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sábado, 11 de octubre de 2014

EL INSTRUMENTO MILITAR QUE HEREDA FELIPE SEGUNDO


CURIOSIDADES:




El aparato armado de Felipe II es un ejercito formado en cientos de batallas y de gran prestigio, que aunque poco numeroso, en torno a unos 60.000 soldados, no más de 15.000 de ellos españoles que formaban los tercios viejos, se sirve para imponer la ley en Europa, contra los franceses, con los turcos, contra el duque de Clèves, así como la aguerrida Germania de la Liga de Schmalkalden. Por ello, es interesante resaltar su estructura, reclutamiento, armamento y su moral de combate.

Se puede afirmar que el ejercito está formado por una mayoría de mercenarios alemanes, italianos, flamencos, y fuerza de choque integrada por los tercios viejos, a la que se sumaban formaciones menores de caballería, artillería e intendencia. Pero, el aspecto sustancial que daba el valor añadido en las batallas es la minoría formada por los tercios viejos por lo que se va a tratar más profundamente.



UN TERCIO EN BATALLA


Los tercios viejos fundamentaban su superioridad en el campo de batalla por una serie de factores compuestos: potencia de fuego (arcabuces y luego mosquetes), maniobrabilidad ( permite actuar en pequeñas unidades como grandes bloques), cantera de duros soldados hechos a las marchas reclutados entre los pastores trashumantes, gran cuadro de oficiales de gran experiencia bélica ( campañas granadina, italiana junto al gran Capitán), confianza, moral y heroísmo.

La movilidad se conseguía por una eficaz articulación de sus cuadros. Cada tercio viejo estaba formado por doce compañías de 250 soldados con un capitán a su mando asistido por un alférez y un sargento. Así, pues un tercio constaba de 3.000 soldados, mandados por un maestre de campo. Y dos tercios viejos formaban una coronelía, y dos de éstas una división mandada por un capitán general. Como podemos ver un solitario tercio ya era una fuerza de choque importante, que podía usarse para guarnición en plazas importantes como Napoles o Milán, o para defender alguna zona como Herzeg Nova en Croacia. Una misma compañía podía operar, si era menester, como unidad independiente, exploración o como vanguardia de todo un ejército en una campaña. 







En cuánto a la potencia de fuego, se conseguía a través de un notable número de arcabuces, que con el gran Capitán, estuvo en una proporción de un tercio respecto a las picas, y con el Duque de Alba esta se elevó hasta la mitad, proporción hasta diez veces más grande que los otros ejércitos. El duque de Alba, introdujo en 1567 en la campaña en los Flandes entre los tercios viejos el mosquete por el arcabuz, con lo que el alcance del tiro aumentaba, ya que el primero sólo llegaba hasta los 50 metros. Por el contrario, el peso del mosquete era mayor, por lo que el mosquetero se debía de auxiliar mediante una horquilla para afianzar el arma al disparar, por lo que estos eran corpulentos. Este armamento, por ventura, se fabricaba en España, tanto las de fuego como las armas blancas ( espadas, picas), al menos en lo que respecta a la infantería. La industria se concentraba en Euskadi, sobretodo en Guipúzcoa en enclaves como Eibar, Placencia y Elgoibar. Se sabe a través del archivo de Simancas que en 1535, el emperador Carlos V afronta su tercera guerra con Francia, un hombre de empresa vasco, un tal Antón de Urguizu, tenía ya 2.000 arcabuces, preparando otros 4.000, más 6.000 picas, suficiente para 3 coronelías. Así tal es el testimonio de la emperatriz Isabel a Carlos V en el 4 de diciembre del mismo año que nos dice que “En lo de los arcabuces y picas, scrive Antón de Urguiçu que tiene hechos dos mil arcabuces, con sus adreços, del asiento de Barcelona; y los otros dos mil medio hechos y las picas acabadas, y que para el tiempo que es obligado, y antes, los porná en Málaga. Y también acabará este ivierno el otro asiento que aquí mandé tomar con él de otros dos mil arcabuces y seis mil picas…”.



