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domingo, 12 de julio de 2015

LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

 CURIOSIDADES:



Estando en la República de Colombia, su secretaria general y en comunicado reservado hacia el Cuartel General de Guayaquil, en 29 de julio de 1822. El señor secretario de Relaciones Exteriores recibe lo siguiente:

Tengo el honor de participar a Vuestra Señoría que el 26 del corriente entró en esta ciudad Su Excelencia el general José de San Martín, el protector de Perú, y tengo el deber de transmitir a Vuestra Señoría las más importantes y notables materias que fueron objeto de las sesiones entre Su Excelencia Simón Bolívar el Libertador y el Protector de Perú, mientras estuvo aquí.


REPRESENTACIÓN DE BOLIVAR Y SAN MARTÍN EN LA CONVERSACIÓN


Desde que Su Excelencia el Protector vio a bordo a Su Excelencia el Libertador le manifestó los sentimientos que le animaban de conocer a Su Excelencia, abrazarle y protestarle una amistad la más intima y constante. Seguidamente lo felicitó por su admirable constancia en las adversidades que había experimentado y por el más completo triunfo que había adquirido en la causa que defiende, comándalo en fin de elogios y de exageraciones lisonjeras. Su Excelencia contestó del modo urbano y noble, que en tales casos exige la justica y la gratitud.

El protector se abrió desde luego a las conferencias más francas y ofreció a Su Excelencia que pocas horas en tierra serían suficientes para explicarse. Poco después de llegado a su casa no habló otra cosa el Protector sino de lo que ya había sido el objeto de su conversación., haciendo preguntas vagas e inconexas sobre las materias militares y políticas sin profundizar ninguna, pasando de una a otra y encadenando las especies más graves con las más triviales. Si el carácter del Protector no es de este género de frivolidad que aparece en su conversación, debe suponerse que lo hacía con algún estudio. Su Excelencia no se inclina a creer que el espíritu del Protector sea de este carácter aunque tampoco le parece que estudiaba mucho sus discursos y modales. Las especies más importantes que ocurrieron al Protector en las conferencias con Su Excelencia durante su mansión en Guayaquil, son las siguientes:

En primer lugar, al legar a la casa preguntó el Protector a Su Excelencia si estaba muy sofocado por los enredos de Guayaquil, sirviéndose de otra frase más común y grosera aún cual es pellejerías, que se supone ser el significado de enredos; pues el mismo vocablo fue repetido con preferencia al tiempo que hacía que estábamos en revolución, en medio de los mayores embarazos.

En segundo lugar, el Protector dijo espontáneamente a Su Excelencia y sin ser invitado a ello, que nada tenía que decirle sobre los negocios de Guayaquil, en los que no tenía que mezclarse, que la culpa era de los guayaquileños refiriéndose a los contrarios. Su Excelencia le contestó que se habían llenado perfectamente sus deseos de consultar a este pueblo; que el 28 del presente se reunían los electores y que contaba con la voluntad del pueblo y con la pluralidad de los votos de la Asamblea. Con esto cambió de asunto y siguió tratando de negocios militares relativos a la expedición que va a partir.

En tercer lugar, El Protector se quejó altamente del mando y sobre todo se quejó de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima. Aseguró que iba a retirarse a Mendoza; que había dejado un pliego cerrado para que lo presentasen al Congreso, renunciando al protectorado; que también renunciaría la reelección que contaba se haría en él. Que desde luego que obtuviera el primer triunfo se retiraría del mando militar, sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse dejaría bien establecidas las bases del gobierno; que este no debía ser democrático en el Perú porque no convenía, y últimamente que debería de venir de Europa un príncipe aislado y solo a mandar aquel estado. Su Excelencia contestó que no convenía a la América ni tampoco a Colombia la introducción de príncipes europeos porque eran partes heterogéneas a nuestra masa; que Su Excelencia se opondría por su parte si pudiese pero que no se opondría a la forma de gobierno que quiera darse cada Estado, añadiendo sobre este particular Su Excelencia todo lo que piensa con respecto a la naturaleza de los gobiernos, refiriéndose en todo a su discurso al Congreso de Angostura. 


