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sábado, 18 de abril de 2015

TENOCHTITLÁN

 CURIOSIDADES:




Hubo un pueblo que fue elegido por su Dios dándole instrucciones de abandonar el lugar en donde residía para ir a una “tierra prometida”. Este Dios acompañó a aquel pueblo en su éxodo, haciéndole conocer el camino, y cuatro de aquellos que pertenecían a ese pueblo portaban con ellos un arca que servía para ponerse en contacto con Dios. Y no hicieron el camino en línea recta sino que fueron dando tumbos durante años y más años, se vieron obligados a guerrear con todos los pueblos que se encontraban por su camino, y que al llegar a la tierra prometida, exhaustos, lo primero que hicieron fue levantar un templo por orden de ese Dios, y nos referimos con esto no al pueblo hebreo como imaginarán sino al pueblo mexica.


RECINTO CEREMONIAL DE TENOCHTITLÁN


En un pasado mítico del pueblo azteca, que por orden de su Dios Huitzilopochtli, cambiaron su propio nombre por el de los mexicas, es oscuro, pero tiene un éxodo parecido al de los hebreos. Puede ser un paralelismo  casual o bien una interpretación que dieron los misioneros españoles al conocer poco a poco su historia y la emparejaron en gran medida con la del pueblo hebreo exagerando estas semejanzas, pero es posible que el Dios de los mexicas usara una técnica similar a la empleada por Yahvé con el pueblo hebreo. En todo caso, y atendiendo a la tradición, el pueblo mexica dejó su lugar de origen, Aztlán, en el año 1168, para comenzar aquello que se ha llamado “la gran migración”.

Existe el Códice Boturini donde vienen reflejados una serie de ideogramas que apuntan el suceso. En su parte izquierda, la salida de la isla; a su derecha, las ocho tribus encontradas en “el cerro Colhuacán”, las que iniciaron el éxodo; y en su centro se puede ver, la cueva de una montaña, en donde Huitzilopochtli, lo podemos encontrar de forma esquemática representado dentro de un arca de espadañas, dándole instrucciones sobre su éxodo. En un lado de la montaña, un glifo con una fecha, el uno cuchillo de pedernal, correspondiente al año 1168. Aztlán no tiene nada que ver con la legendaria Atlántida; y significa en azteca “el país del color blanco”, o país del alba o del norte, que alude al amanecer, a los primeros tiempos. Otros han traducido la palabra Aztlán por “junto a las garzas”. No se sabe a ciencia cierta dónde estaba situado; unos piensan que en el sur de los Estados Unidos y otros en la isla de Janitzio, en el mexicano lago de Pátzcuero. En todo caso, el éxodo duró unos 200 años hasta llegar a la tierra prometida.


RECREACIÓN DE TENOCHTITLÁN


Su Dios los guió en forma de una gigantesca águila. Hubo jefes mexicas que optaron por establecerse en Coatepec y no continuar con el éxodo, como contestación el intolerante Dios Huitzilopochtli los mató arrancándoles el corazón. Y este Dios se comunicaba con sus elegidos: “…traían un ídolo que se llamaba Huitzilopochtli, el cual traía cuatro ayos que le servían, a quienes él decía muy en secreto todos los sucesos de su itinerario y camino, avisándoles de todo lo que les había de suceder. Y era tanta la reverencia y el temor que a ese ídolo tenían, que otro ninguno de ellos, no le osaba tocar ni llegar. El cual venía metido en un arca de juncos, que hasta el día de hoy no hay quien sepa ni haya visto de estos naturales, la forma de este ídolo”. “…divisaron un tunal y encima de él, un águila, con las alas extendidas hacia los rayos del sol, que tenía en las uñas un pájaro hermoso de plumas resplandecientes”.  En todo caso esa era la señal según les fue avisado por su Dios como el fin de sus penalidades; la llegada a la tierra prometida. Y donde se posó el águila, lo mexicas lo escogieron como su lugar de residencia y se pusieron a edificar una ciudad. Hoy los restos de esa ciudad están en una gran proporción enterrados por otra gran ciudad; la ciudad de México D.F.

Corría el 21 de febrero de 1978; unos obreros de la compañía de electricidad rompieron el cemento de la calle para realizar una obra. Después de haber excavado unos dos metros, toparon con una piedra labrada que les impidió proseguir con sus trabajos. Esta piedra resultó ser un monolito de más de tres metros de diámetro, con una mujer hecha pedazos en bajo relieve. Así, comenzó a salir la vieja ciudad enterrada, edificada en medio de la isla, en medio del lago Texcoco, y que según los cronistas de la época, fue digna de admiración, su centro de ritual, donde se alzaban templos y pirámides. Allí se podía encontrar el templo mayor, para Tlaloc y Huitzilopochtli, y los templos de Tezcatlipoca y del poderoso Quetzalcóalt. Desde ese centro espiritual se controlaba la vida espiritual y social de las gentes de Tenochtillán. En los mercados de esta ciudad se podían encontrar todo tipo de productos agrícolas, llegados de tierras conquistadas, y mercancías labrados por artesanos; tejidos de maguey, algodón, talabartería, cerámica pintada, espejos de pirita, escobas, cestos… En los ordenados puestos de los mercados se agolpaba un gentío multicolor que usaba semillas de cacao como moneda, vigilados por la policía, que impartía justicia rápida y contundente.