SOLDADOS DE LOS TERCIOS


Se debe insistir que los ejércitos estaban integrados por soldados de diversas nacionalidades, así si tomamos las memorias de Carlos V la campaña en la Germania estuvo formada por 51.000 infantes, y sólo 10.000 españoles, dos coronelías siendo superados ligeramente por los italianos y triplicados por los alemanes. Eran escasos efectivos pero de gran valía. Para ello se puede rescatar algún testimonio de la época como el de Fernando de Austria que pedirá continuamente a su hermano, el emperador, que le envíe, aunque sean pocos soldados españoles, para la defensa de la frontera con el imperio turco. Y el propio padre de Felipe II le dice a este “…tener siempre alguna gente española en Italia..” para defender esta en las instrucciones de 1548.


EL RECLUTAMIENTO DE LOS TERCIOS VIEJOS

La cantera de los tercios viejos provenía, principalmente, de la Corona de Castilla. El tambor del sargento reclutador, según el archivo de Simancas, resonaba en las dos mesetas, en Extremadura y en la Alta Andalucía, aunque también algún contingente provenía de la Asturias rural. Pero su foco más importante era el de la tierra de los pastores trashumantes, ya que esos pastores eran los que se convertían en fieros soldados y en duros conquistadores. Así, tenemos algún que otro ejemplo.

En 1548, hasta cuatro capitanes; Francisco de Zapata Osorio, Álvaro de Grijalba, Diego Alvarado y Andrés Palomo, tenían órdenes de reclutar en zonas concretas y el número de las levas:

Guadalajara, Madrid y Alcalá
250
Salamanca y Plasencia
450
Marquesado de Villena
450
Ávila, Villacasín y El Espinar
150
Cuenca y Huete
250
Principado de Asturias
300
Total
1.850

La documentación nos da información sobre un tipo de ejército a mitad de camino entre el medieval y el moderno debido a que en Asturias los reclutas debían ser pagados por las villas del principado, pues aunque estos se integran en los tercios viejos, su paga no corre siempre a cargo de la Corona. Estas levas son los soldados nuevos que el consejo de guerra les daba un período de integración, internándolos entre los veteranos de los tercios viejos de Italia. Los tercios viejos también cobraban su paga, pero esta era menor que la de los mercenarios alemanes y suizos, y a diferencia de estos, los tercios sólo servían al rey de España y al patriotismo, ya que rechazaron cobrar su paga en la campaña de Nápoles, en 1528 para que fueran abonadas a los mercenarios. 


LA CABALLERÍA

En tiempos de guerra se prohibía la exportación de caballos, en especial los andaluces que eran los más apreciados. Sin embargo, esta se consideraba inferior a la francesa. La caballería pesada francesa era temida en la época de Carlos V por él. Así la documentación nos muestra el siguiente testimonio “Y si os quiere mover guerra ne la parte de Italia tenéis el dicho Estado de Milán fortificado… y se podrá defender del primer ímpetu, que es lo más se debe temer del francés…”. Se dirigía su hijo, Felipe II. Y el primer ímpetu es referencia a la acometida con la cuál comenzaba el ejército francés sus acometidas con la caballería pesada. Por contraste, la caballería imperial estaba formada en exclusiva por flamencos y alemanes. De hecho en un recuento realizado en 1548, tenemos 7.000 flamencos y 3.000 alemanes, por ningún español. Y tampoco poseía la monarquia española, caballería ligera, para ello debía de reclutar húngaros y croatas, como ocurrió en la guerra contra la Liga de Schmalkalden. 




INSTRUMENTAL DE UN CABALLERO


Las funciones de la caballería pesada era foguearse en el pleno del combate, mientras que la ligera tenía como funciones, la exploración en las marchas del ejército, perseguir al enemigo y consumar la victoria.

A pesar de lo dicho, la caballería sufrió una modernización en su armamento, se les dotó de armas de fuego, y con éstas pudieron sorprender a su enemigo que no lo esperaba y conseguir la victoria en 1544 en la campaña de Paris como recuerda Carlos V en sus memorias “Y así, pasando por Vitry, S.M. se asentó junto a Chalons en la Champagne, donde tuvo algunas buenas escaramuzas, en las que los franceses no ganaron nada ni quedaron muy contentos de los pequeños arcabuces de los alemanes a caballo…”.