JOSE DE SAN MARTÍN, EL PROTECTOR DEL PERÚ


El Protector replicó que la venida del príncipe sería para después, y Su Excelencia repuso que nunca convenía que viniesen tales príncipes; que Su Excelencia había preferido invitar al general Iturbide a que se coronase con tal que no viniesen borbones austriacos, ni otra dinastía europea. El Protector dijo que en el Perú había un gran partido de abogados que querían república, y se quejó amargamente del carácter de los letrados. Es de presumirse que el designio que tiene es erigir ahora la monarquía sobre el principio de darle la corona a un príncipe europeo, con el fin, sin duda, de ocupar después el trono el que tenga más popularidad en el  país o más fuerzas de que disponer. Si los discursos del Protector son sinceros, ninguno está más lejos de ocupar tal trono. Parece muy convencido de los inconvenientes del mando.

En cuarto lugar, El Protector dijo a Su Excelencia que Guayaquil le parecía conveniente para residencia de la federación., la cual ha aplaudido extraordinariamente como la base esencial de nuestra existencia. Cree que el gobernó de Chile no tendrá inconveniente en entrar en ella; pero si el de Buenos Aires por falta de unión en él; pero que de todos modos nada desea tanto el Protector como el que subsista la federación del Perú y Colombia aunque no entre ningún otro Estado más en ella, porque juzga que las tropas de un Estado al servicio del otro deben aumentar mucho la autoridad de ambos gobiernos con respecto a sus enemigos internos, los ambiciosos y revoltosos. Esta parte de la federación es la que más interesa al Protector y cuyo cumplimiento desea con más vehemencia. El Protector quiere que los reclutas de ambos Estados se remitan recíprocamente a llenar las bajas de los cuerpos; aun cuando sea necesario reformar el total de ellos por licencias, promociones u otros accidentes. Mucho encareció el Protector la necesidad de esta medida, o quizás fue la que más apoyó en el curso de sus conversaciones.

En quinto lugar, Desde la primera conversación dijo espontáneamente el Protector a Su excelencia que en la materia de límites no habría dificultad alguna; que él se encargaba de promoverlo en el Congreso, donde no le faltarían amigos. Su Excelencia contestó que así debía ser principalmente cuando el tratado lo ofrecía del mismo modo, y cuando el Protector manifestaba tan buenos deseos por aquel arreglo tan importante. Su excelencia creyó que no debía insistir por el momento sobre una protección que ya se ha hecho de un modo enérgico y a la cual se ha denegado el Gobierno del Perú bajo el pretexto de reservar esta materia legislativa al Congreso; por otra parte, no estando encargado el Protector del poder ejecutivo, no parecía autorizado para mezclarse en este negocio. Además, habiendo venido el Protector como simple visita sin ningún empeño político ni militar, pues ni siquiera habló formalmente de los auxilios que había recibido Colombia y que sabia se aprestaban para partir, no era delicado prevalerse de aquel momento para mostrar un interés que habría desagradado sin ventaja alguna, no pudiendo el Protector comprometerse a nada oficialmente. Su Excelencia ha pensado que la materia de limites debe tratarse formalmente por una negociación especial en que entren compensaciones reciprocas para rectificar los limites.


SIMON BOLIVAR TRAS LA ENTRADA TRIUNFAL EN CARACAS DE 8 AGOSTO 1813 RECIBE EL TÍTULO DEL LIBERTADOR


En sexto lugar, Su Excelencia El Libertador habló al Protector de su última comunicación en que le proponía que adunados los diputados de Colombia, el Perú y Chile en un punto dado, tratasen con los emisarios españoles destinados en Colombia con este objeto. El protector aprobó altamente la proposición de Su Excelencia y ofreció enviar, tan pronto como fuera posible, al señor Rivadeneira, que se dice amigo de Su Excelencia el Libertador, por parte del Perú con las instrucciones y poderes suficientes, y aun ofreció a Su Excelencia interponer sus buenos oficios y todo su influjo para con el Gobierno de Chile a fin de que hiciese otro tanto por su parte, ofreciendo también hacerlo todo con la mayor brevedad a fin de que se reúnan oportunamente estos diputados en Bogotá con los nuestros.
Su Excelencia habló al Protector sobre las cosas de Méjico, de que no pareció muy bien instruido y el Protector npo fijó juicio alguno sobre los negocios de aquel Estado. Parece que no ve a Méjico con una grande consideración e interés.

