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sábado, 21 de febrero de 2015

ENOC ¿EL PRIMER ASTRONAUTA?

MISTERIOS DE LA HISTORIA:





Se dice que un escritor judío fariseo escribió por el siglo II a.c un libro, el libro de los Jubileos, que fue hallado entre los fragmentos del Mar Muerto una parte de él. En este libro se relata que durante unos 300 años Enoc aprendió los secretos del Cielo y la Tierra de los bene Elohim, es decir, los hijos de los dioses. Este hijos de los dioses fueron aquellos gigantes que descendieron a la Tierra ávidos de la compañía femenina. En el libro que se atribuye a Enoc son los llamados vigilantes, un grupo de ángeles. Pero acaso sois tan ingenuos de pensar que estos hijos de El, el dios toro semita, son pastores llegados a Canaán de origen hebreo, altos y extranjeros a esa tierra allá por el año 1900 a.c y que mantuvieron contacto mediante matrimonios con las mujeres del lugar a las que se les atribuye también la labor de agricultura, adoradoras de la diosa madre que simbolizaba la Tierra, y además realizaban orgías rituales y prostitución premarital. Falso. Hemos de adentrarnos en el mito ugarítico según el cual el dios El sedujo a mujeres mortales y pudo engendrar dos hijos con ellas, Shahar y Shalem. En realidad fueron uniones entre personas de la realeza y gente de la plebe; como la actual unión entre Felipe VI y Letizia Ortiz. Pero llegó un momento que el judaísmo receló y rechazó esto al suscribir que Yahvé nunca se casó o asoció con mujer alguna, por tanto, un rabino Shimon Ben Yohai a través de su texto “Génesis Rabba” que esto era una blasfemia. Hasta el siglo II la interpretación de los hijos de los dioses era habitual, pero después se les dio la interpretación de “hijos de los jueces” y por tanto, no dioses.


ENOC VIAJÓ AL ESPACIO?


Después se quiere hacer pasar a este Enoc como ayudante del mismo Dios Iahvé y patrono de todos los niños que estudian la Toráh. Y donde se convirtió, según el Sefer Hejalot, el midrás sobre los secretos del Cielo, en comunión con el libro de Enoc, en el principal consejero de Iahvé Elohim y fue llamado Metatron, el cercano al trono. Del mismo dios recibió la corona sobre su cabeza y obtuvo las 72 alas y numerosos ojos. La carne de Enoc fue transofarmada en llama, los tendones en fuego, los huesos en ascuas, los ojos en antorchas, el cabello en rayos de luz, y fue envuelto en tormenta, torbellino, trueno y rayo. 

Enoc según el Génesis fue un hombre justo que vivió 365 años, y que fue llevado por Iahvé sin que muriera. El inventor de los libros y la escritura. Los griegos le llamaron Hermes Trimegisto, el gran arquitecto y formulador de leyes. Instruyó a los hombres en el zodiaco y el curso de los astros, y dio a los hombres el nombre de los Elohim para adorarlos e instauró los rituales a seguir, así como otras leyes de convivencia entre los hombres. El Islam le dio el nombre de Idris.

En todo caso en el libro de Enoc hay algunas descripciones muy interesantes que nos relata un escenario que a la luz de nuestro actual conocimiento nos permite vislumbrar una realidad oculta a los hombres del pasado: podría ser Enoc ,o el personaje protagonista del relato sea Enoc u otro diferente, el primer hombre o uno de los primeros hombres en dejar el planeta Tierra por medios tecnológicos afines a los que usamos la actual humanidad para llegar a la Luna o a cualquier estación internacional espacial. Un misterio. Tal vez sean esos relatos como dicen los exégetas simbolismo de carácter oriental muy dado a edificar una estructura de elementos barrocos en sus escritos, o sin embargo, las descripciones de Enoc pueden corresponder como defienden los teóricos de que en un pasado más o menos remoto nos visitaron criaturas del exterior. Sea lo que sea; así nos relata el tal Enoc: 

“Me condujeron entonces a los cielos. Yo entré hasta detenerme frente a un muro, que parecía hecho de sillares de cristal y estaba rodeado de lengua de fuego. Al verlo sentí temor, pero atravesé las lenguas de fuego y me vi ante un gran palacio hecho de cristal labrado. Las paredes de aquél palacio semejaban un suelo embaldosado de placas de vidrio y el piso era también de cristal. El techo era como el firmamento de las estrellas y los rayos, habitado por querubines de fuego, y la cubierta parecía como de agua. Un océano de fuego rodeaba a las paredes, y las puertas también ardían de resplandor. 

Luego llegué a otro palacio o morada, más grande que el anterior. Todas sus puertas estaban abiertas de par en par. Era algo nunca visto en magnificencia, lujo y grandeza. El suelo era de fuego, los cielos rasos de rayos y círculos de estrellas, y el techo de vivas llamaradas. Allí divise un trono muy alto. Parecía como constelado de rocío y relucía todo alrededor como el sol a mediodía. Por debajo del trono brotaban torrentes de llamas, y no se podía mirar de frente. En el trono estaba sentada la gran majestad; sus ropas relucían más que el sol y eran más blancas que la nieve pura. Diez mil veces diez mil dignatarios la rodean, y tiene poder para hacer todo lo que le place. Y los que se hallan a su lado no se apartan de ella ni de día ni de noche, no se alejan un punto. 