ARTILLERÍA

La artillería, en una gran parte, no era española sino que se tenía que acudir a la industria alemana. De hecho, en la guerra que tuvo que afrontar Carlos V con la Liga Alemana fueron tomadas buena artillería a los luteranos, que fue enviada a España y el Milanesado para proteger las fronteras contra los franceses. Aunque existían fundiciones en San Sebastián, Barcelona, Sevilla y Burgos, estas eran muy inferiores a las alemanas. No obstante, a igual que la caballería hubo importantes mejoras tecnológicas en la artillería como prueba de estos fueron los artilleros españoles los primeros en emplear en la época un nuevo proyectil, la bomba, cuya invención se atribuye al fundidor español Simón, y que fueron empleadas por primera vez por Alejandro Farnesio en las campañas en los Flandes. Así como, otro invento que fue empleado por primera vez fue la llamada “bala de iluminación”, un sencillo dispositivo formado por una bala envuelta en estopa que, en caso de prenderse, iluminaba el campo enemigo, permitiendo conocer la disposición y sus posibles intentos nocturnos.

También, se puede sumar a esto, que fue, Pedro Navarro, el primero y más importante ingeniero de minas y contraminas, que fue una novedad en ese siglo.

Existían dos tipos de artillería: la pesada, que era empleada para batir murallas enemigas, y la de campaña o ligera. Se debe señalar que la de verdad eficaz era la primera, pues la ligera aún no había alcanzado un grado de eficiencia para que fuera decisiva en las batallas. Si bien, incluso la pesada distaba de mucho valor como afirmaba Carlos V en sus Memorias “… y por la gracia de Dios, la dicha artillería no hizo gran daño.. “ en la campaña de 1546 cuando según dijo recibió unos 900 tiros de artillería gruesa sin contar con abrigo alguno.

Por lo tanto, se puede afirmar que este instrumento armado permite a la Monarquía española imponer su ley en Europa. Y como reconocimiento a los veteranos de guerra que regresaban impedidos y viejos a España tras largos años de servicio existía la ayuda de la Hacienda Real como muestra una cédula de 9 de septiembre de 1555 a favor de los soldados que hubieran servido más de 10 años y siendo pobres, y sus bienes raíces no fueran superiores a 400 ducados y estuvieran viejos o impedidos, cobraran la tercera parte de sus pagas. En definitiva, tenían derechos a una especie de paga de jubilación.







Es interesante comentar, por el contrario, que el estilo de comandancia de Felipe II con respecto a su padre fue diferente. Así, Carlos V era el emperador de la cristiandad, con lo que se atribuía ciertas responsabilidades como era acometer empresas con carácter de cruzada contra el Turco, con ciertas semejanzas con la conquista de Granada. Esta empresa le lleva a liderar su ejército siendo el primero de los soldados en batalla. Los soldados de los tercios viejos al verlo en batalla se enardecían y aumentaban su moral de tal forma que se veían arrastrados a realizar hazañas heroicas como tomar las consideradas inexpugnables fortalezas del duque de Clèves en 1543 al asalto, así como en el 1547 cruzar el río Elba semihelado con las espadas en la boca para tomar al enemigo apostado en la orilla contraría y conseguir la victoria en Mülberg.

En cambio, el estilo de dirección de Felipe II era delegar en sus generales la dirección de la batalla, que se puede pensar que es una acepción moderna pero en aquellos tiempos el estilo de las monarquías autoritarias era que el pueblo admitía ese absolutismo siempre y cuando, asumiera el primero sus deberes como gobernante, viendo en él un alcalde que impartía justicia y el gran Capitán de los ejércitos para defender el reino. 


LA MARINA

En esos tiempos estaba en germinación y la Monarquía solo tenía la necesidad de defender sus costas del Mediterráneo de los asaltos de los corsarios berberiscos y la guerra contra Francisco I de Francia y de mantener rutas abiertas en sus dominios en Italia. 



GALERA EN TIEMPO DE CARLOS V


Para ello la Monarquía tendrá en servicio cierto número de galeras, que vigilaban el levante español o prestaban protección a las naves que pasaban de España a Italia. Existía una gran partida para financiar por parte de la Hacienda a estas galeras comandadas por un general de la Mar, pero debido al alto coste sólo llegaba a un par de docenas de galeras, cifra muy inferior a la marina turca. Por esto, Carlos V se vería obligado a pedir auxilio a la marina genovesa de los Doria para acciones de defensa. Para proyectar una ofensiva se veía obligado a pactar con otras potencias cristianas, como fue la Santa Liga en 1538 con Venecia y el Vaticano.