Manifiesta tener una gran confianza en el director supremo de Chile, general O’ Higgins, por su grande tenacidad en sus designios y por la afinidad de principios. Dice que el Gobierno de la provincia de Buenos Aires va cimentándose con orden y fuerza sin mostrar grande aversión a las disidentes de aquellos partidos; que aquel país es inconquistable; que sus habitantes son republicanos y decididos, que es muy difícil que una fuerza extraña los haga entrar por camino, y que de ellos mismos debe esperarse el orden.

El Protector piensa que el enemigo es menos fuerte que él y que sus jefes, aunque audaces y emprendedores, no son muy temibles. Inmediatamente va a emprender su campaña por Intermedios en una expedición marítima y también por Luna, cubriendo la capital por su marcha de frente.

El protector ha dicho a Su Excelencia que pida al Perú todo lo que guste, que él no hará más que decir si, si a todo, y que espera que en Colombia se haga otro tanto. La oferta de sus servicios y amistad es ilimitada, manifestando con satisfacción y una franqueza que parecen sinceras.

Estos son, señor secretario, las especies más importantes que han tenido lugar en la entrevista del Protector con Su Excelencia. Yo las transmito a Vuestra Señoría para inteligencia del Gobierno y ha procurado valerme casi de las mismas expresiones de que han usado Sus Excelencias.

Pero unos días más tarde, en concreto el 29 de julio el señor Intendente del Departamento de Quito el general A. J. de Sucre recibe lo siguiente de la Secretaria General en Guayaquil:

Tengo el honor de participar a Vuestra Señoría que el 26 a las nueve de la mañana entró en esta ciudad Su Excelencia el Protector de Perú. El Protector, luego se vio a su Excelencia el Libertador a bordo del buque que lo conducía le manifestó del modo más cordial los sentimientos que le animaban de conocer al Libertador, abrazarle y protestarle una amistad intima, sincera y constante. Felicitó a Su Excelencia el Libertador por la constancia admirable de la causa que defiende en medio de las adversidades que ha experimentado y por el triunfo que ha coronado su heroica empresa; en fin el Protector manifestó a Su Excelencia de todos modos su amistad, colmándolo de elogios y de exageraciones lisonjeras.

Su Excelencia el Libertador contestó del modo urbano y noble que exigen en tales casos la justicia y la gratitud. El Protector se abrió a las conferencias más francas que se redujeron principalmente a las siguientes:

A las circunstancias en que se ha encontrado últimamente esta provincia en razón de las opiniones políticas que la han agitado. Espontáneamente, dijo el Protector a Su Excelencia que no se había mezclado en los enredos de Guayaquil en los que no tenía la menor parte y que la culpa era de ellos, refiriéndose a los contrarios. Su excelencia le repuso que se habían llenado sus deseos de consultar este pueblo; que el 28 se reunían los electores, que contaba con la voluntad del pueblo y los votos de la Asamblea. Con esto varió de asunto el Protector y siguió tratando de negocios militares y de la expedición que va a marchar.

