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martes, 18 de marzo de 2014

EL ORIGEN DE LOS CELTAS


Los celtas no formaron un grupo único, sino que eran de características físicas, comportamientos y costumbres muy heterogenias. No obstante, si que tuvieron una raíz común: unos ganaderos, cazadores, agricultores y comerciantes que forjaron la idea de organización de una sociedad ideal sin la pérdida del concepto del heroísmo. También, se puede señalar otro factor en común como era su adoración a unos dioses relacionados con los bosques, a los que llegaron a ofrecer sacrificios humanos. A lo largo de su época más gloriosa tuvieron una gran influencia en Europa. Como eran unos buenos herreros y forjadores, llevaron estas técnicas al norte de los Alpes y el suroeste del continente. Así en la península ibérica o en la Galia, los campesinos usaron arados y guadañas de hierro, tras invasiones con fuerza o amistosas a estas tribus extranjeras. También, mejoraron los carros tirados por bueyes porque montaron la llanta sobre el aro de la rueda en el momento que era sacada de la fragua. Los celtas a la par que aportaban nuevos elementos hacían suyos los de otros pueblos que con el tiempo daría paso a nueva  cultura.


Exposición: El mundo de los celtas, centros de poder y los tesoros del arte que tiene lugar en el Landesmuseum Württenberg de Stuttgart.


UNETICE

En torno al 2200 A.c. surgen en la península ibérica núcleos humanos importantes que fueron conocidos por los historiadores con el nombre de “pueblos del vaso cuneiforme”, debido a la forma acampanada que daban a las copas de arcilla que realizaban. Se les supone que conocían técnicas para trabajar el cobre. Esta cultura se movió al centro y al este de Europa donde se mezcló con otros pueblos que dio al nacimiento a lo que se conoce como la civilización de Unetice. Los trabajadores del metal de esta cultura se beneficiaron del lugar geográfico que ocupaban para establecer bases comerciales con Italia, hacía el norte acceso a las tierras del Báltico. Hacía el sudeste conexión con el Mar Negro, hacia noroeste hacia las islas Británicas. En estas rutas se transportaron objetos de bronce, estaño y cobre toscamente fundidos, que cambiaban por el oro de Irlanda, el estaño de Cornualles o las pieles y ámbar del Báltico. A pesar de esta riqueza, las gentes de Unetice vivieron con sencillez. No construyeron grandes ciudades sino que vivieron en pequeños núcleos fortificados con empalizadas de madera y rodeados de campos de cultivo y de pastos para el ganado.

Constaban de una estructura tribal compuesta por jefes y guerreros que adoptaban decisiones y organizaban los trabajos más importantes. Los artesanos eran un grupo muy importante, estaban eximidos del trabajo militar y las labores del campo debido a que aportaban mucha riqueza al grupo. Conforme se iban trasladando al oeste de Europa se fueron dividiendo en clases sociales. Esa clasificación fue típica en las sociedades célticas. Por ejemplo, los jefes tendrían derechos de gobernantes, responsables de la seguridad y del bienestar del pueblo. No fueron dictadores, tenían en cuenta la opinión de los druidas y los guerreros más destacados. 


Vaso campaniforme de Ciempozuelos, arcilla negra, pulimentado con una capa de barro fino, y decorado con motivos geométricos incisos rellenos de pasta blanca; en el Museo Arqueológico de Madrid.