Esta ciudad era la capital de un imperio. El pueblo mexica pasó de ser tributario de los tepanecas, que gobernaban la zona cuando llegaron, a ser los conquistadores y tener bajo su yugo a unos 350 pueblos de los que recibían cuantiosos tributos. Debieron disponer de un poderoso ejército, en constante guerra, para sofocar rebeliones. Fue por ello un pueblo guerrero y la guerra su actividad más importante. Y es que se imprimaron de carácter sumamente guerrero de Su Dios principal, Huitzilopochtli, el que nació mediante concepción milagrosa, de Coatlicue, la diosa de terrible aspecto, cuya cabeza está formada por un par de serpientes, la diosa del collar de manos y corazones, la de la falda de serpientes, vestida con todo el simbolismo que en la cultura mexica corresponde a la Diosa madre tierra en su función generadora. Según los mexica, ella ya tenía 400 hijos cuando quedó encinta de Huitzilopochtli; y los 400 instados por Goyolxauhqui, querían matarla por tan dudosa embarazo, pero el Dios Huitzilopochtli, nacido ya armado, se vengó de sus hermanos. La primera que va a conocer su cólera fue Goyolxauhqui, a la que corta la cabeza con una serpiente de fuego y después arrojó su cuerpo por la ladera de un monte despedazándose en su trayecto. Esta escena es lo que encontraron en 1978 los trabajadores de la compañía eléctrica; una gran losa circular con la imagen descrita. 

Las obras dieron con el mismísimo templo mayor de Tenochtitlán, la antigua capital de los aztecas mexicas. Un templo doble, que fue dedicado a Huitzilopochtli, el Dios del sol y la guerra; y a Tlaloc, dios de la llovía, de la tierra fecundada por las aguas. Con dos santuarios reservados a los sacerdotes, que se accedían por dos escaleras independientes. El templo era cubierto por otro nuevo cada 52 años, que se construía conservando como núcleo el anterior.


SACRIFICIO RITUAL MEXICA O AZTECA


El templo doble era dedicado a dos dioses distintos pero a su vez complementarios. Es un principio constante en todas las religiones; una figura masculina solar masculina y generadora de vida, y otra femenina, lunar, acuática, como el germen de la vida. El templo mayor de los Mexica fue el verdadero centro espiritual y social. Fue un escenario de cruentos sacrificios y cuyas escaleras se cubrieron una y otra vez de la sangre derramada de los mejores guerreros capturados. Y esta sangre iba a alimentar a los dioses. Esto representó el convenio entre el Dios y los mexica que implicaba un continuo sacrificio de victimas para continuar la expansión del imperio. Los cráneos eran atravesados por las lanzas de los Tlompantli a millares. Se colocaba la espalda de la victima sobre la piedra del sacrificio, y cuatro sacerdotes sujetaban sus piernas y brazos de forma que el abombado pecho quedase accesible al cuchillo que manejado con destreza por el sumo sacerdote daba un gran tajo que dejaba al descubierto el corazón para ser a continuación arrancado. Si la víctima había demostrado hasta el momento un gran arrojo en la lucha, era objeto de importantes atenciones hasta que llegaba el momento de la ejecución; no en vano esta víctima era el alimento para los dioses. Y también, cómo no, su uso era la justificación de dominación social hacia la expansión. Antes, otras culturas como la olmeca y la maya, realizaban sacrificios simbólicos, pero a partir de los olmecas esto cambió. Ejecuciones rituales que los aztecas llevaron a su nivel más obsceno.

Después llegaron los conquistadores españoles acabando con un etapa histórica y comenzando otra. Los aztecas o mexicas, desnudos de ciencia y cultura fueron incorporando en su marcha la filosofía y el arte de los pueblos que fueron conquistando. Apenas dejaron nada a Mesoamérica excepto un orden social impuesto con fuerza, pero sus templos, sus esculturas, su cosmogonía… posee el sedimento de las gentes anteriores a ellos que florecieron en ese lugar del mundo; las gentes que edificaron Teotihuacán; los mayas, que dieron lugar a una selva con templos y relieves prodigiosos; los olmecas, que trabajaron la piedra y la elevaron a la condición de legado áureo.