El Protector se quejó mucho del mando y sobre todod de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima. Aseguró que iba a retirarse a Mendoza: que había dejado un pliego cerrado para que lo presentasen al Congreso renunciando al Protectorado y que también renunciaría la elección que contaba se haría en él, y que luego que ganara la primera victoria se retiraría del mando militar sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse pensaba dejar bien puestas las bases del gobierno. Que éste no debía ser democrático porque en el Perú no conviene, y últimamente dijo que debería venir de Europa un príncipe solo y aislado a mandar en el Perú. Su Excelencia contestó que en América no convenía, ni a Colombia tampoco, la introducción de príncipes europeos porque eran partes heterogéneas a nuestra masa, y que por su parte Su Excelencia se opondría a ellos si pudiese, mas sin oponerse a la forma de gobierno que cada uno quiera darse. Su Excelencia repuso todo lo que él piensa sobre naturaleza de los gobiernos, refiriéndose en todo a su discurso en el Congreso de Angostura. El Protector replicó que la venida del príncipe sería para después.


En agosto logra la independencia de Colombia en la batalla de Boyacá, el 7 de agosto, y después de 2 años de luchas, la independencia de Venezuela se consolida con la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.


Es de presumirse que el designio que se tiene en el Perú es el de erigir una monarquía sobre el principio de darle la corona a un príncipe europeo con el fin, sin duda, de ocupar después el trono el que tenga más popularidad en el país, o más fuerza de que disponer. Si los discursos del Protector son sinceros ninguno está más lejos de ocupar tal trono. Parece muy convencido de los inconvenientes del mando.

El Protector aplaudió altamente la federación de los estados americanos como la base esencial de nuestra existencia política. Le parece que Guayaquil es muy conveniente para la residencia de la federación. Cree que Chile no tendrá inconveniente en entrar en ella; pero si Buenos Aires por falta de unión y sistema. Ha manifestado que nada desea tanto como el que la federación de Colombia y el Perú subsista aunque no entren otros estados.

El Protector piensa que el enemigo es menos fuerte que él y que aunque sus jefes son audaces y emprendedores no son muy temibles. Inmediatamente y por Lima, cubriendo la capital con su marcha de frente.

El Protector, desde las primeras conversaciones, dijo espontáneamente a Su Excelencia que la materia de límites entre Colombia y el Perú se arreglaría satisfactoriamente y no habría dificultad alguna. Que él se encargaba de promover en el Congreso, desde no le faltarían amigos, este negocio.

El protector ha manifestado a Su Excelencia que pida todo lo que guste al Perú, que él no hará más que decir sí, si a todo y que él espera otro tanto de Colombia. La oferta de sus servicios y de su amistad es ilimitada, manifestando una satisfacción y una franqueza que parecen sinceras. La venida del Protector a Colombia no ha tenido un carácter oficial, es puramente la visita la que ha hecho a Su Excelencia el Libertador, pues no ha tenido ningún objeto ni político ni militar, no habiendo hablado siquiera de los auxilios que ahora van de Colombia al Perú.

Ayer al amanecer marchó el Protector manifestándose a los últimos momentos tan cordial, sincero y afectuoso por Su Excelencia como desde el momento en que lo vio.

El batallón vencedor en Bocayá y el batallón Pichincha se han embarcado ayer para seguir al Perú. Antes se había embarcado Yaguachi para el mismo destino. Estos tres cuerpos ascenderán a mil ochocientos hombres, que con cerca de ochocientos que tiene la antigua Numancia, llamado hoy Voltijeros de la Guardia, formarán la división de Colombia auxiliar del Perú.

Su Excelencia ha dispuesto que el regimiento de Dragones del Sur mandado del coronel Cestari venga a esta ciudad, cuya orden se le ha comunicado ya. Mañana se reúne al Junta Electoral de esta provincia para decidir formal y popularmente su incorporación a Colombia. Probablemente no habrá un voto en contra y aquí los negocios tomarán el curso regular en que deben quedar para siempre bajo nuestro sistema constitucional. 