CULTURA DE LOS CAMPOS DE URNAS

Todo lo anterior hace creer que los celtas surgieron a partir de Unetice. Así, hacia el 1250 A. c. comenzaron a extenderse por todo el oeste europeo. Ahora los historiadores, arqueólogos le dieron un nuevo nombre “la cultura de los campos de urnas” debido a su nueva costumbre de guardar las cenizas de sus muertos en urnas. Este pueblo debió ser muy activo, ya que eran seminómadas. Estaban un cierto tiempo radicados en un lugar, para obtener cosechas y criar ganado. Sus artesanos perfeccionaron los trabajos de forja y carpintería. Realizaban hoces, armaduras, guadañas, cascos, espadas de bronce y otros útiles, con una gran belleza de forma y de gracia, y de muy bellos dibujos. Cuando los asentamientos eran muy prolongados, debido a que el suelo ofrecía de dos a más cosechas por año, los jóvenes guerreros se ofrecían como mercenarios a los jefes de las tribus vecinas. Si bien, con el tiempo se desplazaban hacia el oeste o el sur. De esta forma se extendieron, los celtas, por el norte de Italia y la Galia. Estas gentes ponían a la lumbre grandes calderos de bronce, para cocer verduras y carne. Y les gustaba beber hidromiel y cerveza. También, eran poseedores de un gran surtido de vestimenta, al tener buenas tejedoras y buenos curtidores, a base de lana de intenso colorido, adornadas con dibujos geométricos que sujetaban con cinturones de cuero. Llevaban gorros con campanillas, usaban colgantes y se cubrían en invierno con capas decoradas con motivos de bronce. Las mujeres más importantes lucían brazaletes, collares y aros, y se peinaban sus largos cabellos con trenzas o moños acompañados de oro o de otros metales preciosos.

Cuando los celtas adquirieron su máximo esplendor fue hacia el 700 A. c. Hubo grandes cambios en Europa y oriente próximo, debido a que civilizaciones poderosas estaban siendo destruidas. Los hititas desaparecieron por los invasores. Micenas acababa de sucumbir frente los dorios del norte. Pero faltaron unos cuántos siglos hasta que los celtas fueran sometidos por los romanos. Acababan de asentarse en el lugar donde más se le recordarían, ya conocían el hierro y estaban forjando una floreciente civilización. 
 



                                            Miniatura de bronce: carro con caldero funerario.


LAS MINAS DE SAL DE HALLSTATT

Los expertos dividen las primeras fase de la prehistoria celta en los períodos de Haalstatt (700 – 500 A. c.) y la Tène (500 A. c. y siglo I de nuestra era), que son los nombres de dos poblaciones, una austríaca y otra suiza donde se han localizado la mayor cantidad de objetos antiguos. Las minas de sal de Hallstatt se encuentran en Austria, en la montaña Salzberg en los Alpes. Fueron explotadas en el siglo IX A. c. por los celtas. En 1846, George Ramsauer era el encargado de la mina y estaba realizando un trabajo arqueológico durante muchos años. En ese tiempo abrió un millar de tumbas, para ir anotando todo lo que encontraba. Gracias a su trabajo, se sabe que allí vivieron unos mineros que conocían a la perfección el fundido de metales, tanto para haber forjado unas herramientas que les permitieron cavar galerías de más de 350 metros de profundidad, apuntaladas con armazones de madera, a las que accedian mediante escaleras. Como el interior era muy frío, dispusieron de un sistema primario de calefacción y para ver usaron antorchas de larga duración.

Alrededor de esta mina vivieron unas comunidades prósperas, que mantenían relaciones comerciales con escandinavos, griegos y etruscos. Disponían de caballos, abundante ganando doméstico y campos de cultivo. También, habían enterrado las cenizas de sus muertos en urnas, pero aparecieron también una mayor cantidad de esqueletos que ocupaban carros funerarios de cuatro ruedas juntos a otros objetos como recipientes para el vino y calderos de bronce de elaborado diseño griego y etrusco, collares de ámbar de Escandinavia y pomos de espada con incrustaciones de oro y marfil importados. También, muchas armas (lanzas, puñales, espadas, hachas etc.) estaban elaboradas en hierro. Lo cuál demuestra que estos celtas ya eran una civilización más avanzada. Al principio, se creían que eran productos importados pero se llegó a la conclusión más tarde que como su diseño y artesanía resultaban únicos, eran de fabricación propia y es cierto que disponían del hierro de las minas cercanas de los Alpes orientales. 


                                  Collar de ámbar, perteneciente a la cultura Hallstatt.


