desembocaría en el terreno de la fuerza. Le pedí autorización para entregar por escrito a Henderson lo que le había comunicado verbalmente. Adolfo Hitler rechazó mi proposición. Pero el día 31 de agosto, a través de Goering – Dahleus, hizo llegar el texto de la misma al embajador británico. Durante aquel día Adolfo Hitler estuvo esperando la llegada de un plenipotenciario polaco, y la tarde del 31 hizo que las proposiciones alemanas fueran dadas por la Radio. La respuesta de la Radio polaca fue una provocación.

El “libro azul” inglés testifica que a las 9.30 de la mañana del 31 de agosto recibió el Gobierno británico el informe de Henderson. Dado que Henderson habló con el embajador Lipski a las dos de la noche, no se comprende como tardó tanto en comunicar a su Gobierno acerca del contenido y el desarrollo de su conversación conmigo. Por otra parte, se ha comprobado que la mañana del día 31 de agosto el Daily Telegraph publicó la noticia de que durante la noche había tenido lugar una reunión del Gabinete británico en el transcurso de la cual habían sido estudiadas las proposiciones alemanas. Esta edición del periódico londinense  fue retirada y en su lugar apareció otra en la que no figuraba dicha noticia.


ESCUADRÓN DE CABALLERÍA POLACO


En todo caso, lo cierto es que el día 31 por la mañana las proposiciones alemanas eran conocidas tanto en Londres como en Varsovia, y que durante el transcurso de todo aquel día el Gobierno británico no hizo ningún intento para solucionar la crisis. Caso de una intervención inglesa, es seguro que incluso durante aquel día hubiera podido ser superada. Para ello únicamente hubiera sido necesario que el Gobierno de Varsovia autorizara a que su embajador Lipski se hiciera cargo de las proposiciones alemanas. Pero tampoco esto sucedió.

También el sueco Dahlerus declaró en Nuremberg que durante el día 31 de agosto el Gobierno británico no dio ningún paso para solucionar la crisis, a pesar de que sabía que, caso de no resolverse esta inmediatamente, la guerra era inevitable. Recuerdo que Adolfo Hitler me dijo que había probado el conducto Dahlerus para ver si, a través de este sistema, todavía existía una posibilidad de acuerdo. Al Führer le gustaba operar por medio de varios conductos y se comprende que, dada la gravedad de la situación, quisiera incluso echar mano de los medios no oficiales de negociación. De todos modos, Hitler no confiaba demasiado en Dahlerus, que Goering le había presentado. Desgraciadamente, las negociaciones de Dahlerus tampoco dieron resultado. Yo me hubiera alegrado muchísimo de que las cosas hubieran ido al revés de lo que fueron. Sea como fuere, hay que reconocer que si los ingleses hubieran deseado llegar a un compromiso lo habrían comunicado a Henderson o a Dahlerus, con más seguridad a aquel, que era su embajador en Berlín, y luego uno y otro se hubieran puesto de acuerdo.

Quienes interpretan esta acción bilateral como prueba de una supuesta rivalidad entre Goering y yo desconocen por completo la posición del Führer y la situación política alemana de aquel entonces. Goering deseaba tanto como yo encontrar una solución al problema, y precisamente la acción de Dahlerus evidenció que los ingleses no estaban dispuestos a otro tanto.

A las 18, 30 horas del día 31 de agosto recibí al embajador Lipski, quien me comunicó que el Gobierno polaco estaba de parte de la proposición inglesa y “que pronto” daría su Gobierno una respuesta al Gobierno alemán. Lipski añadió que no estaba autorizado a recibir ninguna clase de proposición ni a entablar ningún género de conversación. El mismo día, el ministro de Asuntos Exteriores polaco aseguró verbalmente al embajador Kennard, que el embajador polaco en Berlín no estaba autorizado a hacerse cargo de ninguna proposición alemana.


VARSOVÍA SE RINDE


Esa era la voluntad que para negociar demostraron los polacos a los tres días de haber afirmado el Gobierno británico que el Gobierno polaco estaba dispuestos a negociar inmediatamente con Alemania.