Fuente_J.G.PEREZ

Pero ese mismo día Simón Bolívar comunicó al general lo siguiente:

Antes de ayer por la noche partió de aquí el general San Martín, después de una visita de treinta y seis o cuarenta horas; se puede llamar visita propiamente, porque no hemos hecho más que abrazarnos, conversar y despedirnos. Yo creo que él ha venido por asegurarse de nuestra amistad, para apoyarse con ella con respecto a sus enemigos internos y externos. Lleva mil ochocientos colombianos en su auxilio, fuera de haber recibido la baja de sus cuerpos por segunda vez, lo que nos ha costado más de seiscientos hombres; así recibirá el Perú tres mil hombres de refuerzo, por lo menos.

El Protector me ha ofrecido su eterna amistad hacia Colombia; intervenir a favor del arreglo de límites, no mezclarse en los negocios de Guayaquil; una federación completa y absoluta aunque no sea más que con Colombia, debiendo ser la residencia del congreso Guayaquil; ha convenido en mandar un diputado por el Perú a tratar, de mancomún con nosotros, los negocios de España con sus enviados; también ha recomendado a Mosquera a Chile y Buenos Aires, para que admitan la federación; desea que tengamos guarniciones cambiadas en uno y otro estado. En fin, él desea que todo marche bajo el aspecto de la unión, porque conoce que no puede haber paz y tranquilidad sin ella. Dice que no quiere ser rey, pero que tampoco quiere la democracia y si el que venga un príncipe de Europa a reinar en el Perú. Esto último yo creo que es pro forma. Dice que se retirará a Mendoza, porque está cansado del mando y de sufrir a sus enemigos.


MAPA INDEPENDENCIA AMERICA ESPAÑOLA


No me ha dicho que trajese proyecto alguno, ni ha exigido nada de Colombia, pues las tropas que lleva estaban preparadas para el caso. Solo me ha empeñado mucho en el negocio de canje de guarniciones; y, por su parte, no hay género de amistad ni de oferta que no me haya hecho.

Su carácter me ha parecido muy militar y parece activo, pronto y no lerdo. Tiene ideas concretas de las que a usted le gustan, pero no me parece bastante delicado en los géneros de sublime que hay en las ideas y en las empresas. Últimamente, usted conocerá su carácter por la memoria que mando con el capitán Gómez, de nuestras conversaciones, aunque le falta la sal de la crítica que yo debería poner a cada una de sus frases.

Hoy están tratando los de la Junta Electoral de esta provincia sobre su agregación a Colombia: creo que se hará, pero pretendiendo muchas gracias y privilegios. Yo, encargado del poder ejecutivo en esta parte, me encargaré de la provincia, dejando al soberano congreso, libre de su soberana voluntad, para que salga del paso con su soberano poder. Aquí me servirá de algo la división de los poderes y las distinciones escolásticas concediendo la mayor, y negando la menor. Hemos logrado en estos días uniformar la opinión, a lo que no ha dejado de contribuir también la venida de San Martín, que ha tratado alos independientes con el mayor desdén. Esto en lo que se llama saber sacar partido de todo. No es para mí este elogio, sino para el que sabe lisonjear a tiempo, aunque sea al cuerdo. La prueba y la venganza no estarían hoy en le Perú, sin la política de San Martín; pero ya no hay más que esperar de estos bobos, y ahora le echa la culpa a ellos.

Gracias a Dios, mi querido general, que he logrado con mucha fortuna y gloria cosas bien importantes; primera, la libertad del Sur; segunda, la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera, la amistad de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado, que va darnos en el Perú gloria y gratitud, por aquella parte. Todos quedan agradecidos, porque a todo he servido, y todos nos respetan, porque nadie ha cedido. Los españoles mismos van llenos de respeto y de reconocimiento del Gobierno de Colombia. Ya no me falta más, mi querido amigo, si no es poner a salvo el tesoro de mi prosperidad, escondiéndolo en  un retiro profundo, para que nadie me lo pueda robar; quiero decir que ya no me falta más que retirarme y morir. Por Dios, que no quiero más; es por la primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento con la fortuna.

El coronel Lara va mandando estos cuerpos y después seguirá el general Valdés, es cuanto en esta ocasión tengo que participar a usted y quedo siempre de usted de corazón.

Fuente_Simon Bolivar