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viernes, 5 de julio de 2013

CUBA UNA HISTORIA DE INDEPENDENCIA.

El 10 de diciembre de 1898, España no solo perdía los últimos territorios que conservaba en ultramar, sino que ese día también desaparecía el poco prestigio que le quedaba y para el recuerdo quedaban los gloriosos tiempos pasados. Pero antes de centrarnos en el fatídico año 98, debemos remontarnos unos años atrás, concretamente a 1868, para comprender todos los sucesos que ocurrieron después.


Mientras España sufría las consecuencias de “La Gloriosa”, en Cuba otro grupo de revolucionarios, encabezados por el terrateniente oriental Carlos Manuel de Céspedes, se preparaban para proclamar la independencia de la isla, aprovechando la inestabilidad que reinaba en la península ibérica.

Hartos de la presión fiscal, de la esclavitud y de los abusos cometidos por España a lo largo de los siglos, el proyecto independentista cubano tomó forma el 10 de octubre, en el pueblo de Yara, donde se leyó la declaración de independencia, en el llamado “Grito de Yara”. Así daría comienzo la Guerra de los diez años, en la que el ejército cubano, más numeroso, experimentado en la guerra de guerrillas y con un conocimiento más profundo del terreno, tomará la iniciativa frente a un ejército español joven, inexperto y mucho menos numeroso que el cubano. Aun contando con estas ventajas, con el ímpetu revolucionario y con unos lideres tan capaces como Ignacio Agramonte, Máximo Gómez o Antonio Maceo; fue lastrado por las divisiones internas en las filas de los revolucionarios, la resistencia del ejército español, comandado por el conde de Valmaseda y Valeriano Weyler, y por una excesiva duración del conflicto, que favorecía la llegada de nuevas tropas desde España. Así, el 10 de febrero de 1878, se firmo la Paz de Zanjón donde se reconocía la supremacía del estado español, así como la derrota de los revolucionarios cubanos y la prohibición de atacar o luchar contra el poder español. Pero lo cierto es que el germen estaba creado y años después, bajo el carismático liderazgo de José Martí, la revolución vuelve a Cuba.

Martí, que durante la Guerra de los diez años había sido deportado a España, había trabajado siempre por el triunfo de la revolución desde el exilio, pero en 1895 le llegó el turno de poner esas ideas en práctica, en su querida Cuba, como líder del Partido Revolucionario Cubano. Así, en este año 95, estallaría una nueva guerra contra el estado español, concretamente el 24 de febrero, cuando 35 localidades orientales se levantaron en armas en el llamado “Grito de Oriente”. Enseguida se puso España en marcha, enviando numerosos efectivos a la isla, al mando del general Martínez Campos, para sofocar la revuelta, pero esta vez los revolucionarios estaban mucho más concienciados y unidos, siendo muy difícil para el ejército español detener su avance.

Aunque a los pocos meses de comenzar la guerra, el líder de la revolución José Martí muere en combate el 19 de mayo de 1895, los cubanos consiguen numerosas victorias sobre los españoles, haciendo que desde España se destituya a Martínez Campos para poner al mando a un viejo conocido, Valeriano Weyler, que en esta nueva etapa tomaría la vía de la dureza, llegando a crear campos de concentración para la población cubana, con el fin de que no pudiesen ayudar a los libertarios. Se calcula que murieron unos 100.000 cubanos en dichos campos. Aun así, Weyler no consiguió frenar el avance de una revolución que ya se había extendido por toda la isla. Para el año 97, las fuerzas españolas controlaban a duras penas sus principales puertos, hostigados por el ímpetu del ejército cubano y sin el respaldo de la metrópoli, que había agotado todos sus recursos económicos en esta guerra.

En el año 98, cuando España veía perdida la guerra e intentaba conseguir un acuerdo pacífico con los líderes cubanos, un suceso inesperado lo cambio todo.

Estados Unidos buscaba expandirse territorialmente, en su búsqueda de convertirse en una superpotencia, y tenía sus ojos puestos en Cuba, un puerto fundamental en sus ideas expansionistas. Por ello había enviado al acorazado Maine al puerto de La Habana, para proteger sus intereses en la isla, aunque una oportuna explosión del buque el 15 de febrero, en la que murieron dos tercios de la tripulación, le hizo entrar en el conflicto de lleno. España fue acusada de provocar la explosión del Maine, aunque a día de hoy la autoría del atentado sigue sin aclararse; y EE.UU. declaró la guerra a España, acabando con cualquier opción de victoria para el ejército español. La potencia de la alianza entre EE.UU. y Cuba hizo que España optase por la rendición, firmando el Tratado de Paris donde Cuba conseguía su ansiada libertad y Estados Unidos se anexionaba los antiguos territorios españoles de Puerto Rico y Filipinas. Mientras tanto, los españoles volvían a casa con las manos vacías y la sensación de haber perdido algo que nunca volverían a recuperar.


Escrito por Javier S. Roquero para Daniela D. Silva.