LA GRAN MAJESTAD SE PUDO PARECER A ESTA ESTATUILLA


Entonces me sacaron de allí y me condujeron a otro lugar. Vi los parajes de las luces y los pañoles  que guardan los rayos y los truenos. Vi el nacimiento de todas las aguas de la tierra y el nacimiento de los abismos.

Vi el sillar fundamental de la tierra, y vi los cuatro vientos que sustentan la tierra y la fortaleza del firmamento. Vi los vientos del cielo que sustentan y mueven el disco del sol y todas las estrellas. Vi los vientos que arrastran las nubes sobre la Tierra; vi los caminos de los ángeles, y en el confín de la Tierra vi la fortaleza del firmamento sobre ella.

Vi un abismo insondable con columnas de fuego celestial, y vi que las columnas de fuego caían hacía abajo y no podía sondearse su profundidad ni su altura. Después de este abismo vi un lugar donde no existía la fortaleza del firmamento, ni la tierra firme abajo, ni el océano. Allí no alentaba ni siquiera un pájaro; era un lugar desierto y temeroso. Allí vi siete estrellas como siete montañas terribles. Cuando pregunté que era aquel lugar, el ángel me dijo: “Este es el confín donde terminan el cielo y la Tierra.”.

Y pasé adelante hasta llegar a un lugar donde no había nada. Allí vi algo terrible; ni cielo arriba ni tierra abajo, sino el vacío de la nada. Y había en él un fuego que llameaba, inextinguible, y aparecía cortado por abismos sin fondo en donde se precipitaban grandes columnas de llamas.

Allí mis ojos vieron los secretos del rayo y del trueno, los secretos de los vientos que se distribuyen sobre la Tierra, y los secretos de las nueves y del rocío. Allí vi de donde parten y como se satura desde aquel lugar el polvo de la tierra.

Luego me fueron mostrados todos los secretos de los rayos y de los truenos, que se desencadenan para fecundar la Tierra.

Pues se hallan establecidas las leyes del trueno y de la duración de su fragor. El rayo y el trueno nunca van separados, antes al contrario, van juntos y no se pueden separar, y donde resplandece el rayo deja ori su voz el trueno, habiéndolo dispuesto así el espíritu. 

Vi las estrellas del cielo y vi que él designaba a cada una por su nombre. Y luego, vi que eran pesadas con una balanza justa según la intensidad de su luz, según la amplitud de sus espacios y el día de su aparición. 

Tal día sale el Sol de aquella segunda puerta y se pone por el oeste; regresando al este sale de la tercera puerta 31 mañanas y se pone por el oeste. En tal día disminuye la duración de la noche y se divide en nueve partes, y el día también cuenta nueve partes, y la noche se iguala con el día, y el año cuenta exactamente 365 días. La duración del día y de la noche, y la brevedad del día y de la noche, en sus diferencias obedecen al movimiento de la Luna. Por lo que respecta a esa luminaria pequeña que se llama Luna, su orto y su ocaso varían cada mes. Sus días son como los días del Sol, y cuando su luz está completa viene a ser la séptima parte de la luz del Sol, y sale entonces. En la primera mitad nos muestra 1 / 7 y el resto del disco vacío y sin luz, excepto 1 / 7 y 1 / 14 de la mitad de su luz”.


IMAGEN TOMADA POR EL SATÉLITE METEOROLÓGICO GOES 12 DONDE SE APRECIA EN FILTRO VISIBLE LA DISPOSICIÓN DE LAS BORRASCAS "EL SECRETO DE LOS VIENTOS"


¿Fue lo anterior la participación de Enoc en un viaje espacial empleando comparaciones que le permitía su vocabulario para que sus contemporáneos pudieran entender lo que relataba? ¿Podríamos pensar que un módulo de aterrizaje despega hacia el encuentro con una nave nodriza? ¿Podría Enoc estar espantado y asombrado ante ello? Se podría pensar que el casco de la nave estaba provisto de un revestimiento antitérmico exterior parecido al cristal visto en los templos de su tiempo. Es decir, aquello que se parece a…Las lenguas de fuego parecen toberas de cohetes para el despegue en funcionamiento. El interior de la nave podría estar hecho de materiales análogos a los del casco. El techo podría ser el firmamento visto desde una escotilla y su cristal refractario, cuya transparencia deja ver las estrellas. El mar de fuego que rodea la nave podría ser la intensa luz solar no atemperada por ninguna atmósfera, que está bañando el escudo exterior refractante del casco. 

Por otra parte, el vestido común de la gente de Enoc era basto, pero el de gran majestad; Iahvé, es reluciente como el sol y más blanco que la nieve. Podemos recordar el traje espacial actual. Enoc describe el nacimiento de todos las caudales de la Tierra; describe la tierra de nadie en la alta atmósfera, dónde no llegan los pájaros, la zona mortal donde desaparecen los horizontes: “el confín donde terminan el cielo y la tierra”. 

Sabemos que el trueno se produce por la súbita dilatación del aire al aumentar la temperatura de este por efecto del rayo, y se propaga a 333 kilómetros por segundo. Por lo que la “duración de su fragor” está estimada por las leyes. Añadamos que “los pañoles que guardan los rayos” pueden referirse a las descargas en forma de chispa, que son los relámpagos; entre las nubes de diferente carga eléctrica se forman unos canales de ionización. Solo cuando estos canales interceptan un accidente del suelo, y otro frente de nubes electrificado, se produce la descarga principal y las llamadas “columnas de llamas celestiales”. Hasta que esto ocurre parece que el potencial del rayo se encuentre almacenado en un pañol.