LOS CELTAS DE LA TÈNE

En el 500 A. c., estos formidables jinetes y mejores herreros fueron capaz de construir los primeros carros de guerra, provistos de dos ruedas, con duras llantas de hierro que avanzaban por cualquier sendero. Gracias a este medio, unido a las armas forjadas en hierro, se establecieron por todo la península itálica, ocuparon parte de Grecia y Asia menor, donde fundarían el país de Galacia y llegaron a la península ibérica y las islas británicas. La mayoría de los pueblos se sintieron atemorizados ante su empuje, aunque después los admiraron debido a sus habilidades técnicas, la calidad de su arte, por su fervor religioso. En el 390 A. c. saquearon Roma y en el 279 A. c. atacaron la ciudad griega de Elfos, donde fueron derrotados. Sin embargo, se asentaron en los Balcanes. Un nutrido grupo de guerreros celtas eran mercenarios, como lanceros que sirvieron a las órdenes de muchos dirigentes, como Alejandro Magno. Se sabe que los celtas llegaron a China.

En el 255 A. c. estos celtas de Tène comenzaron a declinar, fueron derrotados en Telamón, cerca de Roma, por los ejércitos imperiales. Aunque sobrevivirían por dos siglos más. Se puede afirmar que el año 58 A. c. con la conquista de Galia por Julio César, los celtas fueron sometidos. Pero su influencia cultural no fue eliminada, como sus costumbres ancestrales. Se modificaron las costumbres, las viviendas adquirieron otras dimensiones y de las tribus se pasó a las ciudades.



                                 Distribución de los celtas entre 800 A.c y 250 A.c. 


ESTRABÓN Y LOS CELTAS

El geógrafo Estrabón extendió los limites occidentes de la Galia del siglo I A. c. desde la península ibérica hasta el Canal de la Mancha, mientras que los orientales los alargó desde el Rin hasta los Alpes. Este país contaba con grandes ríos, con fértiles campos de cultivo y en trozos navegables. En este territorio celta se cosechaba una gran cantidad de mijo y trigo, uvas, higos etc... y había gran cría de bueyes, ovejas, caballos y cerdos. Los celtas elaboraban algunos subproductos como los ahumados, salazones y conservas. Las mujeres eran rubias y pelirrojas, tenían muchos hijos porque estaban sometidas a un trabajo permanente, tenían buena alimentación y, un concepto, patriarcal de familia. Para Estrabón, los celtas se ese tiempo eran guerreros apasionados, muy inclinados a la disputa, aunque generosos. Si bien, ingenuos puesto que se habían dejado vencer con sencillas estratagemas romanas. Pero eso no fue obstáculo para que se convirtieran en los mejores guerreros dentro del ejército romano, aunque combatían mejor montados a caballo que a pié. 

Las casas de los celtas eran grandes, construidas con vigas rematadas en arcos, y disponían de paredes de mimbre entrelazada, más gruesa que la usada en los cestos, la cuál cubrían con una especie de argamasa para darle gran consistencia y, además, impedir la entrada del aire y el agua. Los techos eran de una paja especia, que se cubría con betún para hacerlos impermeables. El problema era que eran muy sensibles al fuego, sobretodo cuando se enfrentaron a los romanos que usaban diferentes tipos de armas incendiarias.

Los últimos bastiones celtas se encontraban en Irlanda, Escocia, País de Gales y la Isla de Man, debido a que no fueron ocupadas por Roma. Esto permitió que en esas zonas se conservara más pura esta civilización, donde los druidas guiaban al pueblo en su condición de sacerdote, curandero, mago y  juez y conservadores de la tradición oral. También, en Cornualles y Galicia se conservó bastante arraigado lo celta a pesar de la presencia romana. Estos bastiones nunca renunciaron a sus tradiciones.



                                                                 Poblado celta


LIBROS RELACIONADOS:

Norton-Talylor, Duncan: los Celtas.

Markele, Jean: Los celtas y la civilización celta.

Hubert,, Henri: Los celtas y la civilización céltica.


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