En su discurso parlamentario del 1 de septiembre, el primer ministro británico Chamberlain faltó a la verdad al afirmar que la noche del día 31 de agosto el embajador polaco me había vuelto a notificar que Polonia está dispuesta a negociar con Alemania “como respuesta a ello, sin decir palabra, las tropas alemanas cruzaron la frontera polaca durante las primeras horas de la mañana del día 1 de septiembre”. En realidad, sin embargo, entre aquellos dos acontecimientos, a las 21.15 de la noche del 31 de agosto, las emisoras alemanas dieron a conocer los 16 puntos de la propuesta alemana.

Al dar a conocer Alemania sus proposiciones a Polonia creó una nueva posibilidad para entablar negociaciones. Si el Gobierno polaco hubiera aprovechado aquella oportunidad, contestando a través de sus emisoras, todavía hubiera podido cambiarse el curso de los acontecimientos. En realidad la emisora de Varsovia, ya contestó, sin embargo, y esa contestación no figura en el “libro azul” inglés, a las 23 horas del 31 de agosto. Alemania, había esperado en vano la llegada del plenipotenciario polaco. La respuesta del Gobierno polaco estaba en manos del Ejército.

Esa actitud de Polonia únicamente puede ser comprendida si se tienen en cuenta dos importantes circunstancias que, en parte, se han hecho públicas en el Proceso de Nuremberg.

Primero, El Gobierno británico no solamente no hizo nada decisivo en Varsovia para solucionar el pleito germano – polaco, sino que comunicó al Gobierno polaco que en Berlín “no se deseaba” la visita del ministro de Asuntos Exteriores Beck; pues se tenía que a través de una entrevista, Beck y Adolfo Hitler llegaran a un arreglo pacífico de la cuestión.

Segundo, El embajador Lipski, informando de unos supuestos planes de determinados círculos de la oposición, opinaba que “al declarar Alemania la guerra sobrevendría un levantamiento militar que eliminaría a Adolfo Hitler, y el Ejército polaco tardaría seis semanas, a lo mas, en llegar a Berlín. Hoy se comprende que Lipski opinaba así, pues según las declaraciones de Gisevius en el Proceso de Nuremberg, el grupo de conjurados, entre los que había ministros, generales del Estado Mayor, generales, altos funcionarios y demás, había prometido a Inglaterra que no secundaría los deseos alemanes, sino que “permanecería firme”. Al sobrevenir la guerra “el ejército dejaría de obedecer a Hitler y con la ayuda de Inglaterra podría derrotar al nacional – socialismo y acabar con Hitler”. El día 2 de septiembre hizo Mussolini un intento para solucionar la crisis. Mussolini, en aquella ocasión, propuso la celebración de una conferencia internacional que debería tener lugar el día 5 de septiembre y cuyo objeto sería “la revisión de los acuerdos del Tratado de Versalles, que hasta la fecha habían sido la causa de la continua intranquilidad de la vida europea”. El duce manifestó que la conferencia podría tener lugar “si los ejércitos permanecían tranquilos”.


AVANCE ALEMÁN POR POLONÍA


Nosotros aceptamos la propuesta, y cuando Francia hizo otro tanto, durante algunas horas del día 2 de septiembre pareció que la paz todavía podía ser salvada. Únicamente el Gobierno británico rechazó, a través de lord Halifax, en un discurso que este pronunció la tarde del 2 de septiembre en la Cámara de los Lores, aquella última proposición de paz.

La declaración de guerra inglesa y francesa fue entregada en el Ministerio de Asuntos Exteriores la mañana del 3 de septiembre. El Führer las recibió sin decir palabra. A mi entender, contaba con ello.
Prueba de que el Gobierno británico consideró tanto la propuesta de Mussolini como la de Dahlerus como meras complicaciones es la anotación hecha el 10 de septiembre de 1939 por Chamberlain en su carnet, que dice así:

“Las últimas largas agonías que procedieron a la declaración de guerra, fueron en extremo insoportables. Deseábamos que las cosas se agudizaran todavía más; pero había en ello tres complicaciones: las negociaciones secretas que discurrían, bajo la orden de Goering y Hitler, a través de un mediador neutral; la propuesta mussoliana de una conferencia internacional, y los esfuerzos francés para retrasar lo más posible la declaración de guerra hasta que sus mujeres y niños hubieran sido evacuados y movilizados sus ejércitos. Así, pues, poco podríamos decir de una manera cierta y públicamente respecto al porvenir”.

Mi participación en la crisis polaca que acabo de historiar es tan clara, que ninguna persona en el mundo que se tome la molestia de comprobar los hechos podrá luego acusarme de haber trabajado en pro de la guerra. No tengo nada que ocultar a la Historia, y además sé que hice todo lo posible para sortear las dificultades de aquella crisis y  para encontrar, finalmente, una solución pacífica al problema. Tampoco oculté al Führer, las proporciones del riesgo que implicaba la acción que había emprendido. Al dar la segunda orden de marcha, a lo cual le obligaron las noticias militares de la movilización polaca, no creía Hitler que Inglaterra se mantuviera al margen del conflicto.

Como es natural, durante los días de la crisis, para apoyar la política del Führer, puse a disposición de este el Ministerio y el Cuerpo Diplomático, pues esta era la única posibilidad de que el enemigo se viera forzado a una situación comprometida. Con esta acción insegura o con una acción equivoca del Ministerio de Asuntos Exteriores, no se habría logrado que la parte contraria se hubiera adaptado a una posibilidad de paz.

El hecho de que, contrariamente a lo sucedido con la cuestión de los sudetes, no se hubiera podido llegar a una solución pacífica respecto al problema de Danzig y su Corredor, fue debido, por una parte, a que en este último caso Inglaterra estaba decidida air a la guerra, ya que no  deseaba que creciera el poderío alemán, y por otra, a que Hitler, caso de no atenderse a sus proposiciones, tampoco rehuía la lucha.

Se acababa de dar el último paso de lo que en un principio había comenzado con la alianza anglo – polaca. Inglaterra sabía que Polonia se valdría de aquella alianza para obrar con creciente brutalidad con Alemania, y concretamente, contra las fronteras de esta. Mediante la política de cerco desplegada por Inglaterra y a causa del chauvinismo polaco, el problema de Danzig y de su Corredor fue cargado con la dinamita que un día haría saltar por los aires la paz de Europa.


SOLDADOS ALEMANES TRASPASANDO LA FRONTERA CON POLONIA


No cabe hoy ninguna duda de que durante aquellos dos días de agosto Inglaterra tuvo la posibilidad de evitar la crisis, y con ella el peligro de guerra, haciendo una llamada a Varsovia. Y el hecho de que el Gobierno británico no lo hiciera demuestra de una manera evidente que Inglaterra estaba decidida ir a la guerra.

Nosotros ignorábamos por aquel entonces que en Londres se contaba con un grupo de conjurados alemanes, entre quienes por lo visto había militares y políticos, que hacían suponer una fácil victoria sobre Alemania. Ese grupo de conjurados desplegó una acción decisiva por lo que se refiere al hecho mismo de la guerra. Ellos sabotearon todos nuestros esfuerzos; especialmente los que hicimos durante aquellos dos días de agosto, para llegar a una solución pacífica del conflicto, y ellos fueron seguramente quienes acabaron de decidir la voluntad militar de Inglaterra.


EL EJÉRCITO ALEMÁN DESFILANDO POR VARSOVIA


La tragedia de Europa fue que a causa del problema de Danzig y su Corredor estallara la guerra entre Alemania e Inglaterra. Estoy seguro que Adolfo Hitler creyó que una solución pacífica de este conflicto hubiera sido tan provechosa para nosotros como para Inglaterra. Adolfo Hitler temía que el Este pudiera convertirse un día en una gran potencia que amenazara al mundo. Por esto, para conseguir una mejor posición estratégica, deseó aclarar las relaciones germano